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2010/06/12

EDH-Sí pudieron

Carlos Mayora Re.12 de Junio. Tomado de El Diario de Hoy. 

Medellín es conocida por muchas razones. Entre ellas por su notable índice de criminalidad. Pero en eso está cambiando, pues ha disminuido de un aproximado de cuatro mil quinientos asesinatos anuales a seiscientos cincuenta, en un período de cuatro años.

Cuando supe el dato, me llamó poderosamente la atención. Yo también aplicaba a Medellín el cliché de los sicarios y el narcotráfico, de las desigualdades sociales y de la violencia criminal, de la falta de oportunidades y de la emigración forzada de los antioqueños… Pero ya no. Sergio Fajardo, alcalde de Medellín entre el año dos mil dos y el dos mil siete logró el "milagro".

¿Cómo lo hizo? Yendo a la raíz. Él mismo lo explica con una metáfora, en la que ilustra cómo las desigualdades sociales y la violencia son dos árboles distintos, que comparten las mismas raíces; tan enredadas entre sí, que parece un mismo problema con dos manifestaciones. Pero no: es necesario trabajar en la solución de los dos, un poquito a la vez, para alcanzar resultados.

Fajardo no es sociólogo, no es experto en política ni administrador. Es un profesor de matemáticas que, harto de que los políticos de su país no hicieran lo suficiente, se metió a funcionario público. Ganó las elecciones municipales y logró, con sus acciones, disminuir los asesinatos y alcanzar un clima de convivencia en toda la ciudad.

Es matemático y como tal dice que la comprensión más exacta de un problema es condición imprescindible para su solución, y por eso identificó tres causas cuya interacción provocaba muertes violentas a diario: profundas desigualdades sociales, deuda social histórica y una cultura de violencia.

Para conjurar esa tríada aplicó unos principios aparentemente sencillos: transformación de la política (el que paga para llegar, llega a pagar… con fondos públicos: corrupción) y hacer realidad una praxis de "quita y pone": quitar violencia y poner oportunidades.

Cada uno podría explicarse extensamente, y es lo que su autor hace en el libro titulado "Del miedo a la esperanza". Ahora sólo me propongo llamar la atención sobre el tema, y dejar claro (con la fuerza de los hechos), que es posible erradicar la violencia, bajar el índice de homicidios y poder vivir sin miedo, de veras.

El "quita y pone" es lo más inmediato, y se refiere a disminuir la violencia dando su verdadero lugar a la policía y a la aplicación de la ley; pero una vez hecho esto con continuidad, el que gobierna debe hacer acciones de intervención social que creen oportunidades, no sólo para que las personas violentas puedan reinsertarse con éxito al tejido social, sino para prevenir que la mayoría que se encuentra a las puertas de la violencia nunca entren en ese maldito ámbito.

Reinserción, limpieza del alma de los delincuentes, atención psicológica uno por uno, atención social para que pueda ser capaz de vivir en comunidad, y al mismo tiempo atención de los que no están en la violencia pero se encuentran a un paso de hacerlo. Por medio de la educación, motor de la transformación social.

Educación: espacios para el conocimiento, espacios para la cultura, espacios para el emprendimiento, educación pública de calidad. Educación que entra por los ojos: limpieza, arquitectura, urbanismo: "lo más bello para los más humildes", porque "la calidad de la educación empieza por la dignidad del espacio", dice Fajardo.

No sólo represión permanente, sino entender cada espacio de la ciudad. Comprender la problemática y dar posibilidades para los que no las tienen. Reprimir, pero al mismo tiempo mostrar un futuro asequible. Quitar violencia y poner oportunidades. Sólo así se puede pasar del miedo a la esperanza, como ellos lo han hecho.

*Columnista de El Diario de Hoy. carlos@mayora.org

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