Norma Guevara de Ramirios.14 de Junio. Tomado de Diario Co Latino.
El establecimiento del Día del Maestro y la maestra, que celebraremos el 22 de Junio, expresa el reconocimiento social a la labor de un profesional dedicado a una de las más nobles misiones, la de guiar el aprendizaje, la de contribuir a la formación de niñas, niños, adolescentes y jóvenes; y porque no decirlo, adultos también. El contexto en el cual se desempeñan decenas de miles de profesionales docentes en El Salvador de hoy ha cambiado bastante. Se cuenta ahora con un sistema de protección de la salud para la y el maestro y su núcleo familiar, algo por lo cual ha luchado y que logró por fin y debe consolidar todavía; pero además cuenta con autoridades enfocadas en la educación como derecho humano, preocupadas por asegurar mejores condiciones educacionales.
Se ha dicho siempre que la educación es un tema que une, un asunto que nos compete a todas y todos, una vía para redistribuir y democratizar, una condición imprescindible para transformar el país y llevarlo a niveles de progreso y de equidad; pero para que la educación sea todo eso y más, es necesario que el maestro y la maestra tengan una vocación de cambio, una actitud de servicio, convicción de sus posibilidades, que cumpla su misión.
Las autoridades educativas y el gobierno como totalidad, entienden que se necesitan políticas eficaces, capaces de convocar y convencer que debemos potenciar la educación en todos los niveles. De las evaluaciones de la ciudadanía al nuevo gobierno, la política educativa y particularmente las estrategias orientadas a mejorar la cobertura, a crear condiciones más propicias para la retención del estudiantado en las aulas es una de las mejor evaluadas. Las autoridades ganan aliados para la misión educativa, en la sociedad, en los actores locales.
En verdad, la entrega de uniformes, cuadernos, zapatos, alimentación escolar, vacunación; las medidas orientadas a cerrar brechas en el conocimiento proporcionando computadoras en las escuelas menos aventajadas son todas, acciones que deben hacer que el maestro y la maestra se sientan estimulados para realizar su labor, que va más allá de dar una clase.
Es pues, un momento propicio para el optimismo, sabiendo además que el resultado de la educación es de mediano y largo plazo. El Presidente de la República y su Vicepresidente y Ministro de Educación ad honorem, deben ver al magisterio nacional como actor clave, el magisterio debe también ser consciente de sus enormes potencialidades, y como decía Rubén Darío en su Salutación del Optimista: “Unanse, brillen, secúndense tantos vigores dispersos; formen todos un solo haz de energía ecuménica”
En la escuela hoy se está combatiendo la desnutrición, con el refuerzo alimenticio, se están previniendo enfermedades con la vacunación; se está rodeando de sectores interesados en la escuela como son los artesanos, costureras, sastres, zapateros, pequeños empresarios e industriales que ven dinamizada la actividad económica con los programas gubernamentales.
Las municipali-dades todas, entidades promotoras de la cultura y el deporte están acompañando la escuela y la pueden acompañar más; la familia debe comprender que es necesaria en esa labor y sobretodo en la protección de la niñez, la adolescencia y juventud, de las lacras forjadas en una sociedad que debemos superar y que ha sido estimulada hacia un artificioso consumismo adormecedor y que en algunos casos vuelve inseguro el entorno escolar. ¿Quién puede contra la unidad de la sociedad si entendemos todas y todos nuestro papel?
Pronto será 22 de Junio, Ayudemos a reconocer y estimular el mejor desempeño docente de cientos de miles de maestras y maestros; hagamos ver que necesitamos un magisterio comprometido con la educación de calidad, integral, que ayuda a encontrar conocimientos y sentimientos de salvadoreñidad en el estudiantado. Parte de entender esa misión, como lo afirmara el Señor Ministro de Educación, requiere darnos cuenta de la realidad social, económica y financiera del país, pero justamente en eso radica la labor de servidores públicos con sentido trascendental, hacer posible lo que las limitaciones hacen parecer como imposible.
Simbólicamente recordemos y reconozcamos a ese maestro y maestra que en la base de la pirámide del conocimiento, con modesto salario se dedica a llevar de la mano un proceso en el que 30 o 40 niñas y niños empiezan un año lectivo sin conocer ni las vocales y terminan leyendo, escribiendo, jugando, haciendo operaciones matemáticas y entendiendo que en el aula y en la casa somos un colectivo conflictivo y fraterno. Maestras y maestros, felicitaciones.
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