Por Carlos Velásquez Carrillo.21 de Junio. Tomado de Contra Punto.
Sobre el pensamiento económico contenido en la obra literaria de José Saramago
BUENOS AIRES - Al fallecer José Saramago hemos perdido al pensador quijotesco que luchó contundentemente contra la estupidez, ignorancia y prepotencia del poder y el privilegio desenfrenado usando como armas la sencillez y un incisivo pensamiento crítico.
Incomodó a los dueños del poder, desde los paladines del capitalismo salvaje que mandan en el mundo a los señorones rechonchos del Vaticano, y se aferró al principio del verdadero intelectual comprometido: hablar sin pelos en la lengua y nombrar con nombre propio las injusticias y la desigualdad. Quedar bien con todo el mundo fue para Saramago el rasgo principal del facilismo y la mediocridad.
Lo conocemos primordialmente por las grandes obras literarias que le valieron un sinnúmero de premios y reconocimientos alrededor del mundo, además de un fiel ejército de lectores que esperaba con impaciencia su siguiente entrega. Pero también fue un militante activista por el cambio social que planteó un manifiesto ético para la construcción de un mundo mejor, y en ese sentido, incursionó en el ámbito de la economía política y las vicisitudes de sus ejercicio actual.
Tuve el privilegio de asistir a una de sus conferencias en Guadalajara, México, donde habló más allá de su nuevo libro entonces (El Hombre Duplicado): nos hizo reflexionar sobre el concepto de la “democracia” y lo que realmente debería significar; reivindicó la lucha Zapatista en Chiapas y la necesidad de reconocer los derechos indígenas en México y en todas partes; denunció las atrocidades del Estado de Israel contra el pueblo Palestino; y nos advirtió sobre el fundamentalismo religioso a propósito de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York.
Al final de la conferencia pude intercambiar unas palabras con él en medio de un tumulto, y cuando alguien, más bien presa de una ligereza, le dijo que le gustaba leer sus libros antes de dormir, Saramago respondió: “pero la idea de mis libros es que te ayuden a despertar, no a dormir.”
Saramago nos desafió con el siguiente pronunciamiento, escrito en Cuadernos de Lanzarote: "Y yo pregunto a los economistas políticos, a los moralistas, si ya han calculado el número de individuos que es necesario condenar a la miseria, al trabajo desproporcionado, a la desmoralización, a la infamia, a la ignorancia crapulosa, a la desgracia invencible, a la penuria absoluta, para producir un rico."
Escudriña la falsedad de los que reducen el ejercicio económico a una simple ecuación mecánica o a la productividad sin dimensión humana. El sistema económico que impera en la mayor parte del mundo se basa en la desigualdad y la explotación del hombre por el hombre, y mientras la riqueza quede en pocas manos y las grandes mayorías permanezcan marginadas, el futuro de la humanidad se ve insostenible.
Las estadísticas son contundentes:
· El 20% más rico de la población mundial posee y disfruta del 85% de la riqueza y los recursos del planeta.
· Solamente en concepto de pago de interés de la deuda externa, los países pobres transfieren anualmente cerca de un trillón de dólares a los países ricos. Esto equivale a varios Planes Marshall para los países más ricos del mundo a costillas de los ciudadanos más pobres.
· La riqueza de las tres personas más ricas del mundo equivale al producto interno bruto de los países más pobres del planeta, donde viven más de 900 millones de personas.
· Según el Banco Mundial, una fuente bastante “fidedigna,” alrededor de mil cuatrocientos millones de personas en el mundo sobreviven diariamente con US$1.25 o menos
· En Latinoamérica, el 10% más rico absorbe 48% de la renta, mientras que el 10% más pobre adquiere solamente un 1.6%.
· En El Salvador, el capital de los ocho grupos oligárquicos más importantes es mayor al producto interno bruto nacional, mientras que 113,000 empresarios se quedan con 75% de la riqueza producida por 2.5 millones de trabajadores y trabajadoras.
· En Estados Unidos, un país admirado por muchos y supuestamente un defensor de la justicia y donde se premia al que trabaja duro, el gobierno regaló más de un trillón de dólares del dinero de todos los contribuyentes al puñado de especuladores parásitos que fueron los que causaron la crisis financiera de 2008/2009 begin_of_the_skype_highlighting 2008/2009 end_of_the_skype_highlighting. En vez de terminar en la cárcel como los criminales que son, se les premió con un jugoso salvataje para que comiencen un nuevo ciclo de criminalidad.
Estas cifras no solamente ponían los pelos de punta a un Marxista como Saramago: cualquier cristiano que esté comprometido con las enseñanzas de Jesucristo debería alzar su voz contra este sistema que está diseñado exclusivamente para beneficiar los intereses de minorías corruptas y para que los ricos se hagan más ricos sobre las espaldas de miles de millones de sus prójimos.
Y es aquí donde yace el legado de Saramago para los que están comprometidos con una economía más justa: debemos aplicar el pensamiento crítico como norma y considerar al ser humano y sobre todo a los más desposeídos como centro de los sistemas económicos para nuestros pueblos. Debemos darle vuelta a la tortilla: hacer que el sistema sirva al ser humano para que éste se desarrolle plenamente como ser humano.
Esto requiere a su vez cambiar la mentalidad del las personas a modo de que se elimine esa sed por el interés propio y la mezquindad, el deseo de consumir sin medida, el de sacar tajada sin apelación. Saramago fue claro en su concepción del ser humano: es la solidaridad y la fraternidad lo que nos caracteriza, y debemos luchar para recuperar estos valores en medio de tanta mediocridad generalizada.
Siempre tendré presente a Saramago en mi andares por la vida, sobre todo su insistencia en tener una cabeza pensante que ataque al poder y su preferencia por los débiles del mundo. Por conocer su obra y su pensamiento me considero un hombre mejor; es mi esperanza que esta afirmación se propague como llamarada dentro de la conciencia de todos y todas.
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