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2010/07/05

LPG-Editorial-Una decisión apresurada que puede ser contraproducente

La Biblia es un manantial de grandes verdades eternas, pero también es un libro histórico y simbólico. Obligar simplemente a su lectura o a oír su lectura sería como lanzar semilla en un terreno que no está preparado para las germinaciones que se necesitan.


Editorial.06 de Julio. Tomado de La Prensa Gráfica.

 

En días pasados, y sin decir agua va, la Asamblea Legislativa aprobó por 45 votos la lectura obligatoria de la Biblia en las escuelas del país. Esto se venía pidiendo desde hace bastante tiempo, y siempre surgieron reservas, no sobre el hecho en sí, sino en referencia a la práctica de la medida. La decisión, que aún no se ha convertido en ley, suscitó de inmediato una fuerte polémica entre grupos religiosos, como augurio de lo que podría ser la disputa ya en campo de los hechos.

La oposición más consistente viene del mismo Arzobispado de San Salvador, con argumentos que tienen que ver tanto con la naturaleza de la Palabra contenida en la Biblia como con el uso equivocado que podría hacerse de la misma. En realidad, ya suficiente conflictividad tenemos en el ambiente como para abrir nuestros campos de conflicto, y, peor aún, en el plano espiritual, que es de donde deberían surgir las mejores iniciativas verdaderamente unificadoras y restauradoras.

La simple lectura de la Biblia podría caer en riesgos desnaturalizadores de la buena intención original de los que han impulsado y aprobado la medida. Entre esos riesgos están la mecanización, la irrelevancia y aun la manipulación. No en balde dice la sabiduría popular que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. La Biblia es un manantial de grandes verdades eternas, pero también es un libro histórico y simbólico. Obligar simplemente a su lectura o a oír su lectura sería como lanzar semilla en un terreno que no está preparado para las germinaciones que se necesitan. Si esto llegara a ser ley, habría que hacer un gran trabajo para que no sea otra iniciativa frustrada.

La Asamblea debe medir sus decisiones

El caso que comentamos es un ejemplo más de los procederes poco edificantes que vienen imperando en el Órgano Legislativo, que, por su propia índole de primer cuerpo colegiado de la República y además escenario natural del ejercicio del pluralismo político en el país, está llamado y obligado a dar el ejemplo de las decisiones bien pensadas, bien maduradas y bien medidas en sus consecuencias tanto inmediatas como de medio y largo alcance.

Pareciera ser que lo que tiende a imperar es una especie de péndulo de procederes extremos: o bien las cosas duermen el “sueño de los justos”, como lo vemos en temas como el ordenamiento territorial y la transparencia, o se deciden de repente, al vaivén de los acontecimientos cotidianos. En este caso, el horrendo crimen del microbús en Mejicanos parece haber servido para descubrir que el auge delincuencial ha llegado a extremos intolerables, algo que no es nuevo en absoluto.

Es claro que hay que tomar medidas fuertes y decisivas, tanto en la represión del delito y de la delincuencia tal como hoy se manifiestan, como en otros ámbitos necesitados de redefiniciones institucionales y programas suficientes y efectivos para irle secando al crimen sus caldos de cultivo. Todo urge: lo inmediato, y también lo de medio y largo plazo. Y como todo urge hay que cuidar muchísimo los cálculos de lo que se hace, para que las urgencias no sigan acumulándose y complicándose como ha sido hasta ahora, con efectos nefastos.

Una decisión apresurada que puede ser contraproducente

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