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2010/06/27

LPG-Y después del 20-J

El horror del domingo 20 de junio de 2010 quedará impregnado en el lado maloliente (y doliente) de nuestra historia como uno de los episodios más reprochables que esta sociedad haya atestiguado en la época post Acuerdos de Paz. No hay manera de justificar tal barbarie, tal salvajismo, tanta crueldad. No hay explicación de marginalidad o pobreza que pueda maquillar este acto contra humildes ciudadanos, hombres y mujeres trabajadores, padres, madres, hijos, hermanos de alguien... hermanos nuestros... salvadoreños.

Escrito por Gabriel Trillos.27 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

Nada puede ser igual en este país después de este ataque que debe ser considerado un ataque contra todos y cada uno de los que vivimos y queremos seguir viviendo en El Salvador. Ya no valen mal llamados a la reflexión excesiva o la mente fría (que es igual que inacción) o la flexibilidad jurídica o a la mal enarbolada bandera de derechos humanos en pro de los criminales. Es hora de un cambio profundo en cada una de las mentes de esta sociedad, en cada de las instituciones, en cada una de las personas que deben tomar una decisión. Es la hora de volcarse de manera sincera y concreta (sin tanta palabrería) para detener este inclemente ataque contra El Salvador.

Las frases del presidente Funes la noche del pasado miércoles deben tener correspondencia de todos, sin excepción, sin politiquería, sin afanes electorales, sin calenturas cegadoras y mezquinas. Eso sí, el presidente y su equipo de trabajo en general de gobierno deben ser los primeros en dar el ejemplo y conformar sólidos liderazgos en esta cruzada contra el crimen. El discurso del presidente debe tener símbolos claros en la escena. Los vehículos blindados del ejército alrededor de las cárceles son apenas una muestra de lo que debería hacer; el cerco policial alrededor de Mejicanos, negro escenario de la muerte de 16 personas en atentados terroristas en microbuses, es otra muestra. Las acciones de la seguridad pública que dependen del Ejecutivo deben ser fuertes, firmes, sólidas.

El anuncio de la ley contra las pandillas debe ser una luz verde para que en conjunto el Poder Legislativo reconstruya el andamiaje jurídico alrededor de las acciones contra el crimen. Los diputados deben adecuar el conjunto de leyes a las necesidades reales y presentes y contundentes que estamos viviendo para poder mejorar la eficiencia de cualquier acción en la seguridad pública. Deben atender las voces de alerta sobre leyes garantistas, como lo que ya advirtió el ex magistrado Mauricio Clará sobre el Código Procesal Penal que entrará en vigor en octubre. Los congresistas deberían detener esa normativa y esperar a que se den las condiciones de país para poner en vigencia leyes divorciadas de nuestra realidad.

Dentro de esta cruzada debe incorporarse con prontitud el Poder Judicial. La Corte Suprema de Justicia y los jueces no pueden simplemente ponerse al margen y tomar una actitud pasiva, y de algunos juzgadores hasta politizadas. Hasta el momento, no ha habido propuesta en firme e institucional de este sector. No ha habido un pedido o una readecuación de su multimillonario presupuesto para, por ejemplo, reforzar a los tribunales antimafia, cuyos procedimientos son abreviados y especializados, o para apoyar a los jueces que sí quieren hacer por el país y aportar al combate del crimen. Esos jueces deberían utilizar su independencia para impulsar iniciativas en esta cruzada. No se puede permitir más su pasividad, pues el Estado en su conjunto debe defender a la sociedad y apoyar, tal como lo debe hacer más la Fiscalía. Esperamos que el procurador de Derechos Humanos retome un camino de defender los derechos de los honestos y trabajadores. Todos debemos aportar... Nada puede ser igual después de los atentados terroristas del 20-J.

Y después del 20-J

1 comentario:

  1. Yo ya vi en el futuro y veo que uds llamaran a una conferencia por la seguridad ciudadana en donde participaran todos los actores que tengan algo que paortan en la practica como pej la PNC, el ejercito, las iglesias, ONGs, universidades, partidos politicos para de alli dibujar un plan detallado de como y que hacer para parar el ritmo de violencia actual.

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