La lucha contra el crimen tiene que ser transparente y eficiente, y ambos requisitos están íntimamente vinculados. Hay que reconocer que hay déficit de eficiencia, de transparencia, de interacción y de inteligencia estratégica.
Escrito por Editorial.21 de Enero. Tomado de La Prensa Grafica.
Todo indica que se allana el camino para contar al fin con un centro de intervenciones telefónicas que sirva de mecanismo idóneo para hacer una lucha más consistente contra ciertas formas de delincuencia que vienen azotando a la ciudadanía, en forma cada vez más inmisericorde. Si esto es así, podríamos decir que la racionalidad se impone en este punto, luego de tantas vueltas y revueltas. Pero hay que tener presente que ningún instrumento por sí mismo, por significativo que sea, ni ninguna medida por sí sola, por audaz que parezca, podrían bastar para dar la clave de la solución de una problemática que se nos ha ido volviendo aguda e incontrolable.
No nos cansaremos de decir que las cosas han llegado a tal punto que la criminalidad está a la ofensiva y la institucionalidad se halla a la defensiva; y en tanto no se cambie esa ecuación perversa, de poco servirán las iniciativas que se impulsen para el tratamiento de la problemática del crimen. Es fundamental poner el índice sobre una forma especialmente perniciosa de la criminalidad, como es el crimen organizado, y no sólo en sus estructuras de base sino en sus cabezas visibles o invisibles. De no incidir efectivamente en esas áreas y niveles criminales, seguiremos expuestos, como sociedad, a quebrantos y males incalculables.
La lucha contra el crimen tiene que ser transparente y eficiente, y ambos requisitos están íntimamente vinculados. Hay que reconocer que hay déficit de eficiencia, de transparencia, de interacción y de inteligencia estratégica. Y de inmediato pasar a estructurar un proyecto integrador, que debió haber sido puesto en marcha ayer.
SIGUE HABIENDO DISPERSIÓN DE ESFUERZOS
Es agobiante el azote del crimen, y hasta la fecha no se tiene ninguna estrategia efectiva para frenarlo. El año recién pasado vio un crecimiento alarmante de esta plaga que va infectando todas las estructuras de la realidad. El crimen organizado es el centro neurálgico del problema, y la creciente fusión crimen organizado-pandillas complica mucho más las cosas. Las autoridades están bajo gran presión ciudadana, y eso de seguro tiende a destantearlas. La decisión de darle más atribuciones a la Fuerza Armada en labores de seguridad pública ha sido recurso de emergencia, y hoy la institución castrense plantea contar con más facultades para hacer su trabajo, entre ellas la posibilidad de aplicar medidas excepcionales en zonas especialmente peligrosas.
Todo eso podría funcionar, siempre que no sea bajo el concepto de esfuerzos dispersos. Hay que controlar de veras áreas claves, como son los espacios penitenciarios, evidentemente copados por la misma criminalidad que está recluida en ellos. El sistema, en ese caso, es totalmente fallido, y hay que reconocerlo así, para implementar los correctivos orgánicos que sean necesarios.
Pero siempre es básico que las fuerzas políticas enfrenten cuestiones tan graves y decisivas como la que engloba todo lo referente a la criminalidad y la inseguridad de una manera que esté por encima de los pequeños y coyunturales intereses partidarios. Es clave para el buen desempeño de la institucionalidad que esto sea así.
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