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2010/06/18

LPG-Ojalá que sea el inicio de algo mayor

 La enérgica actitud del alcalde de San Salvador, Norman Quijano, en su intento por desalojar la ocupación ilegal de ventas callejeras en puntos estratégicos de San Salvador, es lo correcto. La reivindicación de los derechos usurpado, por una minoría en forma ilegal a una mayoría importante, a la enorme cantidad de gente que transita por el centro, a los comerciantes legales y a la ciudad en sí, es muy loable.

Escrito por Rafael Castellanos.18 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica. 

 

La población lo apoya. Con agrado, vemos que también apoyan políticos sensatos de otros partidos; notablemente el presidente Funes y el ex alcalde Silva. Muy bien, el interés común sobre la politiquería finalmente. No hemos visto aún la usual insensatez y ceguera política, producida por la polarización instalada por décadas, que ha hecho que los aciertos del oponente político, aun en temas de interés nacional, no solo no sean apoyados sino criticados. Bien por el alcalde Quijano, por el presidente Funes y el ex alcalde Silva. Esperamos que la Asamblea no enrede las cosas como suele suceder.

El problema del centro de San Salvador es representativo de muchos problemas que enfrentamos, en que los intereses de una minoría privan por la fuerza, o por el apoyo indebido de políticos con oscuras motivaciones o cobardía de enfrentarlos. Esa lamentable actitud nos pone en la categoría de país secuestrado por intereses minoritarios.

El desorden se ha extendido como un cáncer, avanza hacia diferentes zonas, se toma las vías y llega a la categoría de anarquía organizada; se adopta la actitud de que fuera un Estado adentro de otro Estado, inaceptable e impune. Detrás de las aparentes humildes personas que se tratan de ganar la vida con su venta, hay delincuencia, contrabando, crimen organizado y drogas que se esconden bajo los aparentemente inofensivos canastos con mercancías o alimentos.

En el centro se venden artículos robados y de contrabando que permiten precios muy bajos por casi cualquier cosa. DVD pirateados, ropa de marca falsificada o real a precios ridículamente bajos, pornografía, mercadería exótica, electrodomésticos baratísimos, etcétera. Entre el contrabando, el robo y la piratería organizada, se suman millones y millones que obviamente no contribuyen ni con la comuna ni con el Estado pagando tributos; sin embargo, los pobres vendedores pagan protección, la repartición del puesto o regalías a los grupos organizados que manejan todo este esquema ilegal.

Se ha llegado al colmo de que para que los visitantes que enviaba esta y las anteriores municipalidades al Centro Histórico con la misión de búsqueda cultural o de restauración, para su seguridad en una tierra sin ley —en que la Policía ni entra ni cuida— debían contar con el permiso o aprobación de una de las organizaciones o de los dirigentes de los ilegales. Insólito.

El país está lleno de situaciones parecidas al centro de San Salvador: minorías organizadas, violentas, imponen su voluntad y sus intereses sobre los de la mayoría. Lo vemos en las invasiones a propiedades en cualquier lugar. Los propietarios legítimos se las ven a palitos para recuperar el control de sus propiedades, muchas veces a grandes costos; otras después de décadas de costosos litigios y, muchas veces, amenazas.

Como este secuestro del país, se mantiene siempre presente el de los buseros, con su arrogancia, su abuso de los subsidios, su no pago de las esquelas perdonadas en la Asamblea, el no retiro de las unidades viejas, el tener su propia ley y estar por encima de los demás. Como este es fácil mencionar cualquier cantidad de situaciones en que la mayoría está prisionera de la minoría.

Ojalá el ejemplo del alcalde Quijano y el apoyo del presidente y un ex alcalde sean el principio de algo mayor, de un movimiento que rescate los derechos de la mayoría.

Ojalá que sea el inicio de algo mayor

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