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2011/05/10

LPG-La nueva mayoría

 Escrito por Geovani Galeas.10 de Mayo.Tomado de La Prensa Gráfica. 
geovanigaleas@hotmail.com

El FMLN es la primera fuerza política nacional en la actualidad. ARENA ocupa el segundo lugar. Pero este último partido ha sufrido una crisis interna que culminó con un fraccionamiento, en tanto que la dirigencia del FMLN está siendo fuertemente cuestionada por una parte de sus bases y por sectores tradicionalmente afines.

Sin embargo, los números demuestran que los respectivos movimientos disidentes, agrupados en GANA en un caso y nucleados en torno a Dagoberto Gutiérrez en el otro, no han tenido hasta ahora una evolución orgánica que amenace el posicionamiento de aquellas dos marcas ya bien establecidas en el espectro ideológico y político. Pero hay una novedad: el surgimiento o más la creciente consolidación de otro factor en el escenario.

Se trata de un sector que se encuentra en franco crecimiento, y que tiene todo el potencial para convertirse en decisivo en el aspecto electoral, en el caso de que encuentre o construya los liderazgos alternativos adecuados. Es el sector que desde la sociedad civil ha venido manifestando de modo consistente desencanto y desconfianza respecto de los dos polos ideológicos.

De hecho, entre los observadores políticos, no son pocos los que atribuyen el alto nivel de respaldo ciudadano a la gestión presidencial de Mauricio Funes, pese a los serios problemas en la seguridad y en la economía, a la circunstancia de que este aparezca enfrentado a las extremas y que con frecuencia fustigue sin timidez a unos y a otros. Es esa voluntad de independencia lo que estaría premiando ese sector que, según las encuestas, constituye la nueva mayoría.

Se trata entonces de una tendencia social hacia la despolarización ideológica y política, una conciencia de que ha sido esa tensión permanente entre posturas intolerantes y excluyentes lo que ha estado frenando nuestras posibilidades de desarrollo. Así las cosas, pareciera que por fin está llegando la hora de la sensatez: tender puentes, sentarse a dialogar, identificar los problemas más acuciantes y esforzarse por construir los acuerdos que nos permitan resolverlos en conjunto, con visión de país y no de bando.

Pero resulta evidente que los partidos políticos, y de manera específica sus organismos de máxima dirección, están en rezago respecto a esa dinámica que la sociedad expresa con toda claridad en las distintas mediciones de opinión. Tal pareciera que los partidos están más ocupados en las pugnas internas por las candidaturas, y en el juego estéril de las acusaciones mutuas (que por otra parte ya nos hastiaron a todos), que en la lectura atenta a las demandas ciudadanas.

La gente quiere soluciones efectivas basadas en acuerdos nacionales, y no más parches o espejismos producidos por los sombríos chanchullos legislativos. Si los partidos no son capaces de entenderlo y de ponerse a la cabeza de un proceso semejante, la sociedad civil pasará las facturas correspondientes, como ya lo está haciendo, y creará sus propias alternativas de representación política. Con esperables resistencias y retobos, la institucionalidad misma se ha comenzado a readecuar en esa dirección.

Los signos están a la vista y hablan por sí mismos. Las candidaturas independientes, las listas desbloqueadas, el castigo a los partidos que han evadido el cumplimiento de la ley, son medidas que al mismo tiempo han provocado el rechazo de la clase política y el total respaldo ciudadano. El desencuentro no puede ser más evidente.

No hay que olvidar que fue precisamente la articulación casi espontánea de un movimiento ciudadano, en torno a un outsider político, lo que definió la elección presidencial de 2009. Ni hay que olvidar que la oferta de ese outsider estuvo centrada en la moderación, y que, como señalamos al principio, la persistencia de la aprobación mayoritaria a su trabajo parece estar relacionada de forma directa con su voluntad despolarizadora.

La nueva mayoría

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