No es que ahora no haya interés en acabar con los altos niveles de criminalidad, pero se detecta desgano, complacencia, un arrastrar de pies y más atención a la garduña de las plazas.
Editorial. 14 de Enero. Tomado de El Diario de Hoy.
Una onza de prevención vale una libra de cura, nos enseña un viejo proverbio. Lo importante es, empero, saber en qué consiste esa onza, quien la administra y la clase de cura que se busca. En vista de lo que viene sucediendo en nuestro país, estimamos cuestionables las cualificaciones del actual aparato de Seguridad para trazar, por sí solo, una estrategia de combate a la delincuencia. Lo que hasta la fecha se ha visto es permisividad hacia los delincuentes y poca protección para las víctimas, al grado de que en lugar de reducirse las zonas de alta peligrosidad, la sensación entre la gente es que las bandas han ido incrementando sus depredaciones; no hay lugar seguro en el territorio, aunque unos lo sean más que otros.
Agregado a esto, el principal esfuerzo de los nuevos funcionarios ha sido remover, desplazar o sustituir personal capacitado y con experiencia, para entregar jefaturas y puestos de responsabilidad a miembros del FMLN o sus aliados, indistintamente de sus ejecutorias. Personas que ganaron posiciones por sus méritos y que además recibieron entrenamientos en el exterior, están ahora en puestos menores sin haber sido evaluados, ni, lo que es todavía peor, sin que los nuevos demostraran tener la cabeza y la experiencia para cumplir en forma adecuada con las funciones que asumen.
Poco vale en estos momentos que una dependencia haya tenido éxito en el desempeño de su cometido para que los responsables de ella continúen en sus cargos. La unidad antisecuestros fue descabezada sin que a los antiguos titulares se les oyera o tuvieran oportunidad de demostrar su capacidad; lo determinante fue que alguien ligado al partido pretendiera esa posición, el salario y las prestaciones, como está pasando con los nuevos cargos en Relaciones Exteriores, en su mayoría dispensados a personas sin trayectoria alguna ni menos conocimientos elementales en el campo.
Si actuamos solos vamos al fracaso
El caso de la unidad antisecuestros es significativo. La plaga de los plagios pareció incontenible debido a una causa: ningún gobierno, hasta finales de la Década de los Ochenta, tuvo interés en combatir las bandas que los perpetraban. Al no haber interés no se pone en pie el aparato de inteligencia, el personal, los entrenamientos y las acciones requeridas; cuando hubo interés, todo cambió.
No es que ahora no haya interés en acabar con los altos niveles de criminalidad, pero se detecta desgano, complacencia, un arrastrar de pies y más atención a la garduña de las plazas que a otra cosa. Los que están a la cabeza de los distintos departamentos no arrancan, a lo que se suma el hecho de que parecen estar muy infiltrados.
A esto se suma otra realidad: no hay país ni región que puedan por sí solos, combatir con éxito y "sosteniblemente" a facinerosos. La lucha contra la criminalidad debe ser una acción concertada entre los países que la sufren, lo que ahora abarca desde los Estados Unidos hasta Venezuela. Nadie ignora los vínculos que hay entre las maras de Los Ángeles y las de El Salvador, como los existentes entre estas y las bandas del narcotráfico que operan en los varios corredores de trasiego y que explica la orquestada indignación de varios gobiernos por el derrocamiento de Zelaya, el del sombrero. Solos vamos al fracaso.
elsalvador.com :.: Una onza de prevención… pero ¿quién la administra?
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