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2010/06/12

LPG-¿Aceptará debatir el FMLN?

Si tanta es la admiración por la Cuba castrista, queremos oír las razones de esta admiración. Si tanto se despotrica contra el “fracasado modelo”, deseamos escuchar las alternativas que se plantean a ese modelo. Si tantas pancartas callejeras vomitan odio contra la empresa privada, nos interesa conocer qué gobierno en el mundo ha aumentado la riqueza y reducido la pobreza sin alentar la iniciativa privada y sin respetar la libertad empresarial.

Escrito por Federico Hernández Aguilar.12 de Junio. Tomado de La Prensa Gráfica.

Ya un notable columnista de este periódico, Rafael Castellanos, ha lanzado el guante al FMLN. La invitación es a discutir seriamente, con una claridad y honestidad que todavía no exhibe la izquierda criolla, qué debemos entender los salvadoreños por “socialismo”, qué implica esa “disputa ideológica” que mantienen los efemelenistas con el presidente Funes y a qué debemos atenernos cuando nos hablan de “cambio real”, en contraposición a ese “cambio a medias” que denuncia Roberto Lorenzana en una entrevista reciente.

Los asuntos arriba mencionados, por cierto, no son anodinos. Son lo suficientemente decisivos como para haber obligado al actual partido de gobierno a reconocer, después de varios meses de negarlo, que hay visiones distintas entre Mauricio Funes y el FMLN respecto del rumbo que debe tomar el país.

Ya es hora, sin duda, de abandonar los eufemismos. Eso de que las diferencias entre el presidente y el partido son sanas, porque alimentan el diálogo constructivo y enriquecen la democracia, está bien para sociedades políticamente más maduras, donde campañas expropiatorias como la que está realizando Hugo Chávez en Venezuela –por mencionar un macabro ejemplo– son poco menos que inimaginables. No es nuestro caso.

Es simplemente deshonesto recurrir a ese argumento en un país donde las tensiones ideológicas entre la izquierda y la derecha motivan numerosos desencuentros sociales, al punto que se han vuelto inocultables en el interior del actual gabinete y están comenzando a provocar desórdenes en las calles. Y si el partido con mayor representación legislativa dice, en boca del ex jefe de campaña de Mauricio Funes, que el Ejecutivo no tiene “voluntad” para “profundizar” los cambios, exigirle al FMLN que explique a qué se refiere, es una responsabilidad que cada vez más ciudadanos deberíamos asumir.

Los temas que Rafael Castellanos pone sobre la mesa tienen la ventaja de ofrecer un buen punto de partida. Definir qué significa para el Frente la palabra “rumbo” es fundamental a estas alturas de nuestro juego democrático. Ya tuvimos una elección presidencial en que muchas ideas largamente acariciadas por este partido quedaron sepultadas bajo un alud de vergonzosas evasivas. El que salieran a la luz, a escasos meses de haber llegado al poder, coloca en perspectiva dos cosas: que el FMLN es aficionado a los silencios tácticos, lo que lo vuelve un “ofertante” desleal para el electorado, y que la izquierda institucionalizada no va a desperdiciar la oportunidad que hoy tiene de aprovechar el aparato estatal para apuntalar el sueño socialista.

Si tal fuera el camino por el que los efemelenistas quieren llevarnos, los salvadoreños tenemos derecho a saberlo. Y el FMLN, a proponerlo con transparencia, explicarlo con precisión y defenderlo con valentía. Ya basta de irrespetar al país con acertijos verbales y fraseología encubridora. Ganar la voluntad de los electores, en una democracia, implica convencerlos. Solo los que no están seguros de sus ideas y proyectos necesitan engañar a la gente.

Si tanta es la admiración por la Cuba castrista, queremos oír las razones de esta admiración. Si tanto se despotrica contra el “fracasado modelo”, deseamos escuchar las alternativas que se plantean a ese modelo. Si tantas pancartas callejeras vomitan odio contra la empresa privada, nos interesa conocer qué gobierno en el mundo ha aumentado la riqueza y reducido la pobreza sin alentar la iniciativa privada y sin respetar la libertad empresarial.

¿Y qué es eso, señores, que ustedes llaman “neoliberalismo”? ¿Qué escuela o corriente económica en el planeta se autodenomina “neoliberal”? ¿Quiénes son sus principales exponentes y dónde figuran sus mejores propuestas? Más bien deberíamos abandonar las viñetas gratuitas y acometer la tarea de elevar la discusión política. Si creemos que el socialismo aporta soluciones viables a los grandes problemas de la humanidad, perfecto: enfrentémoslo entonces, sin miedo, a su más ilustre antagonista teórico, el liberalismo, que sí existe como corriente de pensamiento y aporta ideas que han dado rumbo a las naciones más prósperas del mundo. ¡Eso es lo honesto!

La izquierda salvadoreña de extracción marxista se ha vuelto reacia, en los últimos años, a debatir sus posturas. La caída del campo socialista parece haberlos paralizado intelectualmente, a tal grado que les resulta más cómodo repetir eslóganes populistas que reorganizar las teorías y someterlas al escrutinio de la opinión pública. Los liberales, en cambio, los que defendemos la libertad humana por encima de los simplismos retóricos y las utopías trágicas, quisiéramos poner de moda aquella vieja máxima de Jefferson: “Una opinión equivocada puede ser tolerada donde la razón es libre de combatirla”.

Lo que repugna de la sorda confrontación que la izquierda partidaria pretende hacerle a Mauricio Funes es lo que tiene de oportunista. Si el Frente no avalaba la propuesta que su candidato le hacía a la nación, ¿por qué no lo dijeron claramente durante la campaña? ¿Por qué no aparecieron esos críticos del actual presidente desmontando el discurso que daba cuando era aspirante? ¿Por qué callaron?

¿Acaso fue porque en ese momento lo importante era ganar la elección a como diera lugar, despercudiendo el mensaje y dejando las discrepancias para después? ¿O se debió ese silencio a una estrategia bien montada que incluía manipular la democracia, convertir en títere a Funes y engañar oprobiosamente al país? ¿O acaso hemos de pensar que la candidatura presidencial del FMLN, para la contienda de 2009, fue producto de negociaciones indecorosas que hoy ninguno de sus protagonistas quiere admitir?

¿Aceptará debatir el FMLN?

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