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2010/07/15

LPG-Editorial-El ordenamiento territorial es cada vez más urgente

 Pero a la postre lo que tenemos es un gran desorden, que atenta contra las líneas básicas del desarrollo, que requieren la mayor claridad y previsibilidad posible en el plano de los hechos.

Escrito por Editorial.16 de Julio. Tomado de La Prensa Gráfica. 

 

Las consecuencias de la temporada de lluvias se han venido haciendo cada año más catastróficas para infinidad de familias en el país. En el amplio ámbito del área metropolitana, más y más asentamientos urbanos están siendo declarados inhabitables, por los riesgos inminentes que corren las vidas de sus moradores. En algún momento hubo autorizaciones para construir en esos lugares peligrosos, con evidente falta de previsión elemental sobre peligros futuros. La institucionalidad es, pues, en buena medida responsable de lo que ahora ocurre, y no puede simplemente registrarlo como un dato frío de la realidad.
Y es que al darse situaciones de inhabitabilidad y de desplazamiento definitivo como las que estamos viendo casi cotidianamente, no sólo hay que tener en cuenta las grandes pérdidas materiales que sufren las personas afectadas, muchas de las cuales dejan en sus lugares desalojados el sacrificio económico de muchísimo tiempo, sino que también y sobre todo el drama humano que representa siempre el desarraigo de lo propio, y más cuando se da en forma brusca y dolorosa. Es la condición anímica esencial de muchísimas personas la que aquí está en juego, y que debe ser cuidadosa y suficientemente atendida, más allá de unos cuantos dólares.
Este es otro caso dramático de lo que puede llegar a ocurrir cuando no hay una normativa ordenadora que dirija las decisiones administrativas, con frecuencia determinadas por intereses ajenos al interés público. Ya es tiempo, y la urgencia debe imponerse sobre cualquier consideración mezquinamente interesada, sea política o económica, de que contemos con los adecuados controles legales, que razonablemente armonicen la libertad de inversión con las garantías fundamentales de la seguridad ambiental y social.
Ordenar siempre es básico
La definición legislativa de una ley de ordenamiento y desarrollo territorial está pendiente en la Asamblea desde hace bastante tiempo; más bien: desde hace demasiado tiempo. Los argumentos de distracción o de rezago nunca faltan, porque la diligencia para retrasar lo que se quiere retrasar es siempre ingeniosa y efectiva. Ojalá fuera igual la diligencia para lo contrario. Desde luego, hay intereses económicos y políticos en juego. Los económicos, principalmente enfocados en poder hacer en cualquier parte lo que se quiera, según se vayan dando las oportunidades en el ambiente; los políticos, básicamente puestos en conservar el control de las decisiones en los ámbitos locales.
Pero a la postre lo que tenemos es un gran desorden, que atenta contra las líneas básicas del desarrollo, que requieren la mayor claridad y previsibilidad posible en el plano de los hechos. Ordenar no significa restringir, sino encauzar; y para asegurarse de ello hay que contar con una legislación precisa, razonable y responsable. En este como en tantos otros campos de la actividad nacional, pública y privada, dejar las cosas a la buena de Dios significa privilegiar el desorden aprovechable ilegítimamente en vez de ampararse en el orden que acaba favoreciendo a todos. Ejemplos sólidos y generalizados de orden eficiente los tenemos en los países más libres y desarrollados del mundo.
Es de esperar que las condiciones cada vez más críticas en que nos movemos empujen la buena disposición a entrar todos por los carriles de una legalidad bien estructurada y administrada. Es lo que la lógica democrática nos exige, con creciente apuro.

El ordenamiento territorial es cada vez más urgente

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