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2010/06/23

Contra Punto-Pacto contra la muerte

23 de Junio. Tomado de Contra Punto.

Los grandes medios resaltan las reacciones que piden venganza, sobre todo aquellas de impulsar la pena de muerte y la supresión de todas las leyes juveniles y de la niñez

SAN SALVADOR – El Salvador vive un trauma horrendo tras la masacre de Mejicanos del pasado domingo. Voces de indignación se escuchan por doquier; lo que no se escucha es el estado de aterrorizamiento y de paranoia que en la sociedad se ha creado. “Ya no quiero andar en bus”, dice la gente para la cual no hay otra alternativa de transporte.

Los grandes medios resaltan aquellas reacciones que piden venganza, sobre todo aquellas que hablan de impulsar la pena de muerte y la supresión de todas las leyes que se han dictado en beneficio de la juventud y la niñez.

“Creamos el monstruo y ahora lo más fácil es matarlo”. El fenómeno de las pandillas, que era desde hace una década una fenómeno social se convirtió al crimen organizado de nuevo tipo y éste se encuentra mutando hacia a un nuevo tipo de terrorismo, debido precisamente a esas acciones unilaterales represivas.

Volver a la pena de muerte, a la cadena perpetua y a la anulación de todas las convenciones juveniles y de la niñez, convertiría a El Salvador en un Estado extremista y ultra-represivo. Así lo proponía un magistrado de la Corte Suprema de Justicia ante las cámaras de televisión; ello es reflejo de un intento de regresar al pasado, el cual nos metió en la vorágine de las guerras y las confrontaciones crónicas.

El Salvador lo que necesita realmente es depurar la tremenda y terrible corruptela en que está sumido el sistema de justicia, en especial fiscales y jueces. La policía ha estado trabajando en su depuración y tiene que continuar para enderezar el tronco. Ciertamente hay que revisar las leyes, pero no podemos instaurar el salvajismo.

Una de las problemáticas existentes en la actual ola violenta es la cadena de venganzas que se genera cuando se comete un crimen. De implementar la pena de muerte y suprimir las leyes juveniles y de la niñez, sería el Estado el que asumiría parte de esa cadena vengativa, y ellos generaría mucha más violencia, por lo tanto, sería equivalente –de manera incrementada- a las fracasadas “Súper Ultras Manos Duras”, generadoras de las actuales situaciones.

Las capturas realizadas tras la masacre, las armas y las pruebas encontradas, podrían convertirse en el proceso judicial, en el mayor disuasivo contra la criminalidad. Los autores intelectuales y materiales del crimen tienen que ser sancionados ejemplarmente, pero respetando el Estado de Derecho vigente. No se debe dar flancos a la impunidad.

Por otra parte, la rápida acción policial demuestra capacidad. ¿Por qué no transferir más recursos humanos, técnicos y científicos a la policía?

El presidente Mauricio Funes tiene ante sí un gran desafío. O agarra realmente al toro por los cuernos y lo vence, o quedará en el rincón de los demagogos que nada quisieron hacer contra la impunidad. Ello requiere también de un pacto social contra muerte.

Pacto contra la muerte

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