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2010/06/15

LPG-El crimen exhibe sin tapujos su internacionalización

 Preocupa pensar que la impaciencia de la ciudadanía, que ya pasó a desesperación, pueda desembocar en un desafío social a la legalidad, por insuficiencia sistemática de ésta.

Escrito por Editorial.15 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

El destape de una banda criminal que extorsionaba en El Salvador, haciendo que las víctimas enviaran el dinero extorsionado hacia cuentas en Estados Unidos, de donde regresaba al país en forma de “remesas”, sólo es un dato más en la cadena de acciones que el crimen organizado desarrolla para burla de todos los controles de la ley y de la institucionalidad. El centro aquí siguen siendo los penales, que se han convertido en oficinas seguras del crimen, lo cual demuestra el trastorno al que han llegado las cosas en el país, en lo que al auge delincuencial se refiere.

No cabe duda de que las fuerzas del crimen, aquí y en todas partes, son capaces de desarrollar al máximo la imaginación perversa, con tal de hacer avanzar sus “proyectos” delincuenciales. Esto reclama de la institucionalidad no sólo más efectividad técnica y operativa sino también mayor desarrollo de la creatividad antidelincuencial. Quedarse con los esquemas establecidos cuando el “enemigo” va disparado hacia adelante es la receta para extender la brecha de la inefectividad.

Las autoridades siempre están a la defensiva, frente al reclamo de la opinión pública. La Presidenta Kirchner, de Argentina, acaba de decir que habría que vacunar a los periodistas contra la “mala onda”; pero lo que se le olvidó decir es que a las autoridades de todos los niveles también habría que vacunarlas, pero contra la “mala praxis”. El hecho es que la lucha contra un flagelo como el que ahora representa el crimen en todas las latitudes necesita mucho más que tácticas rutinarias y estrategias convencionales. La emergencia es real, y en esa condición hay que tratarla.

Un trabajo bien articulado

El descubrimiento de la banda antes aludida es una muy buena noticia dentro de este panorama que describimos y vivimos. Ha habido un esfuerzo conjunto de entidades estadounidenses y nacionales, y los frutos son positivos. Sin embargo, no sólo se trata de descubrir lo puntual, sino de atacar el mal en sus estructuras más profundas, que son siempre las más poderosas e invisibles. Porque de poco sirve a la postre estar podando ramas cuando los troncos y las raíces se mantienen prácticamente intactos.

En todos los órdenes de esta lucha se requiere un trabajo bien articulado, que asegure que la institucionalidad pasa, en los hechos, de estar a la defensiva a ponerse eficazmente a la ofensiva. Es lo que la ciudadanía está clamando y lo que la realidad está demandando, porque el estado de cosas, en lo que a delincuencia e inseguridad se refiere, ya nadie lo soporta. Preocupa pensar que la impaciencia de la ciudadanía, que ya pasó a desesperación, pueda desembocar en un desafío social a la legalidad, por insuficiencia sistemática de ésta. Habría que evitarlo a toda costa.

Frente a la criminalidad regionalizada hay que dar una respuesta de institucionalidad también regionalizada, y en la que ésta haga valer todos sus instrumentos disponibles de una manera oportuna e irresistible. Las cosas han llegado demasiado lejos y los desafíos se presentan cada vez más dificultosos; pero enfrentar en serio las dificultades, tal como se presentan, es la responsabilidad del aparato estatal y de la ciudadanía en su conjunto.

El crimen exhibe sin tapujos su internacionalización

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