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2010/06/15

LPG-Fijando rumbo: analizando el pasado

 Es necesario un análisis objetivo del pasado para fijar rumbo al país, la mejor forma de combatir la pobreza, mejorar los índices de desarrollo humano, aclarar mitos, como el de que los 20 años de modelo neoliberal son la causa de todo mal.

Escrito por Rafael Castellanos.15 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

El momento complicado que vive el país demanda un análisis lúcido del pasado y de la situación en que nos encontramos, para fijar rumbo común en el mejor interés del país, esto es, en la manera más efectiva de combatir la pobreza, de crecer económicamente con equidad, de dar el salto cualitativo que nos pueda llevar de país pobre a medianamente desarrollado en veinte años.

Fijar el rumbo significa lograr acuerdos nacionales, como lo hicieron países exitosos, no puede ser la idea de un grupo, o solamente de quien ocupe el ejecutivo cuando se inicia el proceso, pues el rumbo debe mantenerse a lo largo del tiempo y sobrevivir a cambios de gobiernos de diferentes tendencias, como lo hicieron Chile, Irlanda, Singapur, Corea del Sur, Vietnam, entre otros.

Para proyectar a futuro con buena base es indispensable analizar con objetividad el pasado. Hay muchos mitos tomados por verdades absolutas, sin análisis que lo sustente, hay cualquier cantidad de análisis sesgados, sin rigor en el análisis, reflejo de la polarización que vivimos por décadas y de la falta de profundidad y seriedad en el debate, dominado por orientación política, no por análisis riguroso. No escapan a esto trabajos que debieran ser mejor enfocados, de economistas que decepcionan por su falta de objetividad.

El mito más grande es que en el país ha habido un modelo económico neoliberal que es el causante de todos los males. Primero, nunca se instaló tal sistema, faltaron muchos componentes, no hubo acuerdo nacional sobre las políticas que lo constituyen, faltaron reformas de segunda generación, mejorar la institucionalidad y el estado de derecho, fundamentales en el modelo. En el camino se desvió la pureza de los objetivos muchas veces para favorecer intereses, desde grandes conglomerados al caso emblemático de los buseros, no se desarmaron gran cantidad de conductas oligopólicas existentes, impidiendo la competencia, vital en el sistema. No llegó a descentralizarse, a focalizar los subsidios en los pobres únicamente, e implementar profunda y consistentemente las reformas sociales complementarias, educación, salud y la red social que lleva a la equidad.

Lo que hubo fue un buen inicio y una línea general de actuación que mantuvo a El Salvador como la gran promesa centroamericana por su apertura, modernidad, avances en la democracia y grado de libertad económica. En el camino, se perdió la mística de reducir el tamaño del Estado para hacerlo eficiente (no disminuyeron las plazas, aumentaron en algunos casos) y hacerlo fuerte para regular adecuadamente, con dientes.

Dicho esto, la verdad a medias es que es responsabilidad exclusiva del ejecutivo en sus diferentes administraciones. La responsabilidad es compartida. En un país en que la Asamblea Legislativa dividida necesitaba de componendas para que las leyes pasaran, el ejercicio de que los políticos secuestraran al país se profundizó y lo que se legislaba no necesariamente correspondía al camino que debiera seguirse.

Muchas medidas importantes fueron tomadas de manera sorpresiva y aunque las mismas y el resultado fueran convenientes para los intereses del país, dejaron sabor amargo y avivaron la polarización, lo que contribuyó grandemente a los análisis sesgados, con más hígado que análisis frío.

Pero con todas las falencias y falta de implementación de lo que quedó pendiente, los resultados de lo actuado son mucho más favorables que desfavorables, como la reducción de la pobreza en más de 20%, la sanidad macroeconómica bien, la crisis mundial y muchos resultados más que analizaremos en detalle en otras columnas y que están reflejadas en los informes de los organismos multilaterales y FUSADES. Son logros importantes que no se pueden negar, ni desvirtuar con clichés, ni análisis pobres y tendenciosos.

Lo que tienen más en común los cuatro gobiernos es el respeto a la democracia, aunque haya habido desviaciones serias hacia el continuismo en el último gobierno.

Una complicación estructural es no haber podido adoptar rumbo común con la izquierda. Los moderados, que tendrían una visión similar de país, fueron siempre purgados, los radicales tomaron control del FMLN, nunca se acercaron al centro.

Cada cinco años enfrentamos la fatalidad de caer en un régimen absolutista, revolucionario, eso nos hizo caer en un círculo vicioso de votar contra el FMLN por el peligro representado y una izquierda plural, moderada, no llegó al poder antes.

Eso produjo frustración profunda en todos los que al estar o sentirse marginados o a quienes les fue mal culparon comprensiblemente a los gobiernos acumulados y el mito sigue.

Hay mucho más que analizar sobre este mito y el de que toda izquierda es mala. Continuará.

Fijando rumbo: analizando el pasado

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