Esta es hora en que debemos dedicarnos a resolver problemas, que los tenemos de gran magnitud y complejidad. Esa debería ser la brújula compartida por los diversos sectores y actores nacionales.
Escrito por Editorial. 20 de Enero. Tomado de La Prensa Grafica.
Nuestro país se halla en un momento delicado, en el que hay que tratar de ir disolviendo incertidumbres y fortaleciendo confianzas. Esto no es fácil, porque a la alternancia política, de por sí difícil, se juntan los efectos de la crisis económica, la incidencia del auge delincuencial y las dificultades financieras para lograr un adecuado sostenimiento de la gestión gubernamental. Sensatez y responsabilidad es lo que la situación demanda.
Se acaban de cumplir 18 años del Acuerdo de Paz, y en tal ocasión se hicieron declaraciones que han venido a generar polémica. El Presidente de la República, en el acto que convocó al efecto, hizo una formal petición de perdón por algunos comportamientos indebidos y repudiables de instituciones estatales durante el conflicto armado. Tal petición, válida en sí, puede interpretarse como una forma de cerrar el capítulo de aquellas culpas, en lo que al Estado se refiere, con un reconocimiento que además apunta a la reparación moral y material de daños sufridos por las víctimas. Quedaron en el aire las culpas que carga la antigua guerrilla, y eso desata reacciones.
Pero la polémica más ácida deriva de lo dicho por el Vicepresidente de la República, en acto paralelo, sobre la reforma de la Constitución, precisamente en el artículo 248 de la misma, que cierra la puerta al cambio en lo referente a la forma y sistema de gobierno, territorio de la República y alternabilidad en el ejercicio de la Presidencia. Esto es tocar un avispero cuando ya hay suficientes avispas en circulación. Otros personeros del FMLN se han demarcado de tales declaraciones; y la pregunta es inevitable: ¿Cuándo habrá la suficiente coordinación para que nadie haga declaraciones que de inmediato haya que matizar o desautorizar?
Dedicarse a resolver problemas
Tenemos más que suficiente surtido de problemas como para estar trayendo otros a la mesa. Una reforma de la Constitución, cualquiera que sea su dimensión y su trascendencia, siempre requiere un ejercicio de voluntades políticas, lo cual, en las circunstancias presentes, resulta bastante más complejo que en tiempos normales. Y más cuando se trata de la médula del sistema. No es que se diga que hay temas intangibles para siempre: es que esos temas –como los contenidos en el famoso artículo 248– la sensatez elemental indica que sólo podrían tratarse en condiciones de gran entendimiento nacional, que estamos muy lejos de alcanzaren las actuales circunstancias. Además, cuestiones como la reelección presidencial inmediata, que se ha puesto tan de moda entre los que quieren darle vida, aunque sea artificial, al ensueño de la permanencia diz que revolucionaria, despiertan gran cantidad de anticuerpos, y sobre todo dentro de una experiencia histórica como la nuestra, que sepultó ese tema desde allá por los años cuarenta del pasado siglo.
Esta es hora en que debemos dedicarnos a resolver problemas, que los tenemos de gran magnitud y complejidad. Esa debería ser la brújula compartida por los diversos sectores y actores nacionales.
Hay que ir ordenando las relaciones, tanto intergubernamentales como entre Gobierno y partido en el gobierno, así como entre todos los anteriores y los distintos actores privados. Esto es básico para ordenar y asegurar adecuadamente el rumbo del país.
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