Armando Salazar.20 de Junio. Tomado de Contra Punto.
SAN SALVADOR - Hace años en este país viene difundiéndose la teoría del rebalse del vaso. Más llevado y traído que otra cosa. Pero el problema es que el vaso siempre lo han hecho a la medida y cada vez es más grande y nunca ha rebalsado por más que los salvadoreños se han partido la espalda trabajando. A dicho vaso, según la historia, únicamente se le ha salido la sustancia, cuando el movimiento social le ha hecho hoyos.
Muy poco se puede esperar del capital alineado con la Anep, “los azadones” del país. No quieren saber nada de algún pacto fiscal y llaman responsabilidad social empresarial a puntuales acciones de caridad publicitaria. Eso sí, están llenos de modernismo de última tecnología.
Resulta hoy que Fusades, el cuerpo técnico de análisis de Anep (que además se han sumado a la campaña pro-recuperación del aún convaleciente Arena), nuevamente se ha despachado un alambique con el salario mínimo y su propuesta es esencialmente el incremento de la rentabilidad empresarial y el deterioro social de los trabajadores. Ya quisiéramos ver a los mismos directivos, profesionales y técnicos de Fusades o de la Anep con un salario mínimo y sus horas extras: No les alcanzaría ni para pagar la electricidad que consumen en sus residencias.
Otros “especialistas económicos” convocados por Anep y Fusades han clamado por la “estabilidad política” del gobierno actual y de la Asamblea Legislativa, para proporcionar “seguridad” jurídica a la rentabilidad acelerada del “empresariado”. Es decir, siguen con sus malas costumbres y miopes visiones.
¿Qué dicen hoy estos analistas, gremiales y fundaciones después de que los gobiernos de Arena siempre tuvieron asegurado su crecimiento y rentabilidad extrema producto del reparto de la inversión y pago de servicios del Presupuesto General de la Nación y que hoy no lo tienen a entera disponibilidad? Estas “empresas” nunca arriesgaron por el país, la plata de todos, la tenían asegurada. Y es más, varias empresas hasta han montado juicios de indemnización y berrinches públicos. No hay otra palabra que los identifique más que sinvergüenzas cubiertos por la legalidad creada… por ellos.
En sus conciencias y contabilidades estará registrado el derroche a manos llenas, la manipulación de políticos, presidentes, militares, policías, fiscales, juzgados, etc. Hoy nuevamente le dicen al gobierno actual que la solución no son más impuestos, mientras en la realidad de la calle, la gente sencilla sigue contando las monedas en el bolsillo para pagar las tortillas, las cuotas y las medicinas.
La lógica de que los empresarios no pueden proporcionar a los trabajadores y a la sociedad un mayor reconocimiento monetario producto de las ganancias obtenidas por sus empresas, es la lógica de la acumulación de conflictividades sociales, de las que incluso después, no asumen responsabilidad alguna y solo ofrecen amenazas y garrote.
La Anep y sus voceros diversos, empresariales, políticos y mediáticos, se han puesto nuevamente los polvosos trajes de hace 40 años. No creemos que el gobierno actual olvide que son los mismos núcleos de poder que mandaron a matar a monseñor Romero, al sacerdote Rutilio Grande en Aguilares, a los sacerdotes jesuitas, a más de 70 mil salvadoreños y desaparecer a otros ocho mil, previa inconfesable tortura. Y decimos esto, porque “solamente” es un “simple” registro del comportamiento histórico y la esencia del capital salvadoreño. No hay olvido.
El actual sistema político no solo comienza a desbaratarse no solo por un gobierno diferente e “impredecible” para los engranajes empotrados y acostumbrados de poder (cuando lo que en algunos casos sucede es que se trata de cumplir con la ley). Sino, esencialmente, porque la población es hoy más conciente y fue ella quien decidió iniciar el rompimiento de un modelo de gobierno corrupto y arbitrario. Parte de la población, aún siendo fuerza laboral de empresas con dirigencias areneras, tomó el riesgo y decidió por un cambio sustancial, que sabe que no es fácil ni inmediato, pero que no pierde de vista.
Es por ello que los reducidos y poderosos sectores de poder, reales y mediáticos, tratarán de hacer creer que “sus” intereses son “iguales” a los de cada uno de nosotros, de la nación entera. Los reales “intereses nacionales”, siempre los mantuvieron secuestrados estos sectores de poder, mientras la gente permanecía y permanece aún, descalza, mal nutrida, con temor, necesitada de salud, conocimiento y vivienda digna.
La sociedad no olvida que estos dorados señores remataron recursos estratégicos del Estado (ANTEL, CEL, MOP); que en el 2001 dolarizaran al país; que quebraron y robaron bancos, y percibe con precisión que aún hoy, el capital quiere hacerse la señora de los panes con los impuestos que la sociedad reclama para su desarrollo material y democrático.
Por si fuera poco, la Anep exige al presidente Funes que debilite más la capacidad de intervención legal y constitucional del aparato del Estado, cerrándose a aportar más del obligado 25% de sus ganancias anuales, negándose al impuesto predial y presionar al gobierno por más concesiones y privatizaciones, incluidos el turismo, los puertos y aeropuertos.
Ellos están presionando al presidente Funes y a los legisladores para que no decreten más impuestos al empresariado y siguen enarbolando cínicamente la bandera nacional, mientras buena parte de los trabajadores continua en grave situación de pobreza, aún percibiendo un escandaloso “salario mínimo” o menos que eso, como en las maquilas.
Sería conveniente para los intereses del país que Anep, Arena, Fusades, entendieran e interiorizaran que las cosas ya no volverán a ser las mismas: el empresariado nacional tiene mucho que aportar voluntariamente en un pacto que proporcione, con claridad, mayores y sustanciales beneficios a la sociedad y dejar de conducirse con avaricia y ofensivo consumismo por el país.
Hay conflictos en esta sociedad que son productos acumulados por la forma en que fueron impuestas las relaciones económicas, institucionales y las formas de gobernar.
La población de este país (incluso los mismos empresarios) necesita vivir con certidumbre en espacios materiales, emocionales y culturales que les reafirmen su humanidad, su relación social y ambiental, el sentido de responsabilidad y el trabajo. No es enajenando más a los trabajadores como se solucionarán los problemas de las familias y la sociedad.
Retrasar y bloquear la humanización fiscal, significará que la factura futura, simplemente será mayor.
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