Escrito por José Manuel Ortiz Benítez. 12 de Enero. Tomado de Salvadoreños en el Mundo.
Nos equivocamos si creemos que alguien en la administración Funes va a salir a dar la cara por el chaparrón que está cayendo gracias al memo, decreto, orden o sugerencia presidencial de contratar, de manera directa, la mayoría de las necesidades de imagen y publicidad institucional del gobierno central con la afortunada empresa, llamada creativa y concienzudamente Polistepeque, S.A..de C.V.
Los gurús del marketing político nunca entran en esos trapos. No es aconsejable. Es perverso para la imagen y, por tanto, la estrategia de los asesores de Funes –principalmente los señores Joao Santana y Luis Verdi– es y será siempre el silencio, la evasiva creativa y dejar que el tiempo ahogue la noticia en su propia salsa: el olvido mediático del cual son víctimas todas las noticias –las verdes, las azules y las amarillas– dentro del tablero informativo.
Efectivamente, hay mucho ruido en el ambiente por este hallazgo como si la contratación pactada de antemano por un gobierno fuera algo paranormal, cuando, en el fondo, es algo totalmente habitual, incluso en las democracias más avanzadas: los gobiernos, indistintamente de su color político, contratan sus servicios y compran sus productos normalmente alrededor de una sobremesa de mantel largo, con un buen cargamento de lomo asado y abundante vino tinto. Esa es la triste realidad, la otra, más triste aun, es la que se ventila en clubes nocturnos, bares de hoteles, yates, mansiones y ranchos privados, con la amena compañía del hielo, la botella de ron añejo y algún tipo de espectáculo en directo.
Las licitaciones públicas son artilugios democráticos, que por desgracia, pocos cumplen, mucho menos todavía en una nacioncita centroamericana chiquita, bonita, pobre, peleona, peligrosa, migrada e ideológicamente crispada como la nuestra, que ha desarrollado una sofisticada cultura de supervivencia y corrupción en los últimos 50 años.
–O sea que usted Sr. Ortiz está de acuerdo con esa práctica monopolística y poco transparente del presidente Mauricio Funes de dar todo el pastel a sus amigos y familiares en esa empresa de publicidad Suramericana– me encesta en toda la nariz mi estimable amigo Jonathan, como si yo, por el mero hecho de intentar explicar un viejo y conocido fenómeno en política, estuviera fomentando y promoviendo sus efectos perversos.
–Mi estimable y apreciado amigo Jonathan, tiene usted toda razón– le respondo, desenredando alguna matización que se ha quedado atravesada en la discusión.
La adjudicación, total o parcial, de la publicidad e imagen del actual gobierno de El Salvador a Polistepeque, S.A. de C.V. por el carril de la Contratación Directa es una muestra “light” de agradecimiento y gratitud –auténtica y genuina– a Joao Santana y Luis Verdi, por haberse dejado literalmente el pellejo en la victoria presidencial de Mauricio Funes y, por esa misma lógica, también es inevitablemente un ejemplo legítimo de conecte y compadrazgo que riñe ligeramente con los estándares de ética, transparencia y probablemente con la propia ley de adquisiciones y contrataciones de la administración pública.
Los extensos y espesos principios de ética y transparencia los dejamos para otro día, pero la ley no.
Esto es lo que dice la ley respecto de la Contratación Directa por parte de las administraciones públicas en El Salvador:
Capítulo V, Art. 72.- El procedimiento de la Contratación Directa sólo podrá acordarse al concurrir alguna de las situaciones siguientes:
a) Si así lo exigiere la protección de los derechos de propiedad industrial o intelectual, tales como patentes, derechos de autor u otros semejantes, cuando haya una sola fuente o cuando la especialidad profesional, técnica o artística objeto de las obligaciones contractuales no permita promover una licitación;
b) Por haberse declarado desierta por segunda vez la licitación o el concurso;
c) Por haberse revocado el contrato celebrado y por razones de urgencia amerite no promover nueva licitación;
d) Si se tratare de obras, servicios o suministros complementarios o de accesorios o partes o repuestos relativos a equipos existentes u otros previamente adquiridos, de los que no hubiere otra fuente;
e) Si se tratare de la adquisición de equipo o material de guerra, previamente calificado por el Ministro de la Defensa Nacional y aprobado por el Presidente de la República;
f) Si se diere el calificativo de urgencia de acuerdo a los criterios establecidos en esta Ley; y,
g) Si se tratare de una emergencia proveniente de guerra, calamidad pública o grave perturbación del orden.
En palabras más entendibles para el ciudadano poco aficionado a la lectura burocrática, lo que la ley de contratación pública dice es que la administración sólo puede contratar servicios y comprar productos por el CARRIL DIRECTO siempre que el servicio o producto sea una patente protegida, una obra maestra exclusiva, un producto o servicio de insuperable calidad, un material bélico único, una tuerca o pieza de repuesto excepcional, un producto o servicio para palear una emergencia, una calamidad o una perturbación del orden público. También se puede contratar por el carril exprés por una ausencia de proveedores. Sin ser jurista, sólo un buen lector del castellano, se entiende pues, que todas las compras y adquisiciones que no tengan estas particularidades, deben de ser diligentemente sacadas a licitación pública de acuerdo a la ley.
Lo anterior –es decir la ley– parece bastante claro: la CONTRATACIÓN DIRECTA es solamente para casos de ‘gran excepcionalidad’.
Lo único que no parece tan claro en la dura cabeza de mi estimable amigo Jonathan, ahora que hemos leído juntos la ley, es sí efectivamente Polistepeque S.A. de C.V. es una única e inapelable empresa estrella, sin contendientes, en el ámbito del marketing y la publicidad que le otorga un distintivo especial merecedor de la CONTRATACIÓN DIRECTA por parte del gobierno de Funes.
De ser así, el polémico documento de Presidencia de contratar todos los servicios publicitarios con Joao Santana y Luis Verdi, encajaría perfectamente en el apartado A del artículo 72 de la susodicha ley y, por añadidura, perfectamente legal, bajo el amparo y la promoción de lo establecido por la ley.
–Yo creo que no, que Polistepeque no es la única con el distintivo de ‘excepcionalidad’. Conozco una verdadera joya empresarial en el arte de la imagen y la publicidad al más alto nivel, con talento 100% guanaco. Se llama ideas frescas– dice finalmente, después de largo rato de discusión, mi estimable y apreciado amigo Jonathan, quien sigue sin entender por qué el Presidente Funes da todo el pastel de la publicidad a sus amigos, por la vía de la contratación directa, cuando lo podría hacer, sin mayores riesgos, por la vía de la licitación pública.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Comentarios que incluyan ofensas o amenazas no se publicaran.