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2010/07/08

LPG-La palabra de Dios por Decreto Legislativo

Cuarenta y cinco diputados decidieron que la palabra de Dios forme parte de la legislación nacional al aprobar la lectura obligatoria de la Biblia en todo el sistema educativo, dejando la responsabilidad al Ministerio de Educación de diseñar y ejecutar la estrategia de identificar los parajes de ese libro religioso e histórico.

Escrito por Aída Luz Santos de Escobar.08 Julio. Tomado de La Prensa Gráfica.

 

Tal altísima pretensión legislativa indica la visión política de utilizar un libro universal para apaciguar la violencia, restaurar valores y fomentar la reconciliación de la familia severamente golpeada por condiciones políticas, sociales y económicas de las últimas décadas, imaginándose que la lectura objetiva de los parajes bíblicos supondrá un acercamiento a Dios y generar torrentes de buenas acciones y pensamientos.

Complicado compromiso para los maestros de enfrentarse a sí mismos y con sus alumnos no solo con la lectura mecánica y en altas voces de la Biblia sino con la interpretación, aclaración de pasajes cuya esencia es tan difícil de comprender, por lo que la audacia legislativa de forzar a la lectura de la Biblia puede desatar discusiones en el alumnado y padres de familia sobre los pasajes seleccionados por el Ministerio de Educación.

En el Antiguo Testamento algunos parajes se refieren al adulterio, asesinatos, conspiraciones, exterminios y guerras, consumados por distintos pueblos y personas. De su interpretación dependerán las reacciones de niños y jóvenes que requieren explicaciones de los que se consideran expertos en interpretar la palabra de Dios.

La decisión legislativa no determinó la lectura solo del Nuevo Testamento, por lo que leer el paraje de Judith (Judit 13,1-10) o el de David y Betsabé (Samuel 11,1-27) expone a muchas personas a que sin una debida orientación obtengan conclusiones probablemente muy alejadas de las que hacen los religiosos, cada quien resaltando los puntos que los favorecen como grupo en detrimento de otras interpretaciones.

Reconocemos los bellos parajes de la Biblia, unos alegóricos, otros históricos, o de tradición oral o remembranzas de otras religiones, que dejan grandes lecciones de moral y ética. Somos un pueblo cristiano con prácticas de fe diferentes, por lo que invitar a Dios a participar en nuestra vida política y social, mediante la lectura obligatoria de la Biblia en centros educativos, es confundir el Estado con la religión y por ende neutralizar la libertad de cultos consagrada en la Constitución.

Incumplir la lectura obligatoria supone lógicamente una sanción, incluso en casos en que un maestro decida según su libertad de conciencia y religión explicar o un paraje conforme a las enseñanzas de su propia iglesia. ¿Quién realmente tendrá el derecho de leer la Biblia? ¿El MINED, los profesores, los alumnos, los padres de familia?

Hay maestros creyentes y no creyentes, cristianos, budistas, o seguidores de otros profetas históricos. Todos tienen libertad de leer sus propios libros, que al igual que la Biblia, contienen enseñanzas morales y religiosas para la buena convivencia. Para muchos hay un solo Dios, pero como dice la Biblia solo el que transita por una única vía tiene ganada la salvación.

Mejor dediquémonos a la familia y a propiciar el entendimiento nacional para prevenir la destrucción de nuestros niños y jóvenes. Dejemos que los expertos sigan con la lectura de la Biblia.

La palabra de Dios por Decreto Legislativo

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