La verdad de las mentiras. Algunos economistas, a quienes considero sensatos, bien intencionados, y sobre todo éticos, están preocupados porque la economía del país no da señales de despegar, pero al mismo tiempo reconocen que hay factores acumulados que lo impiden. Es más, sostienen que el actual gobierno encontró al país en una situación mucho más compleja que la que le tocó enfrentar al presidente Cristiani. Y aun cuando las dificultades para este no eran menores, tenía totalmente de su lado al sector empresarial y la mayoría de la población volcada a favor de su gestión y la ilusión de la paz.
Escrito por Juan Héctor Vidal.21 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.
Los desequilibrios macroeconómicos en el campo fiscal y en las relaciones externas, por ejemplo, son más drásticos que hace veinte años y, en los hechos, todo el sistema es ahora más vulnerable por el régimen monetario vigente. El mismo ajuste que requiere el sistema se torna más difícil por esta misma razón. Algunos entendidos sugieren que hay que optar por una política de choque, para moderar esos desajustes que se vuelven cada vez insostenibles, lo cual implicaría atacar los excesos de demanda y agravar el problema del desempleo, con los consabidos efectos sociales. Un ajuste expansivo no es posible, sin política monetaria y una situación fiscal sumamente crítica.
Solo considerando estos últimos elementos ya tenemos una explicación del porqué el resto de países centroamericanos ya contemplan tasas de crecimiento consecuentes con su capacidad de hacer política económica, mientras El Salvador tendrá nuevamente en 2010 el peor desempeño. Seguiremos así a la zaga en materia de crecimiento en el contexto latinoamericano (solo superando a Venezuela) alargando un período que se ha vuelto ominosamente duradero, pues ya se extendió por 15 años.
El perfil de confianza que exhibe el país para inversionistas nacionales y extranjeros no abona las posibilidades de recuperación. A pesar de que el actual gobierno no ha dado pasos que indiquen el desmontaje del modelo económico, las dudas que proyecta la línea dura del partido que lo llevó al poder menoscaban la propensión de los empresarios a asumir riesgos, ya afectada por la delincuencia desbordada. Aquí puede encontrarse una justificación al juicio que constantemente expresan los agentes económicos, en el sentido de que al país no se le ve rumbo; pero tampoco ayudan a mejorar el clima de inversión aquellos mensajes aterradores que envían ciertos dirigentes de la oposición, solo por el prurito de desprestigiar al gobierno.
Ciertamente, el estado de la economía tiene implicaciones en todos los ámbitos de la vida nacional. Pero hay que reconocer que detrás de la desconfianza hay problemas estructurales e institucionales de vieja data y que se profundizan cada vez más, mientras como sociedad no tomemos conciencia de nuestra propia responsabilidad con visión de futuro. En este caso, aludimos al gobierno, partidos políticos, empresarios y en general a todos los actores sociales organizados, que revestidos de un auténtico patriotismo pueden ayudar a cambiar las cosas.
Bajo esta perspectiva, se requiere mayor ecuanimidad al momento de enjuiciar la ejecutoria del gobierno. Por supuesto que los gremios y cada uno de los salvadoreños estamos en nuestro pleno derecho de exigirle más acción para la reactivación económica, el combate a la delincuencia y más solidaridad con los pobres. Pero igualmente debemos estar conscientes de que los problemas involucrados son una clara expresión de que en el pasado no hicimos bien la tarea, lo cual ignoran o tratan de disfrazar incluso mentes brillantes, que en vez de ponerse al servicio de la causa nacional, actúan de manera cínica y hasta perversa.
No es con este tipo de actitudes que vamos contribuir a cambiar el rumbo económico, a fomentar la armonía social y a potenciar la gobernabilidad democrática; ello más bien solo favorece el desencuentro y las posiciones de los antisistema.
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