Ante todo la democracia es representativa. Después, como me decía un amigo, podrá ser más o menos participativa o más o menos popular. La esencia de la democracia representativa es la separación de poderes.
Escrito por Roberto Rubio-Fabián.14 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.
“Chávez: Los Tres Poderes soy yo. Notas de un constitucionalista perdido en Caracas”. Así se titula el relato de un reconocido constitucionalista mexicano, Pedro Salazar Ugarte, invitado en diciembre del año pasado por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, al Congreso conmemorativo del X Aniversario de la Constitución de la República Bolivariana. Se trata de un interesante relato que revela varias facetas de la vida de Caracas, así como de la Revolución Bolivariana. Parte destacada del relato refiere a un aspecto fundamental de toda democracia: la separación de los tres poderes del Estado, y la necesaria dinámica de pesos y contrapesos institucionales.
He acá algunas frases del relato que permiten tener una idea de lo que piensa el llamado “nuevo constitucionalismo latinoamericano”, en palabras de la misma presidenta del Tribunal Supremo de Justicia:
“La Dra. Morales, cabeza del Poder Judicial del Estado venezolano, abre boca advirtiendo la necesidad de superar la ‘odiosa separación de poderes’. Lo dice así, textualmente. Después puntualiza: de lo que se trata es de dejar atrás la barrera clásica liberal de la separación entre los poderes que ha impedido que el Estado se erija como un solo ente. Esa concepción ‘liberal burguesa’ debe abandonarse en el ‘nuevo paradigma constitucionalista de Sudamérica’”.
“Chávez, afirma, pertenece a una corriente llamada ‘el historicismo’ que consiste, simplemente, en ser parte de la historia. Y hoy, en la Venezuela bolivariana, la división de poderes es una institución del pasado. La razón es simple: esa medida liberal y burguesa, debilita al Estado. Aunque ‘los reaccionarios nos quieren hacer pasar como dictadores’, dicho principio debe ser sustituido por el de la ‘autonomía entre poderes’, que es propio del ‘constitucionalismo popular’”.
“Su posición es nítida: el Estado debe tener objetivos únicos y comunes y todos los poderes deben abonar en esa dirección; lo contrario debilitaría su capacidad transformadora. Y, en Venezuela, no hay duda, ‘Hugo Chávez es el jefe de ese Estado’”.
Ante esas ideas, Ugarte reacciona y relata lo siguiente: “...Un pequeño grupo nos separamos para participar en una reunión programada con la finalidad de analizar el proyecto de una red de constitucionalistas ‘por un nuevo constitucionalismo’ que impulsan algunos colegas desde hace tiempo. En abstracto la idea de la red tiene aristas interesantes. No existe algo así en el continente y, en principio, podría ser una plataforma para promover la idea de que el derecho puede ser un instrumento para transformar a la realidad y no necesariamente para conservarla. El manifiesto en el que se recogen los principios básicos de la propuesta no está mal: habla de democracia, justicia social, división de poderes, circulación de los gobernantes. Por eso acepto asistir al encuentro. Pero, al entrar al terreno de la política, cae el telón. Su independencia frente a Chávez es, a todas luces, inexistente. Y, sin un Poder Judicial independiente, como nos enseñó MacIlwain, no hay espacio para las libertades... Yo no logro contenerme y, con cierto maquillaje teórico pero sin rodeos, le recuerdo una obviedad: el poder corrompe...”
“Nuevo constitucionalismo”, “constitucionalismo popular”, “nuevo paradigma constitucionalista”, “constitucionalismo histórico y bolivariano”, todos ellos conceptos barnizados de novedad que cubren viejas formas de gobernar, supuesto brillo político/jurídico para encubrir la opacidad de los tintes autoritarios de la monarquía, el nepotismo, el fascismo, el teocratismo. Constitucionalismo que tiende a anular las constituciones. Reflexiona al respecto Ugarte: “Yo no podía dejar de pensar en el texto del artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789: ‘una nación en la que los poderes no están divididos y los derechos no están garantizados, no tiene constitución’. Constitucionalismo dizque sometido al poder transformador del pueblo... con el único agravante que el Rey, el Soberano, el Ungido, el Presidente, es quien pretende asumir la voz y representación del pueblo”.
A ese constitucionalismo del siglo XXI, dice Chávez, “le tienen pavor los yanquis y sus lacayos”. Felizmente, se le puede decir a Chávez que no solo ellos le tienen pavor, sino también todos aquellos, socialistas e izquierda incluida, que creen en la democracia, y en uno de sus pilares, la separación de poderes. Ante todo la democracia es representativa. Después, como me decía un amigo, podrá ser más o menos participativa o más o menos popular. La esencia de la democracia representativa es la separación de poderes. El constitucionalismo del mal llamado Socialismo del Siglo XXI, al anularla y concentrar todo el poder, no solo lleva a afirmar que “los tres poderes del Estado soy yo”, sino también a afirmar que “el Estado y el Mercado soy yo”, tal como lo estamos viendo hoy en la sociedad y la economía venezolana.
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