Por Mauricio Silva.15 de Junio. Tomado de El Faro.
Para nuestro país sería beneficioso que el Presidente y el FMLN se entiendan mejor, esto facilitaría la gobernabilidad, permitiría focalizarse en las prioridades nacionales y reforzaría la democracia. Un mejor entendimiento favorecería las discusiones de políticas públicas, daría mayor estabilidad al gobierno, fortalecería el sentido de equipo dentro del gabinete, simplificaría la coordinación intergubernamental, ayudaría en la construcción de ciudadanía y facilitaría algunas acciones del gobierno, una muy relevante siendo la aprobación de los préstamos internacionales.
Ese mejor entendimiento es también favorable para el Presidente Funes y el FMLN, ambos son responsable del gobierno, por tanto, les daña el menor rendimiento del aparato estatal. Sus confrontaciones les quitan popularidad. Sus disputas, que siempre serán aprovechadas y engrandecidas por la oposición política y los medios de comunicación, los debilitan políticamente. Para ambos lo peor sería que Funes le entregue la banda presidencial a un partido de derecha, y la derecha, con todo su poder, aprovechará al máximo las diferencias abiertas entre ellos para lograr ese fin. El Frente empieza a caer en uno de sus errores históricos al volver a creer que puede ganar solo en las elecciones presidenciales, la historia y las encuestas recientes demuestran lo contrario. El Frente necesita que Funes haga un buen gobierno y Funes necesita al FMLN para hacer un buen gobierno.
Dos acciones son aconsejables para lograr lo anterior. La primera es, como ambos ya lo han reconocido, mejorar la comunicación entre ellos, parte esencial de lo cual debe ser no airar sus diferencias en público. Dadas las características de nuestros medios de comunicación, la balanza de poder en el país, y nuestra historia reciente, al ventilar públicamente sus diferencias ambos pierden.
La segunda acción, especialmente importante para el país, es la de acordar una agenda común para el gobierno, o por lo menos una agenda mínima común. Para ello ambos deberían de partir de su promesa de campaña, ser el cambio. Ahora les toca llevar ese eslogan un paso adelante, deben definir el cambio que como gobierno harán. Ello no es fácil para ninguno de los dos, como lo demuestra el accionar del primer año de gobierno de Funes y la dificultad del Frente para detallar el cambio que ellos quieren. Por ello, se deberían poner de acuerdo en la agenda mínima para estos cuatro años que quedan, la cual debe incluir aquellas medidas prioritarias para ambos y por las que ambos quieren que se les recuerde al finalizar este gobierno.
Acordar un pacto así es viable si se hace desde un punto de vista de nación y limitándose a cambios básicos prioritarios para El Salvador, dando mayor flexibilidad a la otra parte para hacer a su voluntad en el resto de áreas. Un acuerdo de este tipo beneficiaria también al gobierno y al FMLN y permitiría a ambos liberarse de la constante trampa que la derecha salvadoreña les tiende para llevarlos a escalar su confrontación publica.
Cuando definan esa agenda ambos, Presidente y partido, deberían tener presente lo que escribió Karl Marx: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen como les gustaría hacerla; no la hacen bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias ya existentes, dadas y trasmitidas por el pasado.” Churchill, Castro y Kennedy son algunos ejemplos de líderes que no pudieron alterar las poderosas corrientes de la historia y que tuvieron que ejercer su acción política dentro de los límites que habían heredado. Pero son también ejemplos de líderes que han logrado iniciar cambios importantes en sus países, obtener logros claves y alterar – en el mediano y largo plazo - el curso de su historia.
Funes y el FMLN han logrado iniciar por lo menos dos cambios relevantes para el país que son la alternancia en el poder y un pacto fiscal. Consolidar la alternancia en el poder demanda de este gobierno y del FMLN el demostrar a la ciudadanía que son opción viable. La Democracia Cristiana, aunque estuvo en el poder en los 80’s fue un fracaso tal que no demostró ser alternativa y consolidó a la derecha. Ello todavía puede pasar con la izquierda. El ajuste fiscal y el Plan Quinquenal son primeros pasos para lograr un pacto fiscal. Pero como nación, liderados por el gobierno, debemos lograr ponernos de acuerdo en las prioridades en el corto y mediano plazo y en sus fuentes de financiamiento.
La seguridad ciudadana y la creación de empleos siguen siendo temas prioritarios para la nación aunque heredados y difíciles, pero en los que es necesario avanzar. Otros cambios relevantes y de alto impacto son: una reforma de salud integral que enfatice lo preventivo y la salud básica; el fortalecimiento del sistema político incluyendo entre otros la limpieza del registro electoral, la representación multipartidaria en los concejos municipales, el voto de los salvadoreños en el extranjero, la ley de partidos políticos y el financiamiento de sus campañas; la consolidación de asentamientos populares – principalmente colonias ilegales -donde vive casi la mitad de nuestra población, legalizando títulos de propiedad y priorizando la provisión de servicios básicos en sus localidades; el restablecimiento del medio ambiente mediante el tratamiento de las basuras en rellenos sanitarios, el proveer incentivos para la no contaminación y el mejorar el transporte colectivo.
Ojala esa relación entre el Presidente y el Frente mejore y que ella se logre sobre la base de los intereses de nación, y que la comunicación entre el Presidente y el Frente, y de ellos con la ciudadanía, también se fortalezca.
Opinión - El Salvador, Funes y el FMLN - ElFaro.net El Primer Periódico Digital Latinoamericano
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