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2010/06/24

LPG-¿Hay pisto o no hay pisto?

 En casi todos los hogares de El Salvador, ante la reducción de nuestros ingresos, nos hemos visto obligados a ajustarnos el cincho y a recortar gastos, entre estos, energía y uso del teléfono. Algunos hasta recortan un tiempo de comida o caminan kilómetros con tal de guardar unos centavos para luego comprar unas cuantas tortillas, que de otra forma no comerían.

Escrito por Elena María de Alfaro.24 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

Frecuentemente el presidente Funes y su gabinete afirman que el país no tiene suficiente dinero para combatir la inseguridad ni para comprar medicinas o aparatos para mejorar la atención en los hospitales; argumentan que no hay fondos para pupitres o para reparar las escuelas. Las calles del país lucen llenas de baches y las obras de mitigación de desastres no se ejecutan. Los vehículos se arruinan o caen dentro de “megahoyos” y las casas de familias humildes son tragadas por cárcavas o inundadas por ríos, por una supuesta falta de dinero.

Lo anterior parecería ser que no lo comprenden algunos burócratas de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Conocen de sobra que nuestro pulgarcito está pasando una difícil situación económica, pero actúan como que no entendieran que mientras los ingresos no mejoren deben cuidarse mejor las cuentas; hacerse ajustes, racionalizar el gasto, procurando dar el mejor uso del dinero proveniente de los bolsillos de los salvadoreños.

Recientemente se conoció sobre la compra de vehículos para los diputados de la Junta Directiva de la Asamblea Legislativa por un monto superior a $70,000; se adquirieron computadoras valoradas en $1,400 para cada uno de los legisladores y se otorgó una bonificación de $500 a todos ellos para que se compraran trajes nuevos (como si no les alcanzaran los $4,000 que ganan mensualmente). Adicionalmente, se premió a cuatro magistrados con $22,000 o más, por retirarse unos días antes que venciera su período y se autorizó la compra de chocolates y dulces por $10,250 al Ministerio de Justicia.

Los diputados de la Asamblea Legislativa en lugar de usar sus instalaciones para celebrar sus reuniones de trabajo, algunas veces suelen retirarse a hoteles de lujo en la playa o sitios fuera de la ciudad. Hay otros funcionarios, de los que dicen defender a los más pobres, que exigen que se les compren pasajes de avión en primera clase y, cuando de beber se trata, solo quieren tomar whisky Blue Label. Todos estos lujos corren por cuenta de los contribuyentes.

El Gobierno actual, una vez asumió el poder, criticó la administración anterior por los excesos en los gastos de alquiler de algunas dependencias del Estado. ¿Y qué pasó? Nada, absolutamente nada... Esas dependencias siguen ubicadas en las mismas oficinas de lujo, inclusive la secretaría que trabaja por los pobres y que funciona en aquella mansión con piscina de la colonia San Benito.

Dada esta afición por el lujo y el malgasto del dinero de los contribuyentes, no sorprende, aunque indigna, que estén pensando en aumentarle el sueldo en $1,005 al fiscal general de la República, aunque el funcionario tenga menos de un año de haber sido juramentado como tal, bajo el argumento que “tiene más trabajo”. ¡Por Dios!

Para pagar este y todos los salarios de los burócratas, muchos salvadoreños dejan de comerse hasta su tortilla con frijoles. Empleados y empresarios al enfrentar una crisis, lejos de subirnos los sueldos, trabajamos con más ahínco para conservar el empleo o sacar adelante nuestras empresas.

El espacio no alcanza para denunciar más despilfarros, son demasiados. Por eso pregunto: ¿Hay pisto o no hay pisto? Por los lujos y gastos elevados de algunos funcionarios, parecería que aquí sobreabunda el dinero. Pero como la realidad es otra, debemos recordar a los funcionarios públicos que los escasos recursos no son para malgastarse, sino para invertir en infraestructura, en salud, en generar capacidades y mejorar nuestra competitividad; es decir, invertir en nuestro desarrollo y crecimiento.

Exijamos a los burócratas responsabilidad y transparencia, que den el ejemplo y procedan consecuentemente, como lo hacemos los ciudadanos cuando los ingresos son insuficientes. No es justo que unos malgasten lo que otros aportan con tanto sacrificio y esfuerzo en concepto de impuestos.

¿Hay pisto o no hay pisto?

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