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2010/06/19

EDH- En territorio adulto

 Carlos Mayora Re.19 de Junio. Tomado de El Diario de Hoy.

Se habla del "síndrome de Peter Pan"; ese conjunto de síntomas que caracterizan a los adultos que no dejan ni las actitudes, ni las conductas de adolescentes: maduros físicamente, inmaduros psicológicamente.

Pero, actualmente, resulta que Peter Pan parece tener su contraparte. Le llamaremos el síndrome de "Benjamin Button": niños viejos, que a pesar de su edad cronológica parecen adultos; justo al contrario que Peter Pan: son inmaduros físicamente y "maduros" psicológicamente.

Son niños que forzados por las circunstancias de un entorno superficial y consumista, o de condiciones de vida extremadamente duras para su edad (que los dos casos se dan), parece que ya han superado la infancia; aunque en realidad la han evitado, en su prisa por llegar a disfrutar de los privilegios de los adultos, o por padecer situaciones por encima de sus capacidades.

Entran al mundo adulto sin capacidad para manejar las realidades con las que se enfrentan. Se echan encima responsabilidades para las que su inmadura libertad no está capacitada, y por ello viven en una ilusión permanente, en la superficialidad, en la frivolidad, para decirlo con una palabra.

Son forzados por la mentalidad consumista. Se les fomenta la vanidad desde edades muy tempranas, vendiéndoles –como el narcotraficante reparte su producto para enganchar a los incautos-, que tienen que agradar a cualquier costo. Están convencidos de que han de gustar, lucirse, ser "populares".

El consumismo les afecta mucho. Y no importa ni la clase social ni la capacidad adquisitiva. Gastan desproporcionadamente en ropa, productos cosméticos (los varones también), "'gadgets" electrónicos… Viven, los que tienen los medios, en Facebook, Hi5, Twitter… entornos virtuales que llegan a confundir con la realidad.

Empujados por la publicidad viven demasiado rápido y cuando se dan cuenta se les ha pasado la niñez. Aunque cronológicamente aún sean niños.

Buscan el éxito que ven en los modelos deportivos, cantantes y actores sin ni siquiera darse cuenta del trabajo que cuesta llegar a él. El mensaje de la equiparación de éxito y belleza es demasiado fuerte resistirlo. La seducción y la conquista se instalan en niños y niñas que no saben por qué actúan como lo hacen, a veces –tristemente- auspiciados por padres y amigos mayores.

Suelen crecer con abandono parental: padres que abdican de su responsabilidad educadora y la delegan en el propio niño, quien toma como referencia a sus abuelos, profesores, coetáneos y medios de comunicación; que se convierten para ellos en modelos adultos que deben ser imitados.

Son niños que se saltan estadios de desarrollo psicológico, físico y moral. Se desajustan interiormente como los mecanismos que son forzados más allá de sus capacidades. Los miedos y las inseguridades se apaciguan con cosas, y el afán de ser apreciado sin poder llegar a ser como sus modelos, termina en una baja autoestima, que con no poca frecuencia desemboca en comportamientos depresivos o violentos, más o menos intensos.

Como no se sienten aceptados; pues consideran que no se les dedica tiempo, que se recurre a la educadora sustituta por excelencia: la televisión, para entretenerlos, etc.; y porque muchas veces los papás los tratan como adultos chiquitos; terminan siendo ellos mismos el centro de su mundo.

La gran tragedia es que de mayores carecerán de recursos para ser felices; incapaces de amar porque nunca pudieron entender el sacrificio que el amor comporta, y por lo tanto incapaces también de hacer felices a los demás.

La infancia, esa etapa de la vida sin preocupaciones y donde la actividad reina es el juego, se les pasa en un santiamén, preocupados como están en ser adultos sin serlo, viven en un territorio para el que todavía no están preparados.

elsalvador.com :.: En territorio adulto

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