Una ciudad limpia y ordenada es más segura, más productiva y económicamente más eficiente que la selva maloliente, peligrosa e inhumana en que se han transformado los centros de las ciudades
Editorial.23 de Junio. Tomado de El Diario de Hoy.
Buenas noticias para los diputados rojos que se rasgan las vestiduras por los vendedores desalojados: hay más de doce mil empleos en las maquilas que sólo esperan la decisión de Ministerio de Trabajo para hacerse realidad. Doce mil empleos, cuarenta veces más que los trescientos que temporalmente han sido suprimidos mientras la Alcaldía de San Salvador no reubique a los vendedores.
En vez de trabajar en condiciones insalubres, víctimas de extorsionistas y de las mafias que controlan las aceras, sin prestaciones de ninguna naturaleza y laborando de sol a sol, los empleos que las maquilas ofrecen son seguros, brindan las prestaciones que la ley estipula, están bajo techo y se protege al personal de la violencia callejera y de las amenazas de bandas delictivas.
La recuperación de los espacios públicos de San Salvador, al igual que los de todas las ciudades del país, tiene su costo pero acarrea superiores beneficios. Una ciudad limpia y ordenada es más segura, más productiva y económicamente más eficiente que la selva maloliente, peligrosa e inhumana en que se han transformado los centros de las ciudades.
Ha faltado calcular -pero no es difícil hacerlo-, el costo inmenso que tienen para San Salvador los atascos de tráfico, el cierre de vías a la circulación de vehículos, la muerte del centro urbano y el virtual abandono y creciente deterioro de las construcciones cuyas aceras y entradas están bloqueadas.
La informalidad tiene un enorme costo, resultado de la delincuencia que se ampara a su sombra, del tráfico de objetos robados y de los nocivos efectos que tiene sobre la población la venta de estupefacientes que se realiza en las aceras. Al cometerse un atraco, las armas y lo robado van pasando de puesto en puesto para despistar a las víctimas y a las autoridades, o al menos a las autoridades que cumplen con su deber. Los vendedores que no se prestan al diabólico juego son a su vez acosados y perseguidos.
La alternativa al orden de leyes es la selva
Lo más grave de la oposición montada contra el ordenamiento urbano es que promueve el desorden, alienta la desobediencia a la ley, apoya la existencia de pandilleros, da el pase al deterioro de los espacios públicos. Fueron los movimientos de izquierda en las décadas de los Setenta y Ochenta, los que se dedicaron a obstaculizar el comercio y las actividades formales de la ciudad, para emporcar paredes, agredir transeuntes y finalmente entregar las aceras al caos.
La primordial función de los poderes públicos es velar por la institucionalidad, ocuparse de que leyes y reglamentos compaginen con el espíritu del Derecho y de la Moral, que se proteja a los ciudadanos y se persiga la delincuencia. Eso, por desgracia, no está sucediendo en esta tierra, cada vez es más frecuente que el mal ejemplo venga de las autoridades y sean los partidos políticos los que alienten el relajo y el desacato a las leyes. Como muestra, la contaminación urbana se deriva en gran parte de la negativa de los diputados a autorizar el retiro de unidades de transporte chatarra, o el perdón a las multas de tránsito.
La alternativa a la convivencia pacífica y a un orden que propicie el progreso, es el imperio de la selva, las depredaciones de bandas de violentos, la dictadura y el pisoteo a las libertades personales.
elsalvador.com :.: ¿Les preocupa el desempleo? Hay doce mil esperando
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