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2010/01/15

La Pagina-La distopia del anti-Marcos. Barbarie o socialismo

Escrito por José Iglesias Etxezarreta. 15 de Enero. Tomado de La Pagina.

Existe un viejo adagio de la teoría de la comunicación de masas que asegura que, en situaciones de crisis y agotadas todas las demás estrategias, cuando ya no queda lugar para otras explicaciones, la Solución Final consiste en “echarle la culpa a las víctimas”. Si a los legos pudiera parecerles que tanta perversidad se produciría sólo en casos aislados, se sorprenderán de saber que ejemplos de ella podemos encontrarlos todos los días en los medios, arena natural para dirimir esas cuestiones en nuestra sociedad mediática y mediatizada. 

Sólo ayer, en Catalunya, por ejemplo, un ministro del gobierno autónomo achacaba al “exceso de confianza” de los bomberos que habían muerto abrasados en un pavoroso incendio forestal, su espantoso fin. Diariamente, en todos los conflictos se apela a la capacidad de sacrificio de los débiles para aproximar posturas y resolver problemas que generalmente no han sido creados ni son responsabilidad de ellos. 
En El Salvador acabamos de asistir a un ejemplo excepcional de tan repugnante práctica. Un alto mando de la Policía Nacional Civil añadía ofensa a las heridas de las víctimas para justificar su propia ineficacia ante la ola de homicidios que nos aflige alegando que “la mayoría de los asesinatos están relacionados con drogas o ajustes de cuentas”. En resumidas cuentas y en un lenguaje popular, un retorno al manido “algo habrán hecho”.
Todo porque, como habíamos advertido en Mares de lágrimas heladas , el país ha cerrado el año llegando a la anunciada cifra de 4360 asesinatos. También en aquella contribución, nos referíamos a la ausencia de los más débiles entre los débiles, verbigracia El Salvador y sus muertos, de la corriente mediática hegemónica mundial: ¿Por qué los 69 asesinatos en un día de México inundan las planas internacionales y los 25 en 24 horas de El Salvador, no (la población cuscatleca es ligeramente superior a una vigésima parte de la azteca, por lo que equivaldrían a la terminación violenta de casi 500 vidas en el país norteamericano)? 
Siendo el horror ante este abismo (“el horror, el horror” del Kurtz de Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, el Marlon Brando de Apocalypse now para los que no les guste leer, el temor del hombre occidental a ser alcanzado por los efectos de la cara sucia del trópico) el motivo de mi exilio y el de mi familia, me he preguntado como tantos otros compatriotas por sus orígenes, y por la sustancia de la cultura de la muerte subyacente, que los pudientes se permiten contemplar con el cinismo distante y la indiferencia creciente que se está extendiendo como una mancha oscura por la camisa y los rostros blancos de las clases altas nacionales. 
En nuestra juventud muchos de nosotros nos regimos por el principio punk "vive rápido, muere joven y dejarás un bonito cadáver". Aunque no estuvo exenta de precios a pagar, ésta era una opción generacional, vital, y a su vez autodestructiva, contestataria, antisistémica y teñida de un cierto romanticismo y de rebeldía suicida. Hoy en día, es la rampante desigualdad social la que aboca a millones de jóvenes a tomar literalmente este camino sin salida, sin posibilidad alguna de tomar otra vía que les garantice un mínimo mañana. En El Salvador, un pandillero, por ejemplo, que supere los 25 años es una rareza y los más notorios reciben incluso el sobrenombre de "viejo", tal como el más famoso, Carlos Mojica Lechuga, alias "el viejo Lin".
Hace más de diez años escribí un artículo en Le Monde Diplomatique en español en que decía que algunos Estados-nación acabarían estallando en una explosión de violencia por parte de grupos de jóvenes desesperados, ya estuvieran políticamente organizados
o actuando como una masa informe, y ponía la disyuntiva entre Chiapas y los disturbios de Los Angeles, y acababa con la vana esperanza de que la expresión transitara por la primera vía. 
Esa ruta surgió, húmeda y humilde, un sendero a través de la lluviosa Selva Lacandona, transitada por un ejército de sombras, de desarrapados, durante la noche del 31 de diciembre de 1993 al 1 de enero de 1994. Esta alternativa, nacida en la periferia de la periferia, es sin embargo la que de forma más moderna ha entendido y abrazado el mundo y los métodos cambiante del nuevo milenio. Como implicábamos al principio, a estas alturas está claro que la realidad es lo que se cree que es; por tanto, para cambiar el mundo debemos cambiar primero la percepción que tenemos del mismo. 
