Cristina López G.19 de Junio. Tomado de El Diario de Hoy.
En medio del bullicio de cambios en el gabinete, renuncias y destituciones, el gobierno del Presidente Funes ha cumplido un año de gestión. El año del cambio ha estado acompañado por la publicidad de las acciones gubernamentales, que en lugar de distanciarlo de las gestiones anteriores con las que tanto se esmera en establecer criterios de separación, recuerdan por su similitud al vuelco que tenía la pasada administración hacia el populismo publicitado, que sigue siendo populismo, pero más caro para el contribuyente por que llena vallas publicitarias y páginas del periódico.
Unos continúan a la expectativa, apoyando al Presidente en las encuestas y a la espera del desarrollo del plan quinquenal para los próximos cuatro años. Otros, más pesimistas, siguen dando el beneficio de la duda.
El cambio, al final del primer año sí se dio, pero no fue por políticas públicas que pusieron al país en las ligas de los países desarrollados, sino porque fue de parte de otros actores que no necesariamente están en el gabinete de gobierno.
El cambio se dio para los señores de ARENA, nuevos en esto de ser oposición, pero rápidos en aprender el arte de criticar sin proponer, habiendo tenido como ejemplo al Frente durante veinte años. Impresiona cómo, a pesar de que gracias al partido tricolor se consiguieron logros reconocidos a nivel internacional en el crecimiento económico del país, como las acertadas políticas de liberación económica, apertura comercial y financiera, privatización de pensiones e ineficientes empresas estatales, sólo ha bastado un año fuera del gobierno para que se les olvidara que "el alto costo de la vida" no depende necesariamente del gobierno (con excepción del caso venezolano). Con este mensaje en enormes vallas, que en afán de desestabilizar busca convencer de manera equivocada al pueblo de que es el deber del gobierno bajar los precios, coquetean con la aterradora posibilidad de que el gobierno, por complacer al pueblo y mantener la ola de popularidad, decida bajar en forma artificial los precios o subsidiar, vulnerando así a la empresa privada o despilfarrando el gasto público.
Otra cambio, es que quienes antes fomentaban el odio de clases, con la satanización de las riquezas de altos empresarios, como si la posesión de lujos y comodidades, fuera culpable de que otros no tuvieran, pueden ser vistos ahora al volante de lujosos carros y atendidos por los servicios gastronómicos de grandes hoteles mientras siguen con el mismo discurso de condena al capitalismo y a la apertura comercial, el único sistema que podría sostener su alta demanda de bienes internacionales.
El cambio más positivo es el del pueblo. Ese pueblo, tan mencionado en los discursos, al que nadie le pone nombres ni caras, que nadie individualiza y que ha sido la justificación para el bochincherismo proselitista y las medidas populistas. En los últimos años, los mecanismos de participación e información se han multiplicado, gracias al auge de las tecnologías de la información, permitiendo que los discursos y políticas públicas sean difundidos, desmenuzados, analizados y debatidos con mayor énfasis por la creciente comunidad salvadoreña con acceso a redes sociales, que aglutina ideologías de todo el espectro político en un intercambio de ideas. de las publicitadas campañas populistas y a quienes ofende muchas veces que oposición y gobierno, partidos minoritarios y alcaldías, quieran darle "atol con el dedo". Se equivocaba el Presidente en su discurso cuando decía que era su gestión la que al formar el Consejo Económico y Social permitió por primera vez en años el diálogo entre sectores para trabajar juntos y debatir ideas contrapuestas. Eso no lo hizo él, lo hizo Facebook.
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