Javier Tobar Rodríguez.14 de Junio. Tomado de El Diario de Hoy.
Observamos en los medios de comunicación la efervescencia de la conmemoración del bicentenario del inicio de las acciones de independencia latinoamericana. A doscientos años de aquéllas, todavía surgen muchas preguntas y falta definir posturas.
En nuestra opinión, muchos de los problemas sociales que nos agobian obedecen a la falta de claridad sobre el tipo de sociedad que deseamos construir. Así como a diario vemos que hace falta el orden y la obediencia a la ley como directrices de cumplimiento obligatorio, tampoco tenemos claro qué tipo de personas deben formar parte de nuestra sociedad.
A lo que nos referimos es que cada quien hace u omite lo que le place y de esa manera se incorpora a la sociedad sin cumplir los requisitos óptimos para ello. Ejemplos: en los noticieros se informa que son muchos los motoristas del transporte colectivo que coleccionan esquelas y sin embargo continúan conduciendo. En cuanto a los homicidios, se sabe que la mayoría son cometidos mediante el uso de un arma de fuego. Su adquisición es masiva. Su bajo precio, su venta expedita y la realización sin trabas de los trámites de su obtención constituyen alicientes para emprender una carrera armamentista. Por el contrario, la expedición de la licencia de portación y tenencia debería ser selectiva, más cuando vemos que en nuestra sociedad existen altos índices de violencia familiar y social, que muestran la carencia de sanidad mental y emocional que debe reforzarse.
Continuando con esa idea, veamos la manera de conducir de los automovilistas: se actúa antojadizamente, olvidamos que el carril derecho es para tráfico lento, el izquierdo para el rápido; los conductores de transporte pesado manejan con dolo, con temeridad, pues, aceptan como posible la comisión de un daño en perjuicio de cualquiera que aparezca en su camino, sin que nadie les reprenda. Por su parte, en la universidad o la escuela, si el maestro corrige al estudiante, se le tacha de dictador y hasta de malhechor en perjuicio del alumnado. Siguiendo esa lógica, el profesor que califica con diez es buen profesor; por el contrario, aquél que reprueba, es una persona mala.
Lo mismo ocurre en el ejercicio de la profesión de abogado, el proceso de nombramiento no termina de convencernos; para ser autorizados como tal, se requiere tener conocimientos más que suficientes sobre el Derecho y además, una conducta pública y privada moralmente correcta. Veamos que el Derecho se ha vuelto profundamente complejo y complicado, conocerlo y entenderlo encarna la frase del famoso libro de Rudolf Von Ihering: "La lucha por el derecho", ya que el solo intento de conocerlo requiere una vida entregada al mismo.
Por esa razón, la autorización del ejercicio de la abogacía bien podría ser para ejecutarse en una de sus ramas y no en todas. Aunque claro está, que esto es antipopular, pues privaría del sustento a muchas familias salvadoreñas, que ya ven mermados sus ingresos por la excesiva saturación de la oferta de un número ingente de abogados y licenciados en derecho, sin que el Estado organice adecuadamente la prestación del servicio jurídico. La investigación sobre la conducta aludida parece que no es incisiva y las consecuencias para la sociedad son indeseables. Seguramente ocurre lo mismo en otras carreras.
Los casos son numerosos, pero no perseguimos extendernos, más bien, dejamos sentada la idea en que debemos definir perfiles sociales (requisitos que deben ser cumplidos impecablemente), para luego exigir el cumplimiento de roles (el ejercicio de aquéllos en nuestra sociedad).
Por eso, creemos, humildemente y sin plantear afrentas, en vez de poner énfasis en celebrar los pretéritos doscientos años, debemos celebrar que todavía tenemos la oportunidad de construir un mejor futuro.
elsalvador.com :.: ¡El bicentenario y la sociedad que queremos!
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