En Chiapas se cristalizó  el nuevo estilo político y vital, antivanguardia y antieurocéntrico, de base y anticupular, que latía en las calles y en las montañas de todo el mundo desde 1968. Su icono principal, el subcomandante Marcos. Los años 60 y 70 parieron en los movimientos de liberación un tipo de liderazgo fuerte, pero simpático, y muy atractivo en su frescura y autenticidad frente a la grisura marmórea del estalinismo al uso hasta entonces: el Che, Malcolm X, Martin Luther King, las Panteras Negras, Angela Davis, Ho Chi Minh, Patrice Lumuba. Incluso los Baader Meinhof resultaban glamorosos. Pero la desaparición de los luminosos trajo la venida de los iluminados. Tras la reacción neoliberal y la degeneración terrorista, los 80 y 90 alumbraron todo lo contrario: líderes mesiánicos, creídos, últimamente cobardes y ratonescos en la derrota o la captura: Abimael Guzman, de Sendero Luminoso; Apo Oçalan, del PKK; las FARC, Alija Izetbegovic… 
En este páramo de facciones osificadas y autoritarias, fanáticos, integristas, aparece Marcos (¿un nombre, un acrónimo?) como símbolo simultáneo de la evolución y de la vuelta a los orígenes. Los zapatistas han demostrado la fuerza decisiva de los iconos mediáticos hoy en día, el poder que tiene el símbolo, la marca, para extender la palabra, pero el peligro de banalización, de vaciado de contenido y de mitigficación que también comporta. Por eso, la construcción Marcos es de una gran fuerza, pero incorpora en sí misma el humor y la desmitificación. Incluso, cuando se personifica en el hombre, éste parece estar siempre sonriendo bajo el pasamontañas. El movimiento zapatista parece haber sido diseñado por un grupo de mercadólogos alternativos. Un mensaje sencillo y universalmente asumible: pan, tierra y libertad, igualdad, dignidad. Una referencia pristina al pasado, unas raíces: Zapata. La ironía, la empatía, la calidez, los dobles sentidos, que se cuela por los ojos y en los textos, escritos que, como los liderazgos, parecen colectivos. El sub, un nombre que indica la subordinación del hombre blanco, urbano y agresivo frente a una comandancia indígena y femenina. Un ejército con fusiles de madera que no mata a nadie, que gana y pierde batallas sin disparar un sólo tiro, la pipa del pensamiento y la paz, la selva misteriosa que no lo es… Y sobre todo el poder de la Mascara: la fascinación de lo oculto, el rostro de todos frente al de uno, el nuestro… los antifaces libertadores mexicanos, el Zorro, el Santo, Superbarrio… la máscara de jade azteca… la noche de los tiempos…
“El General en Jefe del Ejército Libertador de Sur Emiliano Zapata.
Manifiesto Zapatista en Náhuatl

Al pueblo de México:
A los pueblos y gobiernos del mundo:
Hermanos:
No morirá la flor de la palabra. Podrá morir el rostro oculto de quien la nombra hoy, pero la palabra que vino desde el fondo de la historia y de la tierra ya no podrá ser arrancada por la soberbia del poder.
Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella. Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche, para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo. Para nosotros el dolor y la angustia, para nosotros la alegre rebeldía, para nosotros el futuro negado, para nosotros la dignidad insurrecta. Para nosotros nada.
Nuestra lucha es por hacernos escuchar, y el mal gobierno grita soberbia y tapa con cañones sus oídos.
Nuestra lucha es por el hambre, y el mal gobierno regala plomo y papel a los estómagos de nuestros hijos.
Nuestra lucha es por un techo digno, y el mal gobierno destruye nuestra casa y nuestra historia.
Nuestra lucha es por el saber, y el mal gobierno reparte ignorancia y desprecio.
Nuestra lucha es por la tierra, y el mal gobierno ofrece cementerios.
Nuestra lucha es por un trabajo justo y digno, y el mal gobierno compra y vende cuerpos y vergüenzas.
Nuestra lucha es por la vida, y el mal gobierno oferta muerte como futuro.
Nuestra lucha es por el respeto a nuestro derecho a gobernar y gobernarnos, y el mal gobierno impone a los más la ley de los menos.
Nuestra lucha es por la libertad para el pensamiento y el caminar, y el mal gobierno pone cárceles y tumbas.
Nuestra lucha es por la justicia, y el mal gobierno se llena de criminales y asesinos.
Nuestra lucha es por la historia, y el mal gobierno propone olvido.
Nuestra lucha es por la Patria, y el mal gobierno sueña con la bandera y la lengua extranjeras.
Nuestra lucha es por la paz, y el mal gobierno anuncia guerra y destrucción.
