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2010/06/22

LPG-La nueva, dolorosa rasgadura del PDC

El Partido Demócrata Cristiano llegó a tener una membresía, un arraigo en el pueblo, como nunca se había visto antes y, quizás, como jamás se ha vuelto a ver. Los recibimientos que tuvo Napoleón Duarte cuando regresó de su exilio en Venezuela fueron las concentraciones más apoteósicas que jamás haya tributado el pueblo salvadoreño a ninguno de sus líderes, vivos o muertos.

Escrito por Ivo Príamo Alvarenga.23 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

Estaba fresca todavía la memoria de la marejada humana que esperó al Dr. Arturo Romero, el Hombre Símbolo de las luchas populares del 44, expatriado en Costa Rica, cuando la Universidad de El Salvador intentó designarlo rector. Despertó un entusiasmo colosal, como solo él lo había disfrutado antes. Pero el recibimiento de Duarte lo superó con creces.

El imán de este atrajo tantos votos al PDC, que llegó a tener la mayoría en la Asamblea conocida como la “aplanadora verde”. Durante el primer período constitucional en el gobierno, sobre el partido cayeron sombras de ineptitud, corrupción y amiguismo, entre otras. Comenzaron a dividirse los que deseaban un cambio rectificador, de quienes, aprovechados del estado de las cosas, no deseaban que se modificaran. La pugna se hizo dura entre los primeros y los segundos que amalgamaban toda la malía del instituto, los cuales instauraron las asambleas generales amañadas, citando a ellas solo al que creían simpatizante, cambiándolas de lugar a último minuto, etc.

Ese fue el primer desgarramiento. Luego vino otro debido a las primarias internas que se quisieron establecer, y el antes poderoso gigante se desdobló en numerosos grupos enanos, de los cuales en algunos artículos llegué a identificar catorce.

A principios de los 90 se presentó un signo promisorio, el Movimiento Demócrata Cristiano Universitario, CDU, integrado por jóvenes que arremetieron contra la que llamaron “gerontocracia” (gobierno de los viejos), a la cual lograron desalojar de las posiciones de mando. Ese era un despertar alegre, un grupo juvenil que daría nueva vida, nuevas energías, y sobre todo sangre incontaminada de los vicios del pasado reciente. Lastimosamente fue un fiasco. Se tomaron y controlaban el partido con los males que venían corroyéndolo, y en vez de curarlos, los aumentaron a lo ancho y lo hondo. Nunca en el PDC se habían sufrido tantas y tan profundas lacras.

Al final, quedó en la dirección gente descalificada ideológica y éticamente. Su principal caudillo, que hizo del partido un negocio personal, llevó de candidato presidencial a Rodolfo Parker, quien le comió el mandado y se quedó de jefe.

No quiero entrar a juzgarlo ni a él, ni a las personas que lo rodean, entre las cuales hay algunos demócrata cristianos legítimos, de marca. Que se darán cuenta del estado lastimoso en que está el partido y podrían luchar por volver, si no totalmente, al menos en parte, a la grandeza de un tiempo.

Tendrán antes que nada retomar en su brillante luminosidad la ideología del partido que es el social cristianismo, hoy puesto al día con las excelentes Encíclicas producidas por los Papas como la “Caritas in Veritate” (La caridad en la verdad), publicada en junio del año pasado por Benedicto XVI, que pasa revista a la totalidad de los problemas económicos y sociales, en un marco de la economía de mercado, remarcando los deberes de solidaridad, justicia, honestidad que deben presidir sus relaciones.

La Encíclica es una enciclopédica revisión de la problemática de nuestros días. No hay un punto que escape de su enfoque. Es la Rerum Novarum del siglo XXI.

La nueva, dolorosa rasgadura del PDC

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