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2010/07/21

EDH-Por la libertad

 Federico Hernández Aguilar.21 de Julio. Tomado de El Diario de Hoy.

"La familia de Guillermo Fariñas me permitió cuidarlo en esa su primera noche después de finalizar la huelga, y él me consintió ser testigo de su sufrimiento, de sus menudas malacrianzas, de sus humanas debilidades. Sólo entonces descubrí al verdadero héroe de esta jornada".

Así, con estas palabras entre dulces y amargas, termina la crónica que aquel día emocionante consignó Yoani Sánchez en su blog. Venía del sanatorio, de contemplar el sufrimiento de un hombre dispuesto a dejarse morir antes que vivir esclavo, y no pudo menos que sentarse frente al ordenador y escribir:

"Después de 134 días sin probar alimentos sólidos y sin tomar ni un sorbo de líquido, Guillermo Fariñas llevó a sus labios un vaso plástico de color rojo y bebió un poco de agua. Eran las dos y 15 minutos de la tarde del jueves 8 de julio y del otro lado del cristal de la sala de terapia intensiva donde está ingresado, decenas de amigos que lo observaban se pusieron a aplaudir como si hubieran sido testigos de un milagro".

Es, en muchos sentidos, la especie de epopeya que todavía puede protagonizarse al interior de un policlínico, sobre una cama rechinante, con la piel agrietada y los ojos saltados. Además de la amistad y el respeto, lo que resuena en los pasillos del hospitalito es la complicidad emocionada de una comunidad que también cree estar empezando a mitigar su sed, esa sed de libertad y de justicia que ni siquiera una férrea dictadura puede arrebatarle a la condición humana.

Prendida a los signos vitales del moribundo más admirado en Latinoamérica, la blogera más aguerrida de Latinoamérica tomaba así debida nota del coraje. La relevancia de un acto que en otras circunstancias hubiera sido tan simple —apenas un trago de agua—, bajo la luz de aquella mirada eficazmente escrutadora adquiere matices intensos, dramáticos, sublimes, dignos de ser compartidos con el mundo.

Yoani Sánchez sabe que no sólo enumera los tormentos de un enjuto huelguista, sino que describe la médula de una resistencia mucho más espiritual y moral que física, porque se fundamenta en la disposición a perderlo todo, hasta la propia vida, con tal de mantener intacta la dignidad:

"Fariñas ha ganado una batalla pero todavía sostiene un duro combate contra la muerte, porque el terreno donde han tenido lugar las acciones de esta singular beligerancia ha sido su propio cuerpo, que es en fin de cuentas el único espacio que encontró disponible para llevar a cabo su campaña. Sus intestinos son ahora como conductos de un papel muy frágil destilando bacterias por los poros, su vena yugular está semi obstruida por un trombo que si llegara a desprenderse pudiera alojarse en el corazón, el cerebro o los pulmones, o más exactamente, en su corazón, en su cerebro, en sus pulmones. Ha tenido que enfrentar en cuatro ocasiones infecciones con estafilococos áureos y en las noches un agudo dolor en la ingle apenas le permite dormir".

Sí. Hay formas de integridad que hombres como Guillermo Fariñas prefieren llevarse a la tumba antes que rendirla a la voluntad de los poderosos. Es mejor vaciar el estómago que vaciar el alma, nos grita su gesta. Si el entorno político se vuelve hostil y proliferan las amenazas contra la libertad, cerrar la boca a todo alimento no puede ser peor que mantenerla cerrada por miedo.

En su célebre bitácora, Yoani Sánchez nos informa sobre el trauma orgánico que para Fariñas significó volver a probar líquidos:

"Su esófago apergaminado no esperaba aquel primer sorbo de agua. Le produjo un dolor tan profundo en el pecho que por un instante sospechó que estaba sufriendo un infarto, pero lo soportó en silencio. Del otro lado de su pieza encristalada estaban observándolo expectantes aquellos que durante días habían sostenido una vigilia en las afueras del hospital orando por su vida y otros que habían llegado desde muy lejos hasta la mitad de la isla para pedirle que terminara su martirio y para ser testigos de su victoria. No quiso aguarles la fiesta a los jubilosos colegas que aplaudían el triunfo de su causa y convirtió en sonrisa el gesto de dolor".

La heroicidad está teniendo muchos nombres en Cuba. Guillermo Fariñas le ha dado el rostro más visible a una lucha por la democracia que los defensores de la dictadura castrista no esperaban, y cuya reciente explosión iconográfica, al menos en Europa, incluye a Yoani Sánchez con una mano sobre el ratón de su computadora, a las "Damas de Blanco" rezando frente a un piquete de soldados y al difunto Orlando Zapata Tamayo, severo el semblante, convertido en pancarta de los ex prisioneros de conciencia recién llegados a España.

Nunca tuvo justificación lo de Cuba. Y se están acumulando demasiados testimonios sobre el infierno de las cárceles castristas, como para que venga hoy cualquier intelectual latinoamericano a desmentir lo que el futuro próximo no tardará en volver historia. Así es como se desmoronan, de cara al porvenir, los absolutismos disfrazados de reivindicaciones sociales. Es así como la humanidad recibe, por enésima vez, otra oportunidad de aprender, corregir y reinventarse.

elsalvador.com :.: Por la libertad

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