Techo, tierra, trabajo, pan, salud, educación, independencia, democracia, libertad, justicia y paz. Estas fueron nuestras banderas en la madrugada de 1994. Estas fueron nuestras demandas en la larga noche de los 500 años. Estas son, hoy, nuestras exigencias.
Nuestra sangre y la palabra nuestra encendieron un fuego pequeñito en la montaña y lo caminamos rumbo a la casa del poder y del dinero. Hermanos y hermanas de otras razas y otras lenguas, de otro color y mismo corazón, protegieron nuestra luz y en ella bebieron sus respectivos fuegos.
Vino el poderoso a apagarnos con su fuerte soplido, pero nuestra luz se creció en otras luces. Sueña el rico con apagar la luz primera. Es inútil, hay ya muchas luces y todas son primeras.
Quiere el soberbio apagar una rebeldía que su ignorancia ubica en el amanecer de 1994. Pero la rebeldía que hoy tiene rostro moreno y lengua verdadera, no se nació ahora. Antes habló con otras lenguas y en otras tierras. muchas montañas y muchas historias ha caminado la rebeldía contra la injusticia. Ha hablado ya en lengua náhuatl, paipai, kiliwa, cúcapa, cochimi, kumiai, yuma, seri, chontal, chinanteco, pame, chichimeca, otomí, mazahua, matlazinca, ocuilteco, zapoteco, solteco, chatino, papabuco, mixteco, cuicateco, triqui, amuzgo, mazateco, chocho, izcateco, huave, tlapaneco, totonaca, tepehua, popoluca, mixe, zoque, huasteco, lacandón, maya, chol, tzeltal, tzotzil, tojolabal, mame, teco, ixil, aguacateco, motocintleco, chicomucelteco, kanjobal, jacalteco, quiché, cakchiquel, ketchi, pima, tepehuán, tarahumara, mayo, yaqui, cahíta, ópata, cora, huichol, purépecha y kikapú. Habló y habla la castilla.
La rebeldía no es cosa de lengua, es cosa de dignidad y de ser humanos.
Por trabajar nos matan, por vivir nos matan. No hay lugar para nosotros en el mundo del poder. Por luchar nos matarán, pero así nos haremos un mundo donde nos quepamos todos y todos nos vivamos sin muerte en la palabra.
Nos quieren quitar la tierra para que ya no tenga suelo nuestro paso. Nos quieren quitar la historia para que en el olvido se muera nuestra palabra. No nos quieren indios. Muertos nos quieren.
Para el poderoso nuestro silencio fue su deseo. Callando nos moríamos, sin palabra no existíamos. Luchamos para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida. Luchamos por el miedo a morir la muerte del olvido.
Hablando en su corazón indio, la Patria sigue digna y con memoria.
Subcomandante Insurgente Marcos.
Ejército Zapatista de Liberación Nacional”
Frente a esta filosofía, tejida con la delicadeza de una miniatura medieval, se alza ese otro movimiento de los desposeídos, de los desesperados, furibundo, escalofriante en su poder, su frialdad, su falta de corazón, porque le ha sido arrancado, la cultura de la muerte de la que hemos hablado. Para comprenderlo, para resumirlo, recurrimos a otro Marcos, apellidado Camacho, que con el nombre de guerra de “El Marcola”, es jefe de la Armada denominada Primer Comando de la Capital (PCC) de Sao Paulo, la organización criminal que desde los sobrepoblados e insalubres penales brasileños aterroriza a las autoridades del gigante sudamericano. Para ello reproducimos una entrevista que muchas páginas de internet difunden que se publicó el 23 de mayo de 2006 en el diario O Globo, cuando realmente nació de la pluma del escritor y cineasta carioca Arnaldo Jabor. Sin embargo, el imaginario tete a tete entre ambos sintetiza como nunca el famoso dicho “si non e vero, e ben trovato”. Jabor se introduce en la mente de Camacho (algo no demasiado difícil dado el gusto por la notoriedad y la locuacidad del preso) y destila para el mundo el credo de la nueva muerte. Los amanuenses de la red la han titulado “Yo soy una señal de los tiempos”, aunque para nuestros fines preferiríamos una frase más sencilla que también contiene: “Hay una tercera cosa creciendo allí afuera”.
“¿Usted es del PCC? 
Más que eso, yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antiguamente era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desnivel de renta, pocas villas miseria, discretas periferias; la solución nunca aparecía. ¿Qué hicieron? Nada. ¿El Gobierno Federal alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros? Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas o en la música romántica sobre “la belleza de esas montañas al amanecer”, esas cosas. Ahora estamos ricos con la multinacional de la droga. Y ustedes se están muriendo de miedo. Nosotros somos el inicio tardío de vuestra conciencia social. ¿Vio? Yo soy culto. Leo a Dante en la prisión. 
Pero la solución sería… 
¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de “solución” ya es un error. ¿Ya vio el tamaño de las 560 villas miseria de Rio? ¿Ya anduvo en helicóptero por sobre la periferia de São Paulo? ¿Solución, cómo? Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una “tiranía esclarecida” que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. ¿O usted cree que los chupasangre (sanguessugas) no van a actuar? Si se descuida van a robar hasta al PCC. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal del país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta “conference calls” entre presidiarios.) Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución. 
¿Usted no tiene miedo de morir? 
Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, aquí en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes allí afuera. Nosotros somos hombres-bomba. En las villas miseria hay cien mil hombres-bomba. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva especie, ya somos otros bichos, diferentes a ustedes. La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tirados en una fosa común. ¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginal, ser héroe? Entonces ¡llegamos nosotros! ¡Ja, ja, ja.! Yo leo mucho; leí 3.000 libros y leo a Dante, pero mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país. No hay más proletarios o infelices o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. ¿Ustedes no escuchan las grabaciones hechas “con autorización” de la justicia? Es eso. Es otra lengua. Está delante de una especie de post-miseria. Eso. La post-miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas. Es la mierda con chips, con megabytes. Mis comandados son una mutación de la especie social. Son hongos de un gran error sucio. ¿Qué cambió en las periferias? Mangos. Nosotros ahora tenemos. ¿Usted cree que quien tiene 40 millones de dólares como Beira Mar no manda? Con 40 millones de dólares la prisión es un hotel, un escritorio. ¿Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, entiende? Nosotros somos una empresa moderna, rica. Si el funcionario vacila, es despedido y “colocado en el microondas”. Ustedes son el Estado quebrado, dominado por incompetentes. Nosotros tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotros luchamos en terreno propio. Ustedes, en tierra extraña. Nosotros no tememos a la muerte. Ustedes mueren de miedo. Nosotros estamos bien armados. Ustedes tienen calibre 38. Nosotros estamos en el ataque. Ustedes en la defensa. Ustedes tienen la manía del humanismo. Nosotros somos crueles, sin piedad. Ustedes nos transformaron en superstars del crimen. Nosotros los tenemos de payasos. Nosotros somos ayudados por la población de las villas miseria, por miedo o por amor. Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos “globales”. Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros “clientes”. Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos.
¿Pero, qué debemos hacer? 
Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí. ¡Agarren a “los barones del polvo” (cocaína)! Hay diputados, senadores, hay generales, hay hasta ex presidentes del Paraguay en medio de la cocaína y de las armas. ¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata? No tienen dinero ni para comida de los reclutas. El país está quebrado, sustentando un Estado muerto con intereses del 20 % al año, y Lula todavía aumenta los gastos públicos, empleando 40 mil sinvergüenzas. ¿El ejército irá a luchar contra el PCC? Estoy leyendo a Clausewitz, Sobre la Guerra. No hay perspectiva de éxito. Nosotros somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque. Si embroman, van a salir unos Stinger. Para acabar con nosotros, solamente con una bomba atómica en las villas miseria. ¿Ya pensó? ¿Ipanema radiactiva? Pero, ¿no habrá una solución? Ustedes sólo pueden llegar a algún suceso si desisten de defender la “normalidad”. No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia. Pero a ser franco, en serio, en la moral. Estamos todos en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos de él y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotros ya trabajamos dentro de ella. Entiéndame, hermano, no hay solución. ¿Saben por qué? Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema. Como escribió el divino Dante: “Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno”.
Retorna pues con fuerza la disyuntiva clásica: socialismo o barbarie. O más bien barbarie o socialismo, ya que la primera tiene muchas más oportunidades de prosperar. Reparto o acumulación (hasta cuándo toleraremos la mentira del crecimiento económico, cuando incluso un aumento del digamos 4% anual se diluye ya que el prorrateo habitual de la renta en este país conlleva que más del 3% vaya a parar a menos del 40% de la sociedad). Supervivencia colectiva o la inmolación del egoísmo. El carillón del reloj está dando sus últimas campanadas. El tiempo se acaba, y estamos ciegos si no vemos que por encima de los muros ya brilla el resplandor del incendio. Solidaridad o extinción. 
(Y mientras sucede todo esto, cual nuevo Nerón tocando la lira mientras el fuego consume Roma, Benedicto XVI se deleita ejerciendo de crítico cinematográfico y el Vaticano concentra sus esfuerzos en la condena de Avatar. Pero, claro, es que su Reino no es de este mundo).

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