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2010/06/13

LPG-Cómo ordenar San Salvador permanentemente

 Cuando se dio el abandono del centro, por las circunstancias históricas aludidas, este se convirtió en una “tierra de nadie”, en la que todo puede pasar. Cambiar ese estado de las cosas es el verdadero desafío.

Editorial. 14 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

 

Las autoridades municipales de la capital vienen llevando a cabo desalojos de vendedores informales de algunas calles del centro capitalino, para avanzar en el ordenamiento de la ciudad. Los desalojos han desembocado en desórdenes y protestas, y esto no es nuevo: desde hace años se han venido dando acciones para despejar aceras y lugares públicos del centro, con el propósito de rehabilitar lo que se conoce como “centro histórico”. Pero la cuestión tiene mucha complejidad, y parte de un hecho que empezó a darse en los años anteriores al inicio de la guerra, cuando el centro se volvió escenario cotidiano de graves desórdenes, y gran cantidad de empresas y oficinas se desplazaron hacia otras zonas.

Las ventas de calle fueron invadiendo el viejo centro a la luz de otro fenómeno creciente: la concentración del servicio de transporte público. Y como la gente se ha acostumbrado a comprar en la calle prácticamente todo lo que necesita, los mercados son lugares muy poco atractivos para aquellos comerciantes informales que venden en las calles y sus alrededores. Por eso es que una mera práctica de desalojos, por efectiva que sea en el momento, nunca será suficiente para cambiar las cosas permanentemente; para lograr esto tendría que haber un esfuerzo no de “rescate” del centro, sino de “recuperación” del mismo, haciendo que todos nos comprometamos a revivirlo como espacio realmente compartible, en un plano realista.

Este, pues, es un típico fenómeno cultural. Cuando se dio el abandono del centro, por las circunstancias históricas aludidas, este se convirtió en una “tierra de nadie”, en la que todo puede pasar. Cambiar ese estado de las cosas es el verdadero desafío.

ENCARAR DIVERSAS NECESIDADES

Cuando se llega a situaciones como la que caracteriza a nuestra capital en la actualidad, hay que tener presente que ningún problema resulta sencillo y que ninguna solución funciona mecánicamente. El propósito institucional de ir despejando y limpiando la ciudad de sus diversos desórdenes y cuellos de botella es, desde luego, positivo en sí; pero en todo caso hay que tener en cuenta que solo un proyecto integral, que contenga medidas para atender todos los intereses en juego, tendrá la efectividad deseada.

Los vendedores de calle no tienen derecho a obstaculizar el paso ni a convertir la ciudad en un gran mercado al aire libre; sin embargo, durante largo tiempo se ha dejado que lo hagan, y ese se ha convertido en su normal medio de vida. Por consiguiente, habría que tener un plan de reubicación que no solo ofrezca espacios, sino que también contenga oportunidades. Y las autoridades tendrían que mostrar aquí su comprensión imaginativa. De otra manera, solo se reprogramará la misma problemática.

Los más graves problemas que padecemos nunca van aislados. En este caso, la proliferación de ventas informales de calle está íntimamente vinculada con la irracionalidad imperante en el sistema del transporte público. Sufrimos los efectos acumulados de haber “dejado hacer”, sin prevenir resultados ni medir consecuencias; y estos, desafortunadamente, no son los únicos, ni siquiera los más graves casos de esa práctica tan irresponsable que es fuente de tantos males nacionales.

Cómo ordenar San Salvador permanentemente

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