Ricardo Chacón.20 de Junio. Tomado de El Diario de Hoy.
Interesante, muy interesante la discusión que se viene dando en Chile desde hace meses lo que sin duda alguna muestra la preocupación que existe en los sectores más conscientes de la sociedad sobre la importancia de la educación.
La cuestión en clara: el nuevo gobierno chileno ha puesto en marcha la creación, por el momento, de 15 "Liceos de Excelencia", que en los próximos años crecerán a 50; se trata de instituciones de alto rendimiento académico que estarán instaladas, tres en Santiago, y el resto en distintas ciudades del interior del país.
Las municipalidades tienen a su cargo postular los centros educativos de su región que pueden entrar en este plan del Ministerio de Educación. El proceso de elección, cuyos resultados se darán a conocer en agosto próximo, consistirá en concursos públicos en los que los beneficiados recibirán recursos y apoyo en infraestructura, planta docente y tendrán como "padrinos" buenos colegios que los ayuden en su crecimiento académico.
Según información que publican los periódicos chilenos, quince de las veinte comunas más grandes de Chile ya eligieron los proyectos que presentarán, cuatro tienen dudas y uno descartó inscribirse. Sin embargo, el planteamiento de este proyecto sigue generando todo tipo de discusión.
Unos, los más críticos, se preguntan: ¿Acaso no todos los colegios y escuelas deberían ser de calidad? ¿Por qué solo cincuenta?; todavía más: ¿Debería el Estado promover los centros educativos de primera y segunda clase, permitiendo profundizar las iniquidades e injusticias educacionales existentes? Estos críticos sostienen que se trata de atizar la segmentación, no sólo ahondando la separación que ya existe entre la educación privada (pagada y subvencionada) y la municipal, sino también que al interior de ésta última se está introduciendo un elemento adicional de segregación: escuelas públicas de "elite, de excelencia", y las "otras", tal como lo plantea el profesor e investigador Abraham Magendzo.
En el otro extremo, los que están a favor de estos colegios de "alto rendimiento" plantean que se deben privilegiar los "pocos recursos", sin olvidar al resto de la población, en proyectos que incidan de verás en la educación; que se privilegie no sólo a los más dotados intelectualmente sino también a aquellos que tienen el talento pero que no pueden asistir, por problemas económicos, a un centro educativo de calidad. Incluso plantean la siguiente disyuntiva: dado que no se tienen todos los recursos humanos, materiales y financieros para desarrollar masivamente centros de calidad para todos, absolutamente para todos, ¿qué hacer? ¿Que ninguno tenga la posibilidad de asistir a centros de alto rendimiento o promover, por ahora, que un segmentosí aproveche esta oportunidad?
La polémica es sumamente interesante, pero lo es más que en la mesa de la discusión pública están puestos proyectos de mediano plazo de gran impacto, como también que los distintos sectores de la población se pronuncian, no con interés de favorecer o atacar a alguien sino de buscar lo mejor para el país.
Sí bien es cierto que lo básico y elemental para la educación todavía es un desafío en El Salvador, también lo es que debemos de sentar las bases, a mediano y largo plazo, para echar a andar proyectos que promuevan una educación de calidad, que fomenten el talento natural de la mayor cantidad de jóvenes, sin importar sí tienen o no recursos económicos.
Sobre todo que estos jóvenes talentosos, luego de ser formados en escuelas de alto rendimiento, puedan insertarse al aparato productivo nacional y ayudar a resolver los principales problemas que aquejan a nuestro país.
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