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2010/06/15

Contra Punto-Hablemos del Espacio Público

 Sandra Gutiérrez Poizat.15 de Junio. Tomado de Contra Punto.

SAN SALVADOR - En la Roma antigua los planificadores de ciudades obtenían las medidas para todos sus espacios a partir de un punto central al que llamaban umbilicus. El umbilicus u ombligo, indicaba las divisiones exactas que se debían hacer para marcar los trazos internos y límites de la nueva ciudad. Desde este centro se marcaban luego las dos calles principales: el decumanus maximus y el cardo maximus, las cuales a su vez delimitaban cuatro cuadrantes simétricos.
En América Latina la herencia romana llega a través de las Leyes de Indias que definen para la ciudad colonial una ‘abstracta regularidad geométrica: la cuadrícula’ (Segre: 1999; 24). Esta cuadrícula nace y se expande a partir del punto fundacional de la ciudad: la plaza central. Desde aquí surgen los trazos de las calles principales que a su vez delimitan la conformación de los barrios de la ciudad.
Umbilicus o plaza, decumanus/cardo o calle, son los espacios básicos a partir de los cuales  se estructura la ciudad. La plaza es el gran vestíbulo urbano, el escenario de encuentro de la comunidad. En ella se cumplen múltiples funciones que en coexistencia o alternancia definen el ritmo de la vida urbana. ¿Qué pasa cuando la plaza desaparece, o es unifuncional? Se pierde parte de la vitalidad urbana. Pensemos por ejemplo en el tema reciente de la Plaza de la Salud y la zona de Hospitales al final de la Calle Arce, en el Centro de San Salvador. Dejando de lado los cuestionamientos sobre los métodos del desalojo y los derechos de los vendedores informales, en términos urbanos la recuperación de aceras y plaza es ganancia para la convivencia ciudadana. Pasa de ser un espacio unifuncional (comercio), a brindar oportunidades para múltiples expresiones urbanas: paso, espera, encuentros, marchas, arte, e incluso el mismo comercio.
Asimismo la abertura de la plaza, aceras y calle, permite establecer una relación directa entre estos elementos urbanos y los edificios que los rodean. La lectura de la ciudad se vuelve más clara; las fachadas de los edificios de valor histórico resaltan (Hospital Rosales, Rotonda); los monumentos públicos se admiran, como el monumento al Dr. Tomás G. Palomo frente a la Rotonda, deseable sería que se devolviera también a la ciudad la placita al frente, tomada por el edificio de maternidad.
En las extensiones urbanas más recientes la plaza ha desaparecido y se ha transformado en un espacio privado. Ésta ha quedado confinada al interior de los centros comerciales, los cuales moderan su uso, regulan sus actividades, proveen su imagen. Es un espacio en función del consumo. No podemos decir que es un verdadero espacio público porque no está abierto a todos y todas, existe un código de imagen y comportamiento que los usuarios deben poseer. Igualmente las actividades son reguladas, no existe espacio para lo espontáneo, o el no estar de acuerdo. Finalmente su función principal es servir de escenario para realizar actividades de consumo. El centro comercial moderno ha sustituido al centro de barrio, el cual es por definición público e incluye otros servicios asociados como: escuelas, guarderías, clínicas, teatros, casas comunales, correo, policía, iglesia, etc.
Dentro del Área Metropolitana de San Salvador los Centros Históricos municipales constituyen enormes oportunidades urbanas de recuperar centralidades complementarias. Alcaldías como Santa Tecla y Soyapango están activamente trabajando en recuperar sus centros municipales; Antiguo Cuscatlán constituye un ejemplo interesante de verdadera centralidad urbana, con espacios públicos activos durante todo el año, día y noche, en los que coexisten diversidad de usos y programas, abiertos a todos y todas. Sin embargo la imagen urbana se ha descuidado al no balancear correctamente los volúmenes de las edificaciones, como es el caso del edificio de estacionamiento que opaca a la alcaldía y la iglesia.
Sirvan estas reflexiones para retomar el tema del Espacio Público como elemento estructurante de la ciudad, al cual hemos dejado de lado pero es imprescindible que recuperemos. La verdadera restauración de la vida pública, de la cohesión social y de la convivencia ciudadana, pasa por proveer en términos urbanos, de ciudad, espacios óptimos para que el encuentro ciudadano se realice.  

Hablemos del Espacio Público

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