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2010/07/08

LPG-Los vasos y la delincuencia

 Cuando ejercíamos la crítica contra ARENA se nos insistía en que debíamos ver el vaso medio lleno y no medio vacío. Hoy el vaso sigue casi vacío, a pesar de las declaraciones de buena voluntad del FMLN. Pero quienes antes lo veían medio lleno ahora lo ven más que medio vacío. La medida del vaso, contra toda evidencia, parece entrar plenamente en la teoría de la relatividad.

Escrito por José M. Tojeira.08 de Julio. Tomado de La Prensa Gráfica.

 

Algunos del FMLN que se oponían a la presencia militar en las calles son ahora partidarios entusiastas de la misma. El ejecutor de la fracasada política de mano dura en tiempos de Paco Flores es ahora el asesor de seguridad de ARENA. Y se da el gusto de decir que en El Salvador ha habido demasiada prevención y poca represión. ¿Habrá vasos comunicantes? En ambos casos ya no es cuestión de medio lleno o medio vacío, sino de qué se llenan o de qué se vacían los vasos. Porque después de 50 años de absoluta carencia de políticas de prevención del delito, pensar que con represión se soluciona todo no deja de ser alucinante.

Aunque no los vasos, sí ciertos discursos se están llenando de la palabra represión. Aplicada al delito la palabra parece no sonar mal. Pero en el país ha sido tan utilizada recientemente y tan mal empleada al reprimir gente, que talvez fuera importante usar otra palabrita para expresar el compromiso de frenar y hacer retroceder la delincuencia. Si el problema más grave que tenemos es la impunidad en la que a diario quedan los crímenes, ¿no sería mejor buscar los mecanismos para luchar contra la impunidad en vez de pronunciar con tanto entusiasmo la palabra represión?

Cuando los vasos están llenos de violencia criminal la tendencia puede ser la de llenar los vasos contrarios con violencia legal. Fuego contra fuego, que dicen las películas norteamericanas. Pero antes de hacerlo debemos revisar números, procedimientos y modos de funcionar de nuestros sistemas policiales, fiscales y judiciales. Con seguridad descubriremos ahí más sobre la impunidad y sobre el modo de reducirla. Poner primero el marco legal duro y olvidarse de lo que cuesta contener la violencia en recursos humanos y en procedimientos, no es el mejor método de enfrentarla. El entusiasmo represivo suele ser un signo de debilidad y de falta de confianza en las instituciones. O una salida coyuntural y oportunista ante los problemas que no somos capaces de resolver.

Satanizar al delincuente, decidir que todos o la gran mayoría de los mismos son sicópatas (aunque entre ellos haya claramente sicópatas), no es la mejor manera de resolver el problema de la delincuencia. Porque una cosa es la debilidad y, en cierto modo, la incapacidad de nuestras instituciones. Y otra el magnificar la peligrosidad y la brutalidad del delincuente en general. Cuanto más acerquemos al delincuente al mal absoluto, más asustaremos a la ciudadanía y menos lograremos la cooperación de la misma. Y la confianza ciudadana es imprescindible en la lucha contra el crimen.

Ante los problemas graves no se trata tanto de ver medio vacío o medio lleno el vaso. Se trata de ver los agujeros por los que se escapa el agua, taparlos y ponernos juntos a llenar de eficacia el vaso de la justicia, al tiempo que mejoramos la prevención.

Los vasos y la delincuencia

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