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2011/05/11

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Álvaro Rivera Larios.11 de Mayo. Tomado de Contra Punto.

MADRID - Un lector, al comentar mi último escrito –Los intelectuales orgánicos del pueblo –, me pedía que aclarase lo que entiendo por marxista ideologizado. Antes de responderle, debo aclarar que hay un hilo conductor entre mis artículos más recientes. Si el lector hubiese leído mis “Notas sobre el marxismo ideologizado”,  habría anticipado la respuesta que voy a darle.

Yo suelo dar rodeos, y a veces rodeos vagos y cansados, porque tengo la conciencia de que no hay respuestas fáciles y mucho menos en una teoría como la marxista en la cual los conceptos y los problemas suelen estar vinculados de forma dialéctica. Por ejemplo: la ciencia y la ideología marxistas, con sus profundas implicaciones  en la realidad política, tienen consecuencias sobre forma en que cristaliza históricamente la praxis. Y en la impura cotidianeidad, bajo una perspectiva que demanda conceptos muy definidos, estos fenómenos no siempre resultan algo claro. La ideología marxista, con la mala prensa que tiene, es un efecto necesario e inevitable de la divulgación política de las ideas de Marx. Por otro lado, el discurso científico se da dentro de marcos institucionales que lo limitan y a cuya legitimación a veces sirve. La diferencia de matiz entre una proposición ideológica y otra de carácter teórico no la determina siempre el contenido del juicio sino que el uso que se le da. Las ideas sólidas sacadas de contexto o de su nivel de pertinencia pueden transformarse en ideología. Hablamos, por lo tanto, de conceptos difíciles de definir y mucho más difíciles de comprender en su turbia referencialidad práctica.

Ya razoné  que la misma desigualdad social que hay entre los receptores del marxismo impone que su proyecto revolucionario despliegue una labor de simplificación divulgativa de las ideas. En ese proceso político, y al mismo tiempo cultural, quienes manejan un marxismo relativamente sistemático contribuyen a difundir entre las clases explotadas una visión afectiva y ética de la perspectiva de Marx. Lo repito: La ideologización del marxismo es un proceso que nace del encuentro del proyecto liberador con el horizonte simbólico de una sociedad en la que existe la división clasista entre trabajo manual e intelectual. Aunque genera grandes peligros (su  emotividad puede bloquear su carácter reflexivo), el marxismo ideologizado cumple ciertas funciones  (articula, cohesiona y da sentido a la política de masas y a las instituciones que nacen con ella).  El gran desafío que nos plantea es el de cómo elevar su calidad, el de cómo volverlo más complejo y menos ciego.

Lo reitero: Las interpretaciones deformadas de Marx, sean  de los intelectuales o sean del pueblo, se deben a múltiples factores, pero sólo son un aspecto recurrente de un proceso más vasto en el cual la recepción, interpretación y aplicación del marxismo están condicionadas por la estructura de clases, la experiencia histórica, el conflicto colectivo y el desarrollo económico y superestructural de una formación social determinada.

El marxista ideologizado –con su rechazo  a admitir problemas dentro de la teoría radical, con su tendencia a simplificar lo complejo, con su miedo al debate– puede ser el producto de una pedagogía partidista o la expresión de las límitaciones culturales de una formación social determinada. No solo hay que dar los rasgos del personaje, también hay que intentar explicarlos. 

Ya lo dije en “Recapitulaciones”, es el espíritu creativo lo que separa al que lee de forma religiosa a Marx, respetando sus puntos y sus comas, de quien lo interpreta de forma activa al trasluz de los problemas que surgen en el gran libro de la realidad. Si Gramsci hubiese sido un lector pasivo y dogmático, no habría enriquecido categorialmente la teoría política marxista.

No sólo he consignado procesos y diferencias, indiqué con claridad que existe una tensión dialéctica entre el marxismo de la vanguardia revolucionaria y el marxismo del pueblo. Esa tensión recorre la forma en que se elaboran y legitiman las decisiones dentro de las organizaciones radicales. El marxista ideologizado se niega a admitir este conflicto potencial, de ahí que algunas regiones oscuras de la experiencia revolucionaria hayan sido exploradas muy poco desde la perspectiva marxista. Aquí hay una práctica innombrada y una teoría empobrecida por una actitud ideológica. Aquí hay un divorcio entre la teoría y la práctica. Ahí donde predomina el marxismo ideologizado puede haber mucha acción, pero no necesariamente mucha praxis.

La práctica sin conciencia reflexiva tiene mucha probabilidad de quedar atrapada en las redes institucionales de la alienación (y la alienación como ya dijo Adam Schaff es un fenómeno que pervive en las organizaciones revolucionarias). En la izquierda, con su gran voluntad de transformar el mundo, a veces se olvida de que debe transformar el modelo de sus instituciones ahí donde su realidad delata grietas, fallos, insuficiencias.   

He desarrollado mi reflexión de una manera abstracta, por eso algunos me acusan de decir generalidades, pero lo que sugiero puede servir de preámbulo para un debate marxista sobre los asesinatos de Roque Dalton y Mélida Anaya Montes; lo que sugiero puede servir también como prólogo para un intento de explicación de lo que ha sucedido ahí donde las vanguardias revolucionarias se han convertido en un poder gerontocrático.

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