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2010/06/27

LPG-Más allá del terror

Los periodistas que estaban de turno el domingo pasado en LA PRENSA GRÁFICA no podían dar crédito a los hechos. Cuando cayó la primera llamada anunciando que había un ataque contra un microbús de la ruta 47 de Mejicanos y que había sido incendiado, nadie se imaginó que dentro estaban todos los pasajeros. Y cuando los equipos de periodistas llegaron y reportaron a los encargados del turno, la noticia parecía tan salvaje, tan increíblemente cruel y grotesca, que era difícil creer que algo de esa naturaleza estuviera pasando en El Salvador en pleno siglo XXI.

Escrito por Luis Laínez.27 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

De la guerra quedaron ecos de masacres cometidas en zonas rurales, crímenes que quedaron ocultos y que surgieron con el tiempo o cuyos sobrevivientes se encargaron de que no se olvidara. Pero nunca había sucedido algo tan demoledor en la zona metropolitana del Gran San Salvador. Ni siquiera en el fragor de la ofensiva final de noviembre de 1989 se escuchó que un bando hubiese dado fuego a sus enemigos para quemarlos vivos.

Y eso nos lleva a las razones de este acto terrorista. ¿Qué pretenden los criminales que lo llevaron a cabo? En España, la ETA recurre al terrorismo para exigir la creación de un Estado Vasco. Usar la vía equivocada del terror para defender y propagar ideas es absurdo e inhumano. Igual de absurdo, inhumano, cruel e ilógico es que grupos criminales, dedicados a la delincuencia, tengan la capacidad de sembrar terror en toda una sociedad.

¿Y todo por qué? Porque El Salvador no ha sabido fortalecer sus instituciones. Por décadas, la institucionalidad ha sido algo marginado.

Nunca un gobierno ha sido capaz de que las instituciones funcionen como deberían hacerlo.

El lunes se conocieron detalles de la masacre. Y todas muestran un ángulo diferente de cómo fallan varias instituciones: la Policía recibió una llamada al sistema de emergencias 911 de que pandilleros estaban comprando gasolina en bidones. La queja de los agentes fue que “no les dijeron en cuál gasolinera”.

Ahí hay dos fallas. Primero, ¿no es acaso la función de la Policía ser el brazo del Estado para la investigación, la cual debe ser dirigida por la Fiscalía? ¿Qué pasó con la inteligencia policial, es decir, los mecanismos de la corporación para conocer a la comunidad, adelantarles a los hechos y prever actos criminales?

Segundo, ¿por qué se vende gasolina a granel? ¿No hay disposiciones que prohíban tal práctica por la inseguridad que pueda significar trasladar en recipientes inadecuados un material tan inflamable? ¿Por qué los ciudadanos hacen y dejan hacer cosas que sencillamente no están bien? Eso vale tanto para vender gasolina en botellas plásticas como para los que arrojan basura por las ventanillas del bus.

Esto tiene que ver con la cultura cívica en El Salvador, que es muy débil y, en algunos casos, inexistente. Es otro fallo del sistema educativo y una muestra de la cultura en general.

Sin embargo, hubo otro hecho desgarrador. Fue el testimonio de un padre, que perdió a su hijo en el ataque. Dijo que había decidido ponerlo a trabajar y evitar que estudiara en un instituto nacional, porque enviarlo a un instituto era “entregarlo a las manos de las pandillas”. ¿En qué momento esta sociedad dejó que las instituciones públicas de educación se convirtieran en semilleros del crimen organizado, en la cantera de la delincuencia? ¿Cómo esta sociedad se dejó robar de esa forma a sus hijos?

Más allá del terror

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