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2010/01/14

Contra Punto-Ley de amnistía, perdón y juicio

Escrito por Víctor Segura. 14 de Enero. Tomado de Contra Punto.

Sería preferible levantar la frente y pedir perdón que callar eternamente pensando que con la muerte desaparecerán todos los gritos internos de culpa y desgarro moral.

SAN SALVADOR-Los vientos de cambio generados luego de las pasadas elecciones soplan desafiantes para el nuevo gobierno, sobre aspectos crónicamente triturados en la mente de aquellos que habiendo sufrido los vejámenes del conflicto pasado  evidencian, en su propia carne y espíritu, las cicatrices que sólo aquel que las sufre conoce su verdadero dolor.

No sólo nos referimos a las mutilaciones o las heridas, sino a las lesiones más profundas que  penetran hasta el alma y que continúan carcomiendo la felicidad  de los que alguna vez en su vida sintieron robada la dignidad y la paz, las cuales fueron arrebatadas con el golpe y la destrucción moral de la persona, esas heridas que no se recuperan con tan sólo la cicatriz de los golpes o las laceraciones, esas que requieren una reparación honorable y digna que implica la solicitud del perdón y el reconocimiento público de la culpa.

Esto no sólo vale para aquellos que fueron mancillados con algún acto inhumano y reprochable que dañara el ser interior, sino también para los agresores que han de morir sin dignidad, pues en el fondo de su alma han de conocer claramente que, tal y como se escribe en el libro de Hebreos 4:13, “Todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”, el juicio de Dios es inevitable y el de los hombres es necesario como un bálsamo para la dignidad.

Desde aquellos que sufrieron en su humanidad algún insulto moral de tal envergadura, hasta todos aquellos a quienes se nos robó el sueño y una niñez libre de violencia merecemos una actitud reparadora, la sociedad entera también necesita de esa parte vital del proceso de cura moral que probablemente podría constituirse en una primera dosis de terapia definitiva para tanta violencia.

El riesgo es para ambos, pues todos los protagonistas tendrán alguna historia vergonzosa que contar, pues no podemos esperar, que en una guerra como la sufrida, no haya existido alguna persona en rango de responsabilidad o mando que no hay sido sometida a la difícil tarea de comprometer su honorabilidad en más de una ocasión.

Es necesario hacerlo, pues esto nos dignifica como país, es necesario para las víctimas, victimarios y sociedad en general. Sería preferible levantar la frente y pedir perdón que callar eternamente pensando que con la muerte desaparecerán todos los gritos internos de culpa y desgarro moral, sería preferible pedir el perdón que continuar pensando que la sociedad ignora ingenuamente la existencia de tal responsabilidad.

Probablemente este paso no se dé, pero es necesario que algunos alcemos la voz para evitar que los vientos innegables del temor se roben la oportunidad. Mandela perdonó a sus captores, Gandhi nos enseñó sobre el poder de la “no violencia”, mas Jesucristo nos mostró en la cruz que el perdón otorgado, incluso a los escarnecedores, proviene de Dios.

Probablemente no se limpie la afrenta con la sangre de los captores derramada sobre las heridas del espíritu, no parece ser un bálsamo para la paz, pero si es necesario solicitar un reconocimiento público de la culpa, y dejar que cada salvadoreño tome su decisión de otorgar o no el perdón.  

Ley de amnistía, perdón y juicio

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