En el caso específico de San Salvador, es claro que la intención de ordenar el centro y hacerlo funcional tiene sentido y debe viabilizarse en serio; pero justamente para ello se tendría que articular un plan mucho más completo y efectivo, que no sea sólo municipal sino nacional, porque el tema evidentemente lo es.
Escrito por Editorial.21 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.
Los graves disturbios callejeros desatados por las medidas de desalojo de vendedores informales en el centro capitalino vuelven a encender luces de alarma en la ya convulsa situación que se vive en el ambiente. Es claro que en nuestro país hay muchas cosas por corregir y por arreglar para que se pueda decir que la normalidad verdaderamente impera, pero dadas las condiciones tan sensibles de la realidad, las medidas correctivas y de ajuste, en todos los campos, tienen que desarrollarse con tino muy especial, para que el desorden no encuentre pretextos ni excusas para seguir imponiéndose, y más cuando se acompaña de violencia, que parece que siempre está lista para estallar.
En el caso específico de las ventas informales en las calles, el problema ha venido creciendo con el tiempo, sin que haya habido un tratamiento adecuado para evitar que prolifere. Este es otro caso en el que se evidencia que el cómodo “dejar que las cosas pasen” es la receta infalible para hacer que las cosas se salgan de control. Pasó con las “maras”, pasó con el transporte público, pasó con el auge delincuencial, pasó con el sistema carcelario, y podríamos seguir enumerando. Y todo porque en el país nunca se le ha prestado la debida atención institucional y social a aquel sencillo e infalible consejo de la sabiduría popular que dice que vale más prevenir que lamentar.
Ahora vienen los desalojos y la violencia como secuela. Es cierto que hay “manos peludas” delincuenciales que mueven hilos, pero también lo es que existe una problemática social y cultural en el trasfondo. No servirán por eso las medidas puramente mecánicas: como en todo, hay que ir a las raíces para hallar soluciones sostenibles.
La realidad es siempre compleja
Como decíamos no hace mucho, San Salvador se nos ha ido de las manos en muchos sentidos. En primer lugar, la falta endémica de desarrollo territorial en el país hizo que, a lo largo del tiempo, la capital se fuera convirtiendo en una especie de cabeza hipertrofiada del país, con todos los dolores de cabeza que eso acarrea. Descentralizar el desarrollo es, pues, una necesidad cada vez más urgente, si es que se quiere entrar de veras en una etapa de ordenamientos reales y sustentables de nuestras diversas realidades. La tarea es, desde luego, de alta complicación, y habrá que ir haciéndola con tino y con paciencia, para que los esfuerzos no se vuelvan contraproducentes.
La cuestión del ordenamiento correctivo que tanto estamos necesitando no es de índole puramente administrativa, sino de naturaleza social, lo cual significa que habría que aplicar estrategias que abarquen lo humano, lo económico, lo cultural y lo psicosocial. Desafortunadamente, en este como en tantos otros temas, la institucionalidad no parece ver más allá de lo inmediato, y por eso nunca hay soluciones en marcha que respondan a la verdadera magnitud y perspectiva de las problemáticas en juego.
En el caso específico de San Salvador, es claro que la intención de ordenar el centro y hacerlo funcional tiene sentido y debe viabilizarse en serio; pero justamente para ello se tendría que articular un plan mucho más completo y efectivo, que no sea sólo municipal sino nacional, porque el tema evidentemente lo es.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentarios que incluyan ofensas o amenazas no se publicaran.