Juan Grande.14 de Junio. Tomado de Raices.
A propósito de la discusión que comienza sobre el primer año de gestión del nuevo gobierno, deberíamos incorporar en las valoraciones aquellos resultados en materia fiscal que no se restrinjan al problema del déficit en estricto sentido financiero. Es apreciable discernir sobre el trabajo operativo hacendario en lo relativo a la captación de ingresos; pertinente por ser esta área donde se produjo un importante cambio, y aprovechar para manifestar opinión en torno al IVA.
Es común que los ciudadanos en general tengan aversión al impuesto del IVA. Incluso muchos analistas señalan a este gravamen, dadas sus características y diferencias contra otros impuestos directos como el que se aplica a los ingresos o patrimonio, la principal responsabilidad de injusticia tributaria en alza a partir de su aprobación (en el marco de la reforma tributaria de los años 90 impulsada por gobiernos areneros), además de otros males que aquejan en lo económico y social al país.
Definitivamente que el IVA es un impuesto indirecto y su naturaleza es netamente fiscal: está diseñado para perseguir la obtención de fondos gravando el consumo, y debe reconocerse que este papel lo cumple aceptablemente, facilitando autocontrol, eficiencia, etc. Sobra decir la superioridad del IVA frente al sustituido arcaico impuesto de papel sellado y timbres. Pero no se pueden pedir peras al olmo, y la regresividad que le atañe en alguna manera se puede mitigar eliminando o reduciendo tasas a ciertos productos y/o actividades (alimentos y medicinas de la canasta básica por ejemplo). Sin embargo, existen otras figuras que cumplen la función redistributiva que corresponde a los tributos (sobre los ingresos y el patrimonio –algunos derogados en los 90 [herencias y donaciones]) y bajo este objetivo se estructuran considerando la capacidad de pago con más o menos progresividad. El IVA u otras figuras que gravan el consumo son instrumentos importantes de financiamiento público en Estados Unidos y en los países europeos, por cierto con tasas mayores que en El Salvador en la mayoría de los últimos.
Además, hay que reiterar lo dicho en otro momento, por debatible que sea, a fin de ubicar con propiedad la discusión: hemos propuesto en otras ocasiones la conveniencia “de indultar al traje infernal que frecuentemente se otorga a impuestos generales al consumo, ya que “todos” los impuestos por lo general son trasladables en economías con débiles mercados locales competitivos, recayendo al final de cuentas, independientemente si son tipo IVA o Renta, sobre las mayorías de siempre, sobre los que menos tienen, por su condición de asalariado, empresario micro o pequeño, trabajadores por cuenta propia etc.” [Elusión e Inflación: intolerables figuras de robo legal, Raíces oct/19/2009] Ningún impuesto está plenamente “exento” de este efecto que es un problema en materia de justicia impositiva cuando no se espera.
También hay que reiterar en esa dirección otra afirmación básica: “La proposición que los impuestos directos por lo general no se trasladan y los indirectos sí, es cierta. Y en El Salvador, debemos reconocer la importancia de la excepción a la regla: merced a la estructura del mercado, en la que resalta una insuficiente competencia, las empresas llamadas grandes, de ordinario trasladan el impuesto, pues su capacidad de manipular los precios les permite la venta de los bienes y/o servicios en valores unitarios que garantizan mantener la rentabilidad pre-impuesto sobre la renta y a veces incluso incrementar la tasa de ganancia” [“Elusión e Inflación……”]. Tales afirmaciones no son simples intuiciones sino conocimiento generalizado provisto y confirmado por la llana realidad.
La reforma tributaria de los noventa fue la lógica consecuencia de querer beneficiar a los más afortunados en la repartición del pastel económico pero también por la decadencia del comercio exterior y producción cafetalera, cuyo gravamen funcionaba en la práctica como un impuesto directo imperfecto. Se tuvieron que compensar ingresos tributarios de fuentes externas con fuentes locales: el IVA hizo este papel. De manera que la distribución de la carga tributaria se hizo más regresiva; pero ello también hubiera sucedido a través del impuesto de papel sellado y timbres, aunque con peor desempeño.
Por ello aquí decimos que para comenzar/continuar la iniciativa que pretende provocar alguna tendencia decreciente a la característica estructural de regresividad que arropa nuestro sistema impositivo, dejemos que ya descanse la retórica distractora en contra del IVA cuya cortina de humo impide concentrarse en el meollo fiscal, sin que falte señalar que es apropiado disponer de un gravamen sobre el consumo; pero no desistamos mucho menos olvidemos que es urgente pero además imprescindible, un fiero y decidido combate a la evasión y contrabando, acciones que distorsionan los niveles de equidad provistos en el sistema tributario, cuando no se logra corregir que quienes tienen capacidad de pago y eluden el pago de impuestos, cumplan sus obligaciones como el resto de contribuyentes; aparte que restringe un mayor gasto social.Las reformas recientes tendientes a reducir la elusión y evasión han sido un pequeño gran paso con destino al alza de la carga tributaria. ¿Cuáles han sido sus resultados? ¿Cuán eficiente ha sido el ministerio de Hacienda para aprovechar los instrumentos anti evasión contenidos en estas reformas? Si bien tales reformas no fueron las ideales ni incluso lo mejor factible (en buena parte por la democrática sana discusión y negociación que las precedieron), hay suficiente para empezar a provocar un cambio sustancial en las tendencias de evasión del pasado, aun para el corto plazo transcurrido desde su aprobación, merced al efecto demostración e irradiación del temor a ser descubierto vigente cuando el contribuyente percibe verdadera decisión política de combatir la evasión y el contrabando.
No generar logros “visibles” a estas alturas al menos como indicios positivos claros que se camina en esta dirección sobre esta materia no tiene excusa: ello depende de la voluntad y capacidad operativa de las autoridades hacendarias.
El Presidente en su discurso por el primer año de gobierno mencionó que la recaudación “ha aumentado un 14.6% en este último ejercicio … [debido] en parte a la mejora de las condiciones económicas en el país, pero también a la puesta en marcha de la reforma fiscal”. Teniendo como fuente los datos informados en las cifras preliminares que reporta el BCR para abril muestran un crecimiento del 11% comparando los primeros cuatro meses del 2009 y 2010. Particularmente para el IVA el aumento en los primeros cuatros meses fue de 24.4%. En cambio, el impuesto sobre renta muestra únicamente un alza del 0.6 %. Por su parte, el Ministerio de Hacienda reporta un aumento de la recaudación del 5.2%, 7.2% en IVA y 2% para renta en el período enero-mayo del año pasado y presente. Lapso en que ha estado vigente la reforma. [Ver pags. web institucionales] Se debe suponer que por ser más completo el segundo panorama es mejor útil para una valoración ….. Y la conclusión resultante es sombría.
Salvando las diferencias de período (principalmente) y otras de presentación en los datos de estas tres fuentes, las tendencias observables con estas informaciones son preliminarmente claras y contradictorias. La información utilizada en el discurso es probable que fuese más elaborada que la publicada y se confirma un aumento de la recaudación, pero no estamos seguros si los resultados serán tan alegres como lo señalara el Presidente.
El aumento en IVA en concepto de importaciones (17.7%) parece marcado por el aumento de las importaciones de bienes y fue incluso negativo (-3.9%) por la transferencias y prestaciones de servicios internas. Preocupa los resultados desfavorables en el impuesto sobre la renta, ya que en concepto de retenciones fue -3.3% y por pago a cuenta -4.2% [si ambas reflejan cambios en el nivel de actividad económica, la conclusión es de censura a la afirmación de mejoras en el desempeño productivo]; aunque creciente por declaraciones (11.3%). Todos estos datos corresponden a los primeros cinco meses (M. Hacienda).
Así, durante el presente año vistas los trayectorias no encontramos correspondencia satisfactoria e irrefutable entre el crecimiento de la recaudación de renta e IVA versus el componente reforma tributaria en adición a la mejora en las condiciones económicas según expresara el Presidente, a excepción del efecto de las importaciones fuera de Centro América (las que crecieron cerca del 20% en el mismo período).
Por lo tanto, con todo y la crisis económica la hipótesis de que hay una deuda por saldar en materia de recaudación toma fuerza, considerando particularmente que se han reducido los hoyos legales favorables a la elusión, y que la reforma tributaria apuntaba a reducir la evasión y el contrabando. ¿Qué ha fallado? ¿No hay tales mejoras de la economía? ¿Deficiente fiscalización? ¿Ambas o éxitos a medias de lo declarado?
Las autoridades correspondientes tienen el reto de mostrar con firmeza y claridad cuáles han sido los frutos de la reforma para valorar su eficiencia en aprovechar esa reforma que tantos espacios mediáticos ocupo en su peregrinar. Los $ 68 millones de incremento en la recaudación durante los primeros cinco meses del año reportados por el Ministerio de Hacienda dejan dudas preliminares sobre un desenvolvimiento fiscal eficiente en materia impositiva.
Es la evasión (para la que se han denunciado hasta la saciedad niveles ofensivos en el país) y no el IVA la verdadera tragedia. Una reducción sustancial de esta indeseable pesadilla fiscal, tarea obviamente nada fácil pero favorecido su combate con la reforma aludida, realmente ayudaría tanto a mejorar la recaudación y justicia impositiva, aparte que la mayor disponibilidad de recursos daría mayores márgenes de acción social al Gobierno y consecución de objetivos frente a la pobreza. Y puesto que quienes son los principales evasores son grandes contribuyentes (recordamos el penoso caso en que se detectó millonario incumplimiento por parte de bancos, con final lamentable y deplorable extrañamente por ser amañadamente anti-fisco); reducir dicho inconveniente incrementaría y modificaría la carga tributaria con efectos atenuantes de la regresividad tan criticada acertadamente.
Por lo tanto, necesitamos tener claro el trabajo ejercido en el combate a la evasión. En torno al IVA reconocer que el problema radica sobre la distribución de la carga tributaria entre contribuyentes con matices de regresividad más que del impuesto IVA en si mismo.
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