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2010/06/20

LPG-La apostasía se ha puesto de moda

 Apostasía, según el diccionario, es acción y efecto de apostatar. Y apostatar es –entre otros– abandonar un partido para entrar en otro, o cambiar de opinión o doctrina. A nuestros políticos-apóstatas los he llamado, antes, “trapecistas”, porque recuerdan aquellos intrépidos acróbatas en los circos, volando ágilmente de un trapecio a otro, pero siempre dependiendo de la red de seguridad que los resguarda de un fatal desliz.

Escrito por Ernesto Rivas Gallont.20 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

Dicho esto, revisemos un poco la historia de esta costumbre, ahora rutinaria en nuestros políticos. Quien puso de moda la otrora inusual y ahora común ocurrencia fue el PCN, a cuyas filas han acudido, atraídos, como a un panal de rica miel, por las bondades que ofrece a sus nuevos afiliados, varios políticos de renombre, antes militantes de partidos afines o no tan afines.

Todo comenzó así: el primero, tallado en barro, un prominente líder campesino quien se destacó en la Unión Comunal Salvadoreña (UCS), por afinidad se mete a “Pescado”, salta al trapecio que le ofrece ARENA, para luego caer en la red de seguridad que le tiende el PCN, hoy independiente; otro: tallado en bataholas, ex vicepresidente de la República del primer gobierno de ARENA, ex ministro del Interior, ex magistrado del Consejo Central de Elecciones, etc., protegido por la dolarización y aun otro: tallado en desencanto, ex presidente de la Asamblea Legislativa y cuñado del fundador y máximo líder de ARENA.

Desde entonces, la apostasía se ha vuelto algo muy común, pero ha alcanzado grados extremos desde que 14 diputados de ARENA dispusieron romper filas con su partido, declararse independientes para luego formar su propio partido, el asombrosamente ágil, enriquecido por generosos patrocinadores, GANA.

Lo último ocurrió la semana que termina, cuando tres diputados propietarios y dos suplentes se separaron de la DC y, al igual que sus predecesores, se declararon independientes. Hoy esperan negociar con otros partidos su incorporación, o constituirse en una fracción legislativa.

Sobre la etimología del calificativo de apóstata y sus derivados: El diccionario de la lengua española define apostasía como negar la fe de Jesucristo recibida en el bautismo; abandonar un religioso la orden a que pertenece; prescindir habitualmente el clérigo de su condición de tal, por incumplimiento de las obligaciones propias de su estado; y (el que nos interesa para el caso) abandonar un partido para entrar en otro, o cambiar de opinión o doctrina.

Históricamente la apostasía era considerada un crimen vergonzoso y aquellos culpables de cometerlo eran condenados a muerte. Esa fue la práctica del siniestro Tomás de Torquemada, monje dominico español nombrado, en 1483, gran inquisidor por el Papa Sixto IV, atendiendo recomendación de Su Majestad, Isabel la Católica, quien se valió de su cargo para investigar y castigar a Marranos (insinceros conversos judíos) y Moros, quienes eran quemados en la pira en “autos-da-fe”, por haberse convertido al cristianismo.

La referencia anterior no tiene intención de establecer semejanza entre nuestros apóstatas y los que dice la historia. Cualquier parecido es una mera coincidencia.

Cedo el espacio que me queda a la reverenciada Sor Juana Inés de la Cruz en su inmortal “Redondillas”: “[. . .]¿O cuál es más de culpar / aunque cualquier mal haga: / la que peca por la paga, / o el que paga por pecar? / Pues ¿para qué os espantáis / de la culpa que tenéis? / Queredlas cual las hacéis / o hacedlas cual las buscáis”.

Lea más sobre el tema, hoy en mi blog, http://blog.netorivas.net

La apostasía se ha puesto de moda

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