Escrito por Javier Tobar Rodríguez. 14 de Enero. Tomado de El Diario de Hoy.
Ya lo enseñaba el padre Ibizate en sus cátedras de Economía en la Universidad (UCA), que los alimentos constituían un producto elástico, porque a diferencia de otros tarde o temprano serán consumidos. La industria de los alimentos y la prestación de servicios en torno al mismo, constituyen para algunos un negocio de mucha rentabilidad. Por eso dicho mercado constituye un nicho que requiere del control para la defensa del consumidor.
En corto les relato: Almorcé en la Panadería San Martín en Metrocentro. Me atendió una dependienta y me proporcionó el menú. Busqué el platillo que a mi juicio era el más saludable: "Una ensalada César con pollo". Luego, la "lechuga y salsa fue servida"; después le pregunté a la camarera: ¿Y el pollo? Digo: disculpe, pedí una "ensalada César con pollo", ¿dónde está el pollo? Ella me respondió: El pollo está en la ensalada. Hubo que realizar un esfuerzo para inspeccionar la existencia de pizcas de pollo que sí figuraban, pero por pequeñas se confundían con otros ingredientes diminutos. Pensaba que la misma sería mi almuerzo y que a las dos horas tendría un hambre insoportable, me sentía no sólo sorprendido, sino engañado. Repetí el mismo ejercicio de preguntas con un encargado de mayor rango, quien supo leer entre líneas y me proporcionó más pollo y salsa. Al final de la comida, terminé conociendo a todos los jefes del restaurante, a quienes agradecí su hospitalidad y comodidad con que me atendieron e hicieron realidad el dicho: "el cliente siempre tiene la razón".
Como se sabe, este tipo de plato constituye un tiempo de almuerzo o cena, no desayuno. Si se ofrece en el primer tiempo de comida, se presume que el mismo debe ser capaz de sustentar el estómago durante por lo menos una jornada laboral (4-6 horas), por lo que la publicidad de los menús que contiene su oferta, de todo restaurante, debe ser lo más precisa posible respecto de los ingredientes principales que lo califiquen como un plato fuerte o por lo menos que sustente el estómago. Sin embargo, en más de una ocasión y desde hace varios años desde que ese tipo de platillo se oferta en los restaurantes salvadoreños, creo que ha ocurrido algo muy curioso: que su adquisición constituye un albur (azar), casi un contrato aleatorio (una lotería), pues no se sabe a ciencia cierta si la ensalada será suficiente para sustentar el hambre y en fin, nutrir.
Para evitarlo, debe dispensarse el plato con las proporciones suficientes y específicas para saciar el hambre según los ingredientes que lo conforman: principalmente el pollo y trozos de pan, lo demás son grandes proporciones de lechuga y salsa que se convierten en agua en el sistema digestivo y por tanto es probable que no satisfaga a plenitud al comensal.
Para ejercer los derechos del consumidor debemos renunciar a una conducta cómoda: "¡hay, para que voy a molestar, para qué voy a complicarme la vida!". En aquel caso los representantes del restaurante tuvieron la capacidad de negociar con el consumidor, se adaptaron sabiamente a las exigencias de la clientela, no importando cuán ínfimo era mi consumo.
El Art. 31 de la Ley de Protección al Consumidor manda a que la oferta, promoción y publicidad de bienes o servicios deberán ser claras y veraces, de tal manera que no provoquen duda en cuanto a la cantidad, contenido, etc. Aquéllas serán engañosas o falsas cuando induzcan a error, confusión al consumidor sobre cualquier dato del bien o servicio. Es decir, la oferta debe ser precisa, de lo contrario puede resultar engañosa. Es más, podría defraudarse la buena fe del consumidor entendida como la confianza en recibir por parte del comerciante un producto que sea adecuado al fin esperado: un almuerzo suculento y sustancioso. En definitiva, la oferta de la ensalada debe indicar la cantidad de pollo o elemento principal para ser precisa y no engañosa.
Los derechos del consumidor, que somos todos, debemos ejercerlos cada momento.
elsalvador.com :.: La información precisa como derecho del consumidor
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