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2010/06/14

Co Latino-Ventura Mejía, una jardinera fiel | 14 de Junio de 2010 | DiarioCoLatino.com - Más de un Siglo de Credibilidad

 Dagoberto Gutiérrez. 14 de Junio. Tomado de Diario Co Latino.

Se llama así, Ventura Mejía, tiene casi cien años, tiene el pelo gris y es de baja estatura y es tremendamente ordenada y es la mamá, la abuela, la bisabuela y la tatarabuela de una gran cantidad de personas.
Hace muchos años que falleció su esposo, ella no recuerda bien cuando ocurrió eso pero tiene una memoria vivida de toda su vida con él, uno de sus nietos es el padre de Elmer y este bisnieto es el que cuenta la historia de su abuelita.
Esta mujer ha vivido su vida trabajando en la agricultura y haciendo de todo lo que hay que hacer para extraer la cosecha de la tierra y por eso sus manos son fuertes pero llenas de ternura hacia las plantas y estas parecen ser la compañía que Ventura prefiere más.
De manos pequeñas y pies pequeños cubiertos con pequeñas sandalias, de ojos grises y vestida de manera modesta limpia y ordenada; la anciana vive sola en una pequeña habitación de paredes de adobe y techo de teja, de piso de suelo, una pequeña cama, junto a la cama una pequeña mesa y en ella una caja de cartón que a manera de cofre contiene sus pertenencias mas privadas.
La pequeña casa tiene un pequeño corredor también de tierra y en uno de sus extremos un pequeño poyetón donde la niña Ventura cocina su comida. La ceniza siempre está tibia y los tizones parecen ansiosos por encender. 
Todos los días temprano atiende primorosamente las plantas de su patio, cuida de ellas, ya sean flores o frutales, con mucho primor y las abona, les hecha agua, las limpia de telarañas, les quita las hojas secas, pica la tierra alrededor del tallo para oxigenarla, persigue a los zompopos para defender sus limoneros y así, cerca del medio día recibe las visitas de familiares.
El lugar se llama Tierra Colorada en las zonas rurales de Zacatecoluca y a una cuadra de distancia de la casa de la niña Ventura vive una de sus nietas que diariamente la visita para asegurarse de que todo está bien. Con ella la anciana compra algunos víveres, pero eso si, ella misma echa sus tortillas, cose el maíz, lo lava y lo muele y echa sus tortillas para su consumo.
De vez en cuando, llegan a comprarle plantas de las que ella cultiva y también tierra preparada como abono y, diariamente y en horas tempranas de la tarde la anciana se baña en la pequeña quebrada que corre a una cuadra de su casa, luego de esto se peina lenta y largamente, se cambia ropa para posteriormente lavar la ropa que se acaba de quitar. A sus casi cien años oye perfectamente, mira muy bien y pasa su día moviéndose de un lado para otro sin descanso.
Su pequeña y humilde casa no parece llamar la atención a nadie, mas bien parece una casa abandonada hasta que el visitante advierte en la vegetación que ese jardín cuenta con una jardinera amorosa y fiel, en uno de los árboles de zapote una pareja de chiltotas a construido su nido y el amarillo intenso y encendido de las aves vuelan en horas de la mañana, casi siempre a las once, desde su nido hacia la cocina de la niña ventura, son sus amigas y no le temen, la anciana tiende su mano pequeña con pedazos pequeños de tortillas y la chiltota vuela del suelo hacia su mano toma un pedazo de tortilla y vuela hacia su nido donde la espera una pareja de futuras chiltotas llenas de hambre, distribuye la comida y vuela de nuevo hacia la mano de la anciana y así, una y otra vez y todos los días y semanas. 
También llegan zanates, urracas y huacalchillas, y de tarde en tarde un gavilán adulto vigila la casa desde un cocotero que domina las alturas en el patio de la anciana, cuando éste aparece todas las aves abandonan la escena y el rapaz empieza a acicalarse lentamente como si tuviera todo el tiempo.
La niña Ventura y su jardín gozan de buena salud, sin dolores ni angustias y, en ciertas tardes Elmer visita a su bisabuela, lo conoce muy bien y le pregunta y lo escucha, el muchacho delgado y de cara aguileña, de ojos inteligentes y sonrisa fácil, de manos ágiles y pequeñas y todo él lleno de voluntad y habilidad. Al estar frente a frente las dos generaciones saben que vienen del mismo río y van al mismo río y que dependen del mismo golpe de sangre, la abuela es la vida y el nieto la vida por vivir, la abuela parece ser el fin de una caminata y el nieto, de veintiún años, parece ser el principio de una marcha, los dos están llenos de tiempo, pero a la niña Ventura le pesan las horas mientras que a Elmer le hacen falta.
Ventura Mejía es una vida fructífera, dedicada al trabajo y al bien,  así lo sigue haciendo todos los días y lo hará todo el tiempo y en todas las horas, lo saben bien todos sus árboles, flores y chiltotas.

Ventura Mejía, una jardinera fiel | 14 de Junio de 2010 | DiarioCoLatino.com - Más de un Siglo de Credibilidad

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