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2010/06/18

EDH-¿Cómo lo entenderé si nadie me lo explica?

 Monseñor Richard Antall.18 de Junio. Tomado de El Diario de Hoy.

Después de la muerte de San Esteban, el primer mártir cristiano, se desató una persecución de la Iglesia en Jerusalén. Tuvieron que huir de la Ciudad Santa los cristianos y fueron a Samaria a evangelizar, enseñando que las dificultades de la Iglesia siempre son oportunidades para el Reino de Dios. En ese tiempo, un ángel del Señor se apareció a Felipe el Diácono (no San Felipe el apóstol) y lo llevó al camino entre Jerusalén y Gaza (un lugar tan histórico como trágico).

Felipe se encontró con un etíope, funcionario de la reina de su país, que había ido a Jerusalén como peregrino. El Diácono alcanzó a oír que el etíope estaba leyendo en su carroza el libro del profeta Isaías. Esto indica que la lectura silenciosa –sin mover los labios— apareció después del tiempo del Nuevo Testamento. La lectura se hacía entonces en voz alta. Felipe preguntó al funcionario de la reina del Sur, "¿Entiende usted lo que está leyendo?" y el etíope le contestó, "¿Cómo lo voy a entender, si no hay quien me lo explique?" (Hch 8, 29-31).

Me hago la misma pregunta sobre de la propuesta de obligar a leer la Biblia en las escuelas oficiales del país. La Biblia es la Palabra de Dios, pero no se puede leer como uno lee un periódico (aunque en este país hasta los diarios requieren hermenéutica). La Palabra de Dios debe leerse bajo la tutela de la Iglesia y a la luz de fe. Es más necesario que se lea la Biblia en el hogar que en la escuela. Yo apostaría que pocos profesores tienen una formación bíblica que no inclinara a una u otra iglesia o secta. Esto podría causar muchos problemas.

San Pedro, en su segunda epístola dice esto: "Acerca de esto también les ha escrito a ustedes nuestro querido hermano Pablo, según la sabiduría que Dios le ha dado. En cada una de sus cartas él les ha hablado de esto, aunque hay en ellas puntos difíciles de entender que los ignorantes y los débiles en la fe tuercen, como tuercen las demás Escrituras, para su propia condenación" (2 P 3, 15-16). La polarización en nuestro país ha penetrado hasta el alma del salvadoreño. La discordia religiosa es la herramienta del diablo para debilitar el impacto de lo espiritual en nuestra convivencia diaria. La lectura de la Biblia en las escuelas irónicamente puede convertirse en un instrumento para exacerbar las tensiones de carácter religioso-ideológico en nuestra nación y dividirnos aún más.

Entiendo la preocupación de algunos, incluyendo mi amigo el Diputado Roberto D'Aubuisson, que esperan que a través de la lectura de la Biblia se inculquen más valores a nuestros jóvenes. Es verdad que los más grandes problemas del país tienen su fuente en la rebeldía espiritual. Si se viviera según los diez mandamientos y el Sermón de la Montaña, estaríamos mucho mejor. Es cierto que necesitamos encontrar la forma de transmitir virtudes a la juventud, aunque no solamente a la juventud. Los jóvenes han aprendido los contravalores de quienes no somos tan jóvenes. La ética, sin prestaciones al proselitismo sectario es lo que tenemos que enseñar.

Por eso, preferiría-- por respeto a la Palabra de Dios y su carácter sacro-- que los estudiantes aprendieran en la escuela las virtudes cardinales-- prudencia, justicia, templanza y fortaleza-- y las otras virtudes humanas y civiles que se pueden encontrar en Aristóteles y la filosofía clásica. Esto se puede hacer con ilustraciones de la historia universal, incluyendo la historia de salvación que se podrían hacer ocupando textos específicos de la Biblia.

La Biblia es la clave del patrimonio cultural occidental. Cualquier persona educada en el país debe conocer algo de ese patrimonio. Los personajes de la Biblia, los ejemplos tanto de pecados como de magnanimidad, la importancia de la fe y la cultura religiosa en la historia de un pueblo, el liderazgo en la adversidad-- hay todo un mundo de lecciones útiles a nivel humano que la Biblia ofrece. Esto se puede combinar con otros ejemplos del patrimonio cultural. En la historia universal clásica, en Plutarco, Flavio Josefo y en la Biblia hay una mina de oro a utilizar para la enseñanza de las virtudes, al estilo del famoso libro de William Bennet, que hasta contiene ejemplos de fábulas y de cuentos didácticos como los de Leon Tolstoy. Se me ocurre apelar a algo parecido al clásico Hace Falta Un Muchacho.

Con todos los problemas que tiene el sistema educativo del país para capacitar a los niños y jóvenes en los conocimientos básicos de "lectura, escritura y aritmética" no creo oportuno pedirles a los maestros que se vuelvan pastores. Cada quien tiene su papel. La escuela no debe presentar una doctrina religiosa reducida a su "mínimo común denominador" ni una doctrina "genérica" que busca complacer a todos a expensas de la Verdad.

elsalvador.com :.: ¿Cómo lo entenderé si nadie me lo explica?

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