“¿Se puede alcanzar unidad total si el FMLN ha declarado recurrentemente ser antisistema? La mayoría espera que cambie y apoye públicamente, sin generar dudas, el esfuerzo nacional.”
Escrito por Rafael Castellanos.06 de Julio. Tomado de La Prensa Gráfica.
Pareciera que todos tenemos claro que la violencia nos ahoga, nos desborda y amenaza hundirnos. Ante esa dura realidad, llevada al escaparate mundial por la dantesca quema del bus y sus pasajeros, el presidente llama a la unidad nacional. La sociedad clama porque ese llamado se concrete en acciones que la rescaten del infierno que vivimos. Situación similar a la que vivió el presidente Uribe en Colombia, como apuntan analistas militares, políticos y el editor de LPG.
La capacidad del presidente Uribe de emprender una guerra exitosa contra la narcoguerrilla, desmontar el aparataje paramilitar y poner a Colombia de regreso en la zona de seguridad, marchando velozmente a su desarrollo, es importante de estudiar, y de determinar cuáles fueron las claves de su éxito.
Aunque es una guerra diferente, es común el narcotráfico y los grupos criminales organizados, corrupción en las estructuras policiales, judiciales, políticas. Podemos superar el horror y progresar como Colombia.
Existen diferencias importantes a favor de la situación de que partió Colombia, sus fuerzas armadas peleando una guerra más convencional que la función policial que les toca aquí, apoyo importante de Estados Unidos en logística, inteligencia y recursos económicos, pues se veía amenazada su propia seguridad y muchos otros elementos de naturaleza táctica.
Uribe tuvo muchos de esos elementos tácticos que nosotros no tenemos, pero la más importante de todas, de naturaleza estratégica, estructural, fue el apoyo incondicional de la población y el alineamiento de las fuerzas políticas para hacer lo que tuviera que hacer y sacar a Colombia del abismo en que se encontraba.
La preocupación grande que tenemos muchos es si en un ambiente político como el nuestro será posible esa necesaria unidad monolítica alrededor del tema violencia.
La preocupación fundamental es porque las diferencias partidarias no son simplemente por el poder y variantes en la forma de ejercerlo, sino porque el partido más fuerte y ahora en el gobierno, el FMLN, ha declarado consistentemente en el tiempo ser antisistema, que la forma de cambiar el mismo para lograr su aspiración socialista-absolutista no es reformando el sistema, sino como propuso Lenin, es destruyéndolo para reconstruirlo.
No estamos diciendo nada nuevo, ningún descubrimiento brillante, solamente citando lo que una y otra vez los jerarcas y dirigentes más altos de dicho instituto político han escrito o declarado públicamente muchas veces, algunas recientemente ya en el gobierno.
Entonces, aunque es claro que este es un gobierno dividido, en que el presidente piensa diferente y la democracia es el sistema que defiende, la comisión política del partido y algunos seguidores (muchos menos de los que votan por ellos) piensan antisistema.
Surge lógicamente la duda de cómo se dará esta unidad nacional si la dirigencia del partido sigue pensando antisistema, ¿cómo se conformará es cruzada nacional unidos contra la violencia? ¿Cabe dentro de su visión de destruir el sistema, alinearse con todas las fuerzas del país para montar una campaña larga contra la delincuencia?
Todo el país, el que escribe a la cabeza, esperaría que sí, pero la duda razonable, sin prejuicios, existe y con razón. Ni lo inventamos aquí, ni esa inquietud es propia, la comparten analistas externos de seguridad y ciudadanos, de todas las tendencias, incluyendo gente que vota Frente regularmente, pero no comparten la visión absolutista (se sorprenderían de los muchos que son), existe esa duda mortal.
La duda no es algo ligero, es fundamental y la mayoría de los salvadoreños esperaríamos que aún no teniendo base, llegaron al gobierno y cambien sus paradigmas, que demuestren de manera contundente, inequívoca, sin lugar a interpretaciones ambiguas, que están del lado de la unidad contra la violencia y que el rumbo que sus dirigentes han dicho tener no interferirá en esta lucha por los más sufridos del país, los que más duramente son golpeados por la violencia diaria y ellos declaran defender, los pobres.
Si bien cuando eran oposición, por demasiado tiempo realmente, debieron llegar antes, se opusieron a casi a cualquier medida propuesta por el gobierno, habrá muchas, iguales o parecidas que deben tomarse ahora. Esperamos borrón y cuenta nueva y como los políticos responsables que el país espera, se pongan la camiseta azul y blanco y salgan al público apoyando sincera y valientemente el esfuerzo de unidad contra la violencia a que llamó el presidente.
Con una buena cruzada, bien planificada, poniendo a cargo a las mejores personas, atacando en todos los frentes y con el presidente ejerciendo un liderazgo similar a Uribe, podemos remontar la situación.
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