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2010/06/16

Co Latino-“Hoy no se fía… mañana sí” (2) | 16 de Junio de 2010 | DiarioCoLatino.com - Más de un Siglo de Credibilidad

 René Martínez Pineda. 16 de Junio. Tomado de Diario Co Latino.

Esa reiteración absurda del tiempo, esa simulación del espacio, me hacen concluir que éstos existen con infinitas dimensiones, ya que ambos —dijo, Einstein, sacándonos la lengua para suavizar nuestra erudita ignorancia— son interdependientes. Son esas dimensiones las que permiten que hablemos del nuevo milenio, al mismo tiempo que se decretan sanciones por orinar en la calle y seguimos viendo niños comiendo basura; que se hable de clímax macroeconómico, mientras muchos no tienen ni dónde caerse muertos.
Que el tiempo y el espacio sean interdependientes (tiempo-espacio en el sentido histórico) es lo que sustenta teóricamente a la relatividad sociológica y, con ella, se debe modificar la forma de comprender y transformar la realidad en la que, sin darnos cuenta, pasado y futuro existen en el presente. Parafraseando a John Dunne, veo al tiempo como: el imposible factor último de una serie infinita de ilusiones que se reflejan en la vitrina del espacio.
El mañana ya existe… está en las películas; en los periódicos que nos muestran lo que no podemos tener; en los tratados de una ingeniería imposible en el tugurio. Si el pasado nos empuja-estruja el paso, debemos acercar los tiempos potenciando los espacios intermedios (salvadoreño promedio) porque con ellos se alcanza el desarrollo.
Por el pasado que vuelve, es que en el país los “Tres Chiflados” son los analistas políticos del momento, y el presente es el lugar infinito donde nos paramos a contemplar el pasado y el futuro, y eso obliga a hacer de las políticas públicas un continuum sociocultural, y a no ser feligreses de la apología de lo inmediato, o sea de la noticia de última hora… última hora!: “la flexibilidad laboral es buena, aunque sea mala”.
Esa secuencia del tiempo-espacio, es la que nos hace renunciar a nuestros derechos en un mundo de castigos inexplicables y faltas incomprensibles: subsidiar sólo a los que apenas tienen alguito no genera oportunidades, sino que dilapida dinero. La mezcolanza de tiempos vividos y espiados, provoca que el 43% de la población de América Latina y el Caribe (198 millones de personas) viva con menos de dos dólares diarios; hace que la historia sea como el Calidoscopio de Schopenhauer, en el que cambian las figuras, no los pedacitos de vidrio que las generan; en el que cambian las máscaras, no los actores, como en las peores tragicomedias de Hollywood.
Desde la perspectiva de la relatividad sociológica, el pensamiento conformista del salvadoreño se debe a que, aún, se mueve según las Leyes de la Mecánica de Newton, o sea que es un pensamiento de baja velocidad en lo político y de gravedad cero en lo económico: ninguna migaja cae por su propio peso en sus mesas. Mientras tanto, en el tiempo-espacio del otro vecindario, políticos y gerentes globales ganan como primer mundistas: el salvadoreño promedio anda a pie, está desempleado, apenas sabe escribir su nombre, pierde sus horas extras con tal de no perder el empleo; los segundos, viajan en carros de lujo con ubicación satelital, tienen jugosos salarios y mejores indemnizaciones, hablan varios idiomas (inglés, francés y mercantil) y adoran la religión que nos consuela.
A mí me gusta imaginar el intelecto como una persiana desde la que veo que el tiempo no es un “algo”, es un “cómo”; no es un “dónde”, es un “aquí”; no es un “cuándo”, es un bambú japonés. El tiempo y la medición del tiempo son, por cierto, dos cosas distintas: el primero es materia en construcción, mientras lo segundo es su burocracia.
El tiempo-espacio es, pues, la relatividad sociológica en la que se desarrolla lo histórico, y alude a la urgencia comprensiva de valorar unificadamente la localización geométrica en el tiempo y el espacio, ya que la diferencia entre ambos es relativa al estado de movimiento del observador, y de ese modo hablamos del continuo espacio-temporal para enfatizar la inevitabilidad de ver el tiempo como una dimensión geográfica más. Podemos manipular el tiempo-espacio en su continuidad, haciéndolo lento, rápido o, incluso, retrocederlo, según la noción de justicia defendida.
El mejor ejemplo –leyendo un panfleto sobre flexibilidad laboral publicado por una columnista- es la precarización del salario que se expande con la inercia del modelo neoliberal, y que tuvo como inmediato efecto la caída de los salarios y la desprotección social progresiva, a través de la flexibilidad en los contratos empresariales para optimizar las ganancias.
El debate sociológico sobre la precarización, coincide con la relación entre salario y capital, y con el efecto del crecimiento de empresas con una posición ventajosa en la competencia, lo que produce la concentración del mercado que provoca un tipo especial de desempleo estructural. Hoy, estamos regresando al punto cronológico denominado “pauperización” del salario, o sea el tiempo-espacio del capitalismo voraz.
La flexibilización de la jornada laboral representa una transformación vital del Código de Trabajo que elimina derechos adquiridos históricamente en casi dos siglos de lucha. Se elimina el derecho a la jornada de 8 horas y se proponen fórmulas como “la 4-3”: trabajar 4 días durante 12 horas seguidas y descansar 3.
Así, se elimina el concepto de horas extras, por lo que en la práctica es una rebaja del salario cuando la jornada excede las 8 horas. Se trata de una vergonzosa sobreexplotación de la fuerza de trabajo, no obstante el malicioso y velado juego gramatical hecho por la articulista citada.
El establecimiento de una jornada de 8 horas no es capricho: La condición de los trabajadores se ve afectada por la prolongación de la jornada laboral: un exceso de trabajo tiene graves riesgos para la salud y seguridad ocupacional; recibirá menos dinero por las horas extras efectivamente laboradas, lo que disminuye el monto del aguinaldo, así como el valor del salario en vacaciones. Además, el pago menor que realiza el empresario de la cuota patronal para la seguridad social, lo afectará después en sus prestaciones, o sea que es una pérdida económica que lo obligará a buscar ingresos extras, ausentándose aún más de la casa. Lo mismo sucede con el pago de incentivos que no se toman en cuenta como salario y con la fijación de metas de producción excesivamente elevadas que no se pueden cumplir.
El dilema a resolver con la relatividad sociológica es: somos el relojero o somos el reloj? El fraude a que es sometida la gente por el futuro o el cambio que nunca llega, se expresa de forma genial en los letreros de las tienditas: “Hoy no se fía, mañana sí”… y entonces tenemos que volver una vez, y otra vez, y otras tantas veces más, sin que lleguemos al día en que nos fíen un par de huevos.

“Hoy no se fía… mañana sí” (2) | 16 de Junio de 2010 | DiarioCoLatino.com - Más de un Siglo de Credibilidad

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