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2011/05/06

EDH-El presidente Funes y el Rey Canuto

Manuel Hinds.06 de Mayo.Tomado de El Diario de Hoy.

Según datos publicados por la CEPAL, la inversión extranjera disminuyó 79 por ciento en 2010. Es decir, la inversión de 2010 fue sólo el 21 por ciento de lo que fue en 2009. Pero la de 2009 fue sólo el 52 por ciento de la de 2008, y ésta sólo el 52 por ciento de la de 2007. En resumen, la inversión extranjera de 2010 fue sólo el 6 por ciento de la de 2007, el último año antes de que la amenaza de tener al FMLN en el poder se volviera concreta. La caída de 2010 es el peor comportamiento en toda la América Latina en ese año. La caída desde 2007 también es el peor caso en la región en los últimos tres años.

La gráfica adjunta muestra que no sólo la inversión extranjera sino también la inversión total la que ha caído drásticamente en el país desde 2007.

Ya sabemos que, como siempre, el gobierno echará la culpa de esta depresión de la inversión, que es la fuente de la depresión en la producción y el consumo, a los veinte años de gobiernos de ARENA. La debilidad de esta excusa se está volviendo cada vez más evidente, no sólo porque el presidente Funes ya tiene casi dos años en el gobierno como porque no es que las cosas estén estancadas sino que han empeorado y siguen empeorando.

La evidencia de que este catastrófico comportamiento de la inversión no se debe a los veinte años de ARENA está en que, como se ve en la gráfica, la inversión siguió una trayectoria creciente y alcanzó niveles mucho más altos durante los años de ARENA, que los que tiene ahora. En realidad, la inversión de 2010 ha caído al mismo nivel que tenía en 1997, hace catorce años, cuando la producción del país era sólo un 75 por ciento de lo que era en los años finales de la administración de ARENA. ¿Si los problemas venían de entonces, cómo es que ahora todo está peor?

Lo peor de todo es que la culpa de la falta de inversión privada se la van a echar a los inversionistas locales y extranjeros, tanto los que viven en San Salvador como en Nueva York o Corea, porque, en la mentalidad autoritaria del gobierno y el FMLN, estos deberían estar obligados a invertir si el presidente Funes de El Salvador desea que lo hagan, aunque ellos ni sepan dónde queda El Salvador.

Pareciera que el presidente ha llegado a desarrollar lo que se llama el síndrome del Rey Canuto —el creer que todo, absolutamente todo, está a sus pies y le obedece.

Canuto, que reinó en Inglaterra a principios del milenio pasado, llegó a pensar que era tan grande y poderoso que podía controlar el mar. Un día Canuto pidió a sus cortesanos que lo llevaran a la playa, sentado en su trono, hasta el borde mismo de las olas que estaban en la marea creciente. Una vez allí, desde su trono, ordenó repetidamente a las olas que pararan. Las olas, sin embargo, no paraban y seguían subiendo, mojándole primero los pies, luego su ropa y luego amenazando con botar a los hombres que sostenían el trono. Mientras sus cortesanos se salían del agua, escandalizados de la falta de respeto de las aguas del mar, Canuto se quitó la corona, se bajó del trono y les dijo a los que lo rodeaban: "Que todo el mundo sepa cuán vacío y sin valor es el poder de los reyes".

El problema de Canuto no fue el desear detener las olas sino el creer que se iban a detener con sólo que él, el gran Canuto, les dijera que se detuvieran. Mucho tiempo después los holandeses demostraron que era posible detener las olas del mar. Ellos, sin embargo, no lo hicieron como Canuto. Construyeron enormes represas adentro del mar que les permitieron ganarle tierra al océano.

Al igual que Canuto, el presidente Funes se para frente a las playas y ordena que se invierta, esperando que todos los inversionistas, aquí y afuera, correrán a cumplirle sus deseos. Si no le obedecen, se enoja y los insulta y amenaza porque no lo hacen, con lo cual menos lo van a hacer.

El presidente Funes podría curarse de su síndrome del Rey Canuto comprendiendo que el país necesita a los inversionistas y que la manera de atraerlos no es ordenarles imperiosamente que inviertan así como Canuto ordenaba a las olas que se detuvieran, sino crear una represa institucional que proteja a las inversiones contra las arbitrariedades de partidos políticos y del gobierno, contra las cosas mismas con las que su gobierno está matando las oportunidades de inversión y, con ellas, la posibilidad de tener crecimiento económico y del empleo.

Canuto comprendió que hacía el ridículo ordenando a las olas detenerse, y actuó en consecuencia. ¿Será capaz de hacerlo el presidente Funes?

elsalvador.com, El presidente Funes y el Rey Canuto

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