Juan A. Valiente.07 de Julio. Tomado de El Diario de Hoy.
¿Cómo luchamos contra la desesperanza? En estos días aciagos nada parece suficiente y todo a veces parece inútil. Algunas acciones, como proponer la lectura bíblica en las escuelas, reflejan un poco nuestra desesperación en búsqueda de una mágica solución. Aunque nuestro Señor sea misericordioso, debemos trabajar como si todo dependiera de nosotros, mientras oramos como si todo dependiera de Él. La lectura poco hará si los niños y jóvenes no ven testimonio alrededor de ellos que los convierta y les sirva de luz.
Aunque sea cierto, no vale seguir hablando de nuestra herencia maldita. Podemos llegar hasta la época de la conquista buscando culpables. Aunque sea cierto, no vale encontrar excusas en el pasado. Tenemos cada uno en la trinchera una responsabilidad con nuestro presente y con el futuro.
Recordando la película "Invictus" y cómo Nelson Mandela decide apoyar al equipo ganador de rugby como señal de unidad y de las aspiraciones del pueblo sudafricano por ser mejores, creo que además de las medidas represivas y de control deben promoverse medidas que resalten nuestras aspiraciones.
Es ciertamente imprescindible mejorar el control de los centros penales y su cuerpo de agentes, también el recuperar el control territorial de manos de las maras. El uso temporal de efectivos de las Fuerzas Armadas y de equipos de tarea conjunta es quizás la mejor solución en estos momentos.
Sin embargo, no podemos asumir que las personas involucradas puedan aguantar por eterna memoria el esfuerzo y sacrificio adicional que requieren estas medidas. Debe invertirse dentro de la PNC en la constitución de un cuerpo especializado en el control de las cárceles y también en construir los mecanismos para poder mantener este recuperado control territorial para siempre. Hay que mejorar las leyes y el sistema judicial.
En este contexto algunos han buscado entre la pobreza la causa de la violencia. Hemos leído y escuchado mucho en justa defensa de los pobres. Sin querer que mis palabras suenen a llover sobre mojado, no está de más decir lo increíblemente abnegados que en general son nuestros compatriotas pobres.
Ayer me comentaba una compañera de trabajo lo duro que está siendo vivir. Le toca salir de madrugada de su casa, donde nunca ha visto un policía. Le toca regresar lo más temprano posible para encerrarse. Y a pesar de ello, casi cada día le toca dar renta para que la dejen llegar a su casa a salvo a final del día. Y ya se la han llevado con todo y microbús para áreas desconocidas, con el fin de robarles lo poco que llevan.
Me comentaba sobre lo duro que está siendo vivir. Y siempre es de las primeras en la oficina; sirve a los compañeros con disciplina y alegría; se ha ganado varios reconocimientos por su ejemplo de trabajo y responsabilidad. Nunca ha buscado excusas para perder su entereza y honestidad. Nunca ha buscado culpar a otros. Ella ha sido y es responsable de su vida.
Hace unos días falleció su prima --que le había advertido sobre los riesgos de viajar en microbús-- víctima del salvajismo de los mareros el 20 de junio. A pesar del dolor y de la incertidumbre, nuestra compañera, Cecilia Batres, sigue siendo la misma. No busca irse del país y desea morir trabajando y viviendo una vida honorable.
Ella es un ejemplo que debe imitarse y así como ella debemos crear entre todos ejemplos que la niñez y la juventud puedan seguir. Tenemos en el país excelentes testimonios de niños y jóvenes que han triunfado nacional e internacionalmente en competencias académicas, deportivas y culturales. Tenemos excelentes testimonios de niños y jóvenes que dedican buena parte de sus días al servicio de los demás.
Hagamos de ellos un lucero que nos oriente el camino. Pongamos sus rostros en las vallas en lugar de tanta publicidad. Pongamos su ejemplo como testimonio y así construyamos nuestro nuevo futuro.
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