Eduardo Badía Serra.23 de Junio. Tomado de Diario Co Latino.
A medida que transcurre el mundial, voy leyendo de nuevo Hombres contra la muerte, de Miguel Ángel Espino. Entre los hechizos de Canoj, los caprichos de la selva, la salvaje belleza de Leona O´Reilly y el sueño de amor de Ramiro Cañas, surge una picardía de Messi, otro triunfo de Holanda, o una nueva pifia del árbitro que hecha por tierra el trabajo de un país que, hoy por hoy, es de los que mejor se plantan en el torneo.
El mundial oprime porque obliga. Nadie puede dejar de verlo, aunque, como diríamos, no tenemos nosotros ninguna vela en ese entierro. Pero es así, al desempleo, la inseguridad, el futuro incierto, las cárcavas y los temporales, se responde con el distractor.
Este, durante un mes, será el mundial. Yo me distraigo mientras leo a Espino, y me sumerjo en las oscuridades misteriosas de Belice, selvas, ríos y mares por los que en algunos tiempos caminaron los mayas misteriosos del cubo y de la ceiba. Esto de la literatura de costumbres en El Salvador debería ser un tema de mayor reflexión.
Cuándo se dio, cómo se dio y por qué se dio, son preguntas que merecen y reclaman respuesta. Si hablamos de nuestros valores, de nuestra cultura, de nuestra nacionalidad, de nuestra identidad, pues allí hay una muestra todavía fresca y de gran magnitud; porque la literatura de costumbres en El Salvador nada tiene que envidiar a ninguna otra. En primer lugar, cultivada en todos los géneros posibles, la novela, el cuento, el relato, la leyenda, el mito incluso, y por supuesto, la poesía. Esta que ahora leo entre sobresalto y grito del mundial, Hombres contra la muerte, es uno de los mejores ejemplos.
Pero puede hablarse también de Las Tinajas, de Ramón González Montalvo, para mi, y dicho con respeto, lo mejor de todo, y de Pacunes, del mismo autor, de los Cuentos de Barro y de los Cuentos de Cipotes de Salarrué, de El libro del Trópico de Ambrogi, de las Jícaras Tristes de Alfredo Espino, hermano de Miguel Ángel, del relato ameno y descriptivo de T. P. Mechín, de la poesía suave y vaporosa de Claudia Lars, y también de su poesía de señalamiento y acusación, de esa novela hermosa y fina de Napoleón Rodríguez Ruiz llamada Barbasco, y si usted quiere ahondar más, pues de todo lo de Gavidia, un verdadero gigante de las letras a quien la Patria, por cierto, poco honor le rinde. La gran característica del costumbrismo nuestro es que lo hicieron quienes lo vivieron, lo cual lo hace real y verdadero. González Montalvo no se imaginaba el campo, simplemente lo vivía; por ello, en Las Tinajas y en Pacunes, el diálogo es fluido, espontáneo, expresivo. Nuestro relato costumbrista es de lo mejor de América, y no hay Doñas Bárbaras, ni Don Segundos Sombras, ni Vorágines, ni Martínez Fierros que le puedan enseñar ni florituras ni enredos puesto que él ya se los sabe todos.
Lástima grande que esa herencia recibida de la primera mitad del siglo anterior, esté por allí casi olvidada y confundida entre tanto espanto y tanta alarma dentro de lo que hoy vivimos, alienados en extranjerismos perversos que desnaturalizan nuestra alma nativa, hija del huachival y la espada, de espíritu tan fuerte, y con un acendrado amor a la tierra, a esa tierra de donde todo proviene y a la que todo va al final, y que ahora hemos cubierto de cemento y asfalto, en honor a un progreso y a un desarrollo que nadie acierta a saber qué cosa verdaderamente es.
Es, por supuesto, una alegría ver a Messi. Este Messi es un diablillo de colores, un relámpago, algo irreal. Por supuesto, es del Barça, y allí está el detalle. También es agradable ver ese espíritu de lucha de los norteamericanos, que llegan sin ínfulas de nada y se enfrentan como iguales al más pintado.
Es, eso sí, desagradable, el espectáculo de Maradona, chiquillo antes alegre y vistoso a quien la vida consumió lamentablemente. Y al margen de la delincuencia increíble que los medios anuncian y denuncian dentro del evento, el coraje y la belleza de ese continente negro alumbran para poder ver que, como decía aquel, el mundo es ancho y ajeno.
Veo, pues, el mundial. Hoy por hoy, se va tiñendo un mundial americano. Pero esperemos porque habrá sorpresas. Eso es lo bueno. Mientras sucede, pongo al margen la delincuencia, las cárcavas, las tormentas, el desempleo, lo incierto del futuro, las teorías económicas y muchas otras cosas más, y leo Hombres contra la muerte. Aquí, para finalizar, surge el grito: ¡Viva Belice libre. Viva Inglaterra justa!......., y, escondidos, los hombres esperan la muerte, venciéndola, como dice el autor, con una esperanza………….. Y termina: En el vuelo de sus recuerdos cantaba tu nombre, América. Cuando yo lea esto, habrá terminando el mundial.
Por eso, yo digo:
Pueblo, ¡Rechaza las discusiones ligeras!
Pueblo, ¡Cuidado con los cantos de sirena!
Pueblo, ¡Levántate y anda!
Pueblo, ¡Decídete por el cambio! ¡Anida la esperanza!
¿De política? ¡Noooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo oooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo oooooooooooooooooooooooooooooooooooo
ooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo ooooooooooooooooooooooooooo!
¿Para qué?
De estas, y de otras cosas, seguiremos hablando, si Diario Co Latino me lo permite.
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