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2010/06/16

Contra Punto-Orden urbano versus necesidad de ganarse el pan

Los comerciantes informales se quejan de que la alcaldía de San Salvador no les ofrece alternativas viables a los desalojos que ya han comenzado. ¿Cómo encontrar el punto de equilibro entre la necesidad de recuperar los espacios públicos y la de tener un lugar donde ganarse la vida? 

Por Gloria Morán / Edgardo Ayala. 16 de Junio. Tomado de Contra Punto.

SAN SALVADOR - Los comerciantes informales que se ganan –o se ganaban —el pan en las aceras y calles aledañas al Hospital Rosales, fueron echados de allí en medio de un relajo descomunal, el fin de semana, en el que no faltaron las pedradas, los garrotazos y los trompones al enfrentarse al Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM).

Pero ellos siguen pensando en esos cerca de 350 habitáculos sucios y caóticos que son sus puestos, y quieren hacer la lucha como gatos panza arriba.

“Nosotros vamos a accionar defendiendo nuestra fuente de empleo, que es nuestro puesto. Le pedimos al señor Alcalde que no genere violencia, más de la que ya hay”, dijo Martín Montoya, dirigente de los vendedores, en una conferencia de prensa este lunes 14, en la Plaza Salud, la misma zona de combate del fin de semana.

Montoya advirtió que si los violentan ellos pueden reaccionar de igual forma, lo cual ya han demostrado.

Según sus cálculos, son 600,000 los vendedores ambulantes en todo el país, un enorme ejército de desposeídos que, a falta de empleo formal, se han tomado las aceras y calles para comerciar allí.

La ciudad de la furia

Es cierto, los comerciantes informales afean la ciudad, con sus carpetas rotas cubriendo las champas, las planchas humeantes con pupusas, los canastos repletos de chicles clorets y cigarros Delta, y las bolsas traslúcidas con trozos de sandía pelada.

Pero no solo es una cuestión de estética. Se trata de que en la búsqueda del pan ellos se han tomado, a punta de canastos, espacios públicos, afectando al resto de ciudadanos que quieren hacer uso de esa acera, de esa callejuela.

“Los espacios públicos pertenecen a todos los ciudadanos, no a un grupo de vendedores informales”, dijo el alcalde de San Salvador, Norman Quijano.

La Alcaldía Municipal de San Salvador (AMSS) pareciera tener como prioridad habilitar esos espacios públicos. La semana pasada también desalojó a los vendedores que habían prácticamente cercado el Parque Infantil, en el centro de San Salvador.

Los desalojos de las calles y aceras de San Salvador fueron una medida que cobró impulso durante la administración del entonces alcalde Héctor Silva (1997-2003), política que en general fue bien vista por la población y le generó algún rédito político a Silva.

De hecho, según reportes de prensa, Silva, ahora presidente del Fondo de Inversión Social para el Desarrollo Local (FISDL), ha anunciado que una institución financiera internacional le ha ofrecido donar $10 millones de dólares para apoyar el reordenamiento de cinco municipios (San Salvador, Mejicanos, Zacatecoluca, Olocuilta y Zaragoza).

Para muchos ciudadanos, liberar los espacios públicos parece una medida acertada. El único inconveniente es que no se está viendo hacia la otra parte del axioma: la gente que necesita ganarse la vida en esas aceras y calles.

Miles de personas dependen de esas ventas para dar de comer a sus hijos, para vestirlos y para enviarlos a la escuela. ¿Cómo llevarán ahora el bocado a la mesa?

El conflicto

De acuerdo con Roberto López, sociólogo de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), existen diversos conflictos de intereses frente al tema del desalojo. Por un lado están los intereses de la AMSS por ordenar las calles y liberar los espacios públicos. Y por el otro el interés de los vendedores por mantener la única fuente de empleo que poseen para subsistir ellos y sus familias.

Los conflictos, según López, muestran que el país mantiene desigualdades económicas muy fuertes, con un desempleo imperante; eso impulsa a muchas personas a buscar alternativas económicas por su propia cuenta. Ni el Estado, dice, ni la empresa privada presenta capacidades idóneas para suplir las necesidades laborales en el país.

La tasa de subempleo ronda el 43% y la de desempleo oscila entre el 9% o 10% de la población activa, estas cifras oficiales.

¿Y cómo encontrar una salida viable a esos dos intereses, que chocan frontalmente como trenes fuera de control?

López sostiene que para mantener un balance entre el objetivo de la alcaldía de recuperar los espacios públicos y el empleo de los vendedores se debe tener listas las alternativas para no contribuir al desempleo.

“Esto significa un desequilibrio porque le quita una oportunidad a la gente pero no le da otra”, comentó.

Quijano ha dicho que ha ofertado a los desalojados unos 600 puestos en mercados que aún tienen espacios libres. Uno de esos mercados es el San Antonio, ubicado sobre la 75 Avenida Norte, al noroeste de la capital. Los comerciantes rechazan la oferta.

ContraPunto visitó dicho mercado, el domingo pasado. Es pequeño y se ve funcional. Pero el único problema es que nadie llega allí a comprar.

“Aquí por gusto”, dijo uno de los pocos comerciantes ubicados allí.

En efecto, el lugar lucía vacío, salvo un negocio de comida, y uno que otro puesto de DVD y CD. En el parqueo, afuera, es donde relativamente hay más actividad, pues allí media docena de comerciantes de verduras y frutas venden de cuando en cuando alguna libra de zanahorias, papas, o mangos ciruela.

Mientras tanto, ciudadanos como Orlando Zelaya, dicen que las calles se ven más limpias y ordenadas tras el desalojo. Otros aseguran que es una forma injusta porque se les quita a los comerciantes la oportunidad de ganarse sus ingresos.

“Por ejemplo las señoras que vendían pupusas o frutas ganaban más en las mañanas, porque si uno tenía hambre las compraba al paso y ahora nadie los irá a buscar al mercado porque es muy lejos”, aseguró Karina Hernández, estudiante de administración de empresas.

Promesas por cumplir

Una de las promesas que hizo el actual alcalde de San Salvador, Norman Quijano, durante su campaña fue la construcción de mercados para reubicar allí las ventas ambulantes. Pero la promesa, según las reacciones de los afectados, no se ha cumplido y exigen que se les presenten alternativas concretas para seguir trabajando.

Pedro Julio Hernández, dirigente de la Coordinadora Nacional de Vendedores, dijo que San Salvador está dejando de ser la ciudad histórica para convertirse en la ciudad de los barriles. Esto aludiendo a la acción del alcalde de mandar a colocar barriles que fungen como macetas gigantes para evitar que los vendedores retomen sus puestos.

Elvira de Gómez una vendedora del sector del Parque Infantil, quien hace 34 días fue desalojada dijo que aún no obtienen respuestas a sus necesidades y que tampoco les han regresado la mercadería.

“Dinero tiene para desalojarnos pero no tiene para reubicarnos”, dijo Gómez.

Orden urbano versus necesidad de ganarse el pan

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