Editorial.13 de Enero. Tomado de Diario Co Latino.
Desde que más unidades de la Fuerza Armada se incorporaron a los planes de seguridad pública, por mandato del Presidente Mauricio Funes, independientemente de que se esté de acuerdo o no, han sucedidos dos situaciones peligrosas.
La primera, la muerte del ebrio armado con machete, por un soldado que portaba un fusil M-16. Este hecho, por hoy aislado, puso en tela de juicio la decisión del gobierno de involucrar a soldados con más libertades en tareas de seguridad. Hasta hoy no se conoce de los resultados de las investigaciones, pero, esperamos, que sea, como hemos dicho antes, un hecho aislado.
Lo importante es que se tomen los correctivos necesarios para que esos casos no resulten repetitivos, porque perderíamos todos. La Fuerza Armada, que sale bien librada ante la opinión pública, el gobierno por la decisión tomada y la sociedad civil, por poner las víctimas.
El otro hecho es la utilización de armamento privativo de la Fuerza Armada en varios hechos delictivos, sobre todo, el uso de granadas.
Según las autoridades, en cinco hechos criminales, el factor común ha sido la explosión de una granada de fabricación militar.
No cabe duda, por un lado, que los criminales tienen fácil el acceso a este tipo de armamento, lo cual incrementa el peligro en la ciudadanía.
Pero, además, no debemos descartar que lo que buscan es no sólo responsabilizar, indirectamente al ejército, por ser poseedores exclusivos de esas armas, y con ello evitar que sigan en las calles acompañando a nuestra Policía Nacional Civil (PNC), en las tareas de seguridad.
Es decir, debemos tener cuidado en caer en la trampa de los delincuentes. Ya en su momento, el señor Ministro de Defensa, el general David Munguía Payés advirtió que los delincuentes estaban “tratando de desprestigiar a la institución armada”.
No dudemos que eso es así, pero, por ello, las máximas autoridades de la defensa nacional deben evitar cualquier fuga de su arsenal, eso implica, tener control directo o indirecto de las armas decomisadas.
Creemos que en la medida en que la delincuencia se vea amenazada en su accionar, realizarán acciones desesperadas y hasta terroríficas, para meterle miedo a la ciudadanía.
Y es que la ciudadanía atemorizada, puede desbordarse, por el miedo, como ya lo hizo en una ocasión, a mediados de octubre del año pasado, cuando sucumbió a las amenazas de la delincuencia.
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