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2010/06/28

LPG-Transparencia, desarrollo y gobernabilidad

 La transparencia no solo es importante para impulsar el crecimiento y el desarrollo económico, sino también para favorecer la democracia.

Escrito por Roberto Rubio-Fabián.28 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

 

La exigencia por Estados y sociedades más transparentes ha venido cobrando fuerza y relevancia mundial durante los últimos 15-20 años. Esto no se origina solamente en una conciencia colectiva y global más abierta a la dimensión ética, sino también a una mejor comprensión sobre la importancia que la transparencia tiene en el desarrollo socioeconómico y político de las naciones.

A escala económica, se ha destacado la importancia que tienen Estados y mercados transparentes sobre el crecimiento y el buen funcionamiento de la economía. Según estimaciones del Foro Económico Mundial (2008), “el costo” de la corrupción estatal representaría alrededor del 5% del PIB a escala mundial; mientras que estudios del Banco Mundial en la materia calcularían que los costos de la corrupción estatal podrían llegar a reducir la tasa de crecimiento económico entre un -0.5% y 1%.

¿Cuánto le habrá costado al país la práctica de compra a precios inflados de medicamentos por parte del Seguro Social, el abono japonés donado que no llegó a los campesinos, el trasiego de influencias para evadir y eludir impuestos, las “mordidas” para otorgar permisos de construcción, las corruptelas en ANDA, los manoseos del Banco de Fomento Agropecuario, la inconclusa Diego de Holguín, las concluidas obras del Paseo Escalón, los semáforos que no funcionaron, el clientelismo político en el reparto de semillas, el manejo discrecional y oscuro de la partida presupuestaria de gastos imprevistos?

De igual manera, la falta de transparencia de los mercados también tiene sus efectos nocivos sobre la dinámica económica. La opacidad con que llevaron las cuentas las grandes compañías símbolo de la economía norteamericana (Enron, WorldCom, Andersen, Tyco International, Cisco System, Qwest Communications, Global Crossing, etc.) desembocaron, a fines de 2001 y principios de 2002, en una crisis cuyo costo sobre la Bolsa de Valores de Nueva York se estimó, según uno de sus vicepresidentes (A. Morban), en cerca de $400 mil millones. Y qué decir del hecho que los incalculables costos socioeconómicos de la recién crisis mundial de los subprime tienen su pecado original en la falta de transparencia del mercado financiero/inmobiliario.

¿Cuánto le habrá costado al país la opacidad que llevó al escándalo INSEPRO/FINSEPRO, o la falta de transparencia y/o información en los procesos de formación de precios de ciertos bienes y servicios esenciales (medicamentos, fertilizantes, hidrocarburos, comisiones bancarias, etc.), o la cosmetología contable de importantes empresas que permite la evasión de impuestos?

Pero la transparencia no solo contribuye al desarrollo económico por la vía de reducir los costos de la corrupción, sino también por su impacto en otras variables claves que inciden en el crecimiento económico: hay evidencia empírica que indica que los Estados y sociedades catalogadas más abiertas y transparentes son los que más atraen la inversión externa directa, así como los que presentan los más altos índices de competitividad.

Además de favorecer la captura de inversión extranjera y la competitividad, la transparencia contribuye a reducir las desigualdades en/entre sectores y estratos sociales en lo que ya se considera el cuarto factor de producción (junto a la tierra, el trabajo y el capital): la información y el conocimiento. Con ello se estimula el ensanchamiento, despliegue y fortalecimiento de las fuerzas y capacidades productivas. Asimismo, la transparencia es un importante ingrediente para evitar u obstaculizar la formación de mercados poco competitivos, o los procesos controlados y monopólicos de formación de precios, así como para prevenir crisis financieras.

Ahora bien, la transparencia no solo es importante para impulsar el crecimiento y el desarrollo económico, sino también para favorecer la democracia y la gobernabilidad.

La transparencia y el acceso a la información pública contribuyen al mejor funcionamiento y a la modernización del Estado: hace más eficiente el manejo presupuestario del gobierno central y local, así como vuelve más efectiva la política económica; contribuye a una mejor colaboración y coordinación entre las dependencias gubernamentales; cauteriza malas y viciadas prácticas legislativas y judiciales, etc. Por otra parte, la transparencia es uno de los mejores desinfectantes para las operaciones ilícitas y el combate al narcotráfico y el crimen organizado.

También la transparencia y el acceso a la información pública abonan a un mejor clima de confianza entre gobernantes, políticos y empresarios, así como contribuye a la construcción de los entendimientos políticos y sociales que los acuerdos nacionales demandan; entendimientos que, en nuestro país, hacen especial referencia a un pacto fiscal y a un pacto por la seguridad nacional. Finalmente, la transparencia aproxima la distancia entre el Estado y la Sociedad, algo fundamental para el logro y mantenimiento de la gobernabilidad en nuestras frágiles y precarias democracias.

Transparencia, desarrollo y gobernabilidad